Una bala perdida por Francisco Zúñiga

Una bala perdida

Francisco Zúñiga

La fila brotaba de la pizzería y se antojaba interminable.
Viernes de quincena, ideal para llevar pizza a casa. Pensé cuántos de ellos estarán el próximo viernes haciendo fila para un examen de Covid-19.
Los casos aumentan y mucha gente sigue creyendo que todo es exageración, pero muchos se contagian porque relajan las precauciones.
Atrás de cada caso hay una historia que nadie cuenta, como la de Adrián, un hombre de 64 años que durante cuatro meses estuvo encerrado en casa, sólo salió a lo esencial, pero un día aceptó tomarse un café con una mujer madura que conoció por redes sociales.
Y cómo dijo Florentino Ariza, uno de los personajes creados por Gabriel García Márquez en su novela, El amor en tiempos del cólera, cuando se fracturó un pie, en medio de su cortejo a Fermina Daza: doctor, a mi edad, esperar un mes es como perder 10 años.
En esa salida, él se contagio y su siguiente cita fue con la muerte.
O Martha, de 58 años, que siempre se aisló pero no pudo rechazar la visita de su sobrina, quien no sabía que le estaba llevando el virus a domicilio. La joven sobrevivió sin problemas, pero ella falleció dos semanas después.
Escucho un sinfín de historias de gente que se contagió por una bala perdida, aún cuando evitaron el frente de batalla.
Son víctimas inocentes porque olvidaron que en cualquier lugar está el virus, y nadie está exento de portarlo y entregárnoslo en una sonrisa o en un saludo.

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