Sigue la mata (de gobernadores) dando

México puede establecer un nuevo record en cuanto a irregularidades cometidas por sus gobernadores. A los casos de Javier Duarte y Guillermo Padrés, han comenzado a surgir nuevos datos acerca de posibles ilícitos cometidos en entidades como Durango, Quintana Roo, Nuevo León, Puebla, entre otras, así como la confirmación de que Veracruz es un desastre administrativo.
De desvíos y otras cosas
No cabe duda de que, como dice un conocido refrán, en arca abierta hasta el más justo peca, pues los gobiernos estatales han sido arcas abiertas con recursos provenientes de la federación sin obligación de comprobar su destino. Lo que hemos visto en fechas recientes, no es más que la confirmación que se trata de administraciones que se caracterizan por la opacidad y la corrupción.
Pero más allá de los datos que conocemos gracias a las revelaciones que han surgido en distintos medios de comunicación, lo que es grave reconocer es que no ha habido una manera de controlar a los gobernadores para evitar que se despachen con la cuchara grande los presupuestos estatales.
Lo que ha sucedido en entidades como Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Durango, Sonora, Puebla, Oaxaca, Michoacán, entre otras entidades mencionadas por la Auditoria Superior de la Federación, nos debería hacer reflexionar acerca de la necesidad de establecer controles más estrictos, además de obligar al aparato de justicia a proceder más rápidamente para encarcelar a los culpables de actos de corrupción.
Que la ciudadanía ya está castigando a los partidos con su voto, es parte de la sanción social que debe presentarse por este motivo, pero se trata de una acción que debe ir en paralelo a una justicia más rápida y eficiente.
Sin duda alguna, no habíamos visto en la historia reciente del país una cantidad similar de mandatarios estatales que sea señalada por irregularidades, además de un rechazo social expresado de distintas maneras, sobre todo en redes sociales, en contra de este tipo de personajes.
La lista de explicaciones que pueden ayudar a comprender porque pasa esto, van desde la visión patrimonialista de quienes se encuentran en la administración pública, la impunidad y la complicidad de servidores públicos para ofrecer un cuadro que nos tienen escandalizados.
Pero también es una oportunidad para revisar lo que se puede hacer para no repetir estas experiencias.
El sistema nacional anticorrupción puede ser un instrumento que nos ayude a reducir estos casos, además de que entre más se involucre la ciudadanía mejores mecanismos de control se podrán establecer. El caso es que, también, por primera vez tenemos a una sociedad que se está involucrando en el combate a este tipo de prácticas.
En la medida de que políticos como Duarte, Padrés, Medina, Borgue y los demás, que son señalados por corrupción, sean castigados, tanto legal como socialmente, se podrá avanzar en el combate a este flagelo. Esto nos debería llevar a no permitir que alguien los disculpe o justifique, pues la complicidad es una de las partes de esta ecuación que daña al país.
El voto, en este sentido, comienza a ser usado como un arma en contra de los partidos que permiten que sus militantes se conduzcan en contra del bien común.
El riesgo es que como sociedad nos acostumbremos a estas conductas y permitamos que continúen, sin tomar en cuenta que las costumbres se hacen leyes. Si un político se acostumbra a usar el cargo para beneficio personal, no debe sorprendernos que si establece una carrera política ésta servirá para engrosar su cartera, además del ejemplo que esto representa para otros aspirantes a una candidatura.
Es de celebrar, entonces, que tengamos tantos ejemplos de funcionarios que son señalados por corrupción, que algunos de ellos ya enfrenten procesos legales en su contra, que los partidos paguen en las urnas por sus excesos y que la ciudadanía se mantenga vigilante y reclame que sean llevados a juicio los demás involucrados.
Aunque también debería preocuparnos que haya tantos mandatarios señalados por estas razones, porque esto demuestra el verdadero interés de nuestra clase política y de nuestros partidos.
Acabar con la corrupción no es un asunto de un día o de un sexenio, pero tenemos que reconocer que ya se están dando los primeros pasos para atender este tipo de problemas. Otras naciones han tardado generaciones enteras para reducir al mínimo la corrupción, esto nos debería indicar que simplemente no debemos aflojar el paso.
Del tintero
Si los medios son el reflejo de las preocupaciones sociales, el tema Trump se debe reconocer como el que más inquietud genera, seguido por lo que sucede con los exgobernadores acusados de corrupción. Sólo hay que ver el espacio que se le dedica a ambos temas en las páginas, portales o redes sociales para darnos una idea de cuáles son nuestros asuntos de interés. Que eso sea atendido por el gobierno federal o los partidos, es harina de otro costal.

@AReyesVigueras

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