Subdesarrollo, periferia y Raúl Prebish

Elías Franco Barrera

El prestigiado economista argentino Raúl Prebish decía que las economías latinoamericanas estructuralmente están ubicadas en la periferia y condicionadas por un centro desarrollado e industrializado, demandante de materias primas y mano de obra en los mercados de los países en “vías de desarrollo”, para su creciente industria que responde a la lógica de acumulación, sustrayendo entre otros factores de la producción, recursos naturales y pulverizando capacidades económicas, culturales, ambientales y sociales intrínsecas de las naciones periféricas.

A este planteamiento, concebido como sistema de interdependencia con relación a los términos de intercambio, se le denominó la “Teoría del subdesarrollo” de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) que se convirtió en doctrina de los pensadores cepalinos, para explicar la incapacidad de la división internacional del trabajo de crear condiciones sostenibles como motor del crecimiento económico de las naciones que aportan los valores primarios de la producción. En tanto, en las naciones centrales emplean mayores niveles de tecnología y bienes de capital para transformar las materias primas, lo que les permite que en los términos de intercambio quedarse con el valor agregado necesario en el proceso de la acumulación y reproducción del capital.

Entonces coloquialmente, en la división internacional del trabajo, unos países se especializan en ganar y los países de la periferia les corresponde aportar los bienes y recursos de la cadena primaria, proceso de intercambio que no garantiza las tasas de crecimiento necesarias para convertirse en economías sostenibles en el largo plazo, y que de esta forma logren fortalecer la estructura productiva y la distribución de la riqueza generada para la mayoría de la población en estos últimos países.

En cambio, los países del llamado primer mundo, son los proveedores de la tecnología, la maquinaria y el equipo moderno que se consume en las latitudes de la periferia, y de todo lo que implica la gran transformación como la metalurgia, la industrialización de la agricultura y la diversidad de productos de la nueva dinámica mundial.

Las aportaciones de la “Teoría del subdesarrollo” de la CEPAL influyeron en algunos países para intentar políticas de crecimiento interno y sustituir las importaciones de los países industrializados, pero sus efectos en algunos campos no consolidaron el desarrollo del mercado interno por falta de competitividad de la producción con respecto al mercado global, que fue ganando cada vez mayor terreno, considerando que el fenómeno de la internacionalización del capital se sustenta en una invasión progresiva del mercado como medio eficaz para llegar a los espacios de las economías emergentes.

Esta etapa de crecimiento hacia adentro limitó el progreso técnico y la productividad del trabajo, por lo que las empresas nacionales en los países periféricos contaron sus días para volverse inviables y sin capacidad de absorber la fuerza de trabajo en orden creciente con desigualdades en los niveles de ingresos con relación a los países del centro.

Sin considerar los efectos en las economías derivados de las tendencias de la globalización, los fenómenos inflacionarios, las tasas de interés, la deudas a organismos internacionales y la fase especulativa de los mercados financieros, abrieron el nuevo orden económico mundial con recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, organismos que dictan las recetas para conducir las políticas desde el control de un centro reformulado por las nuevas tecnologías de la información.

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