Seguridad = desarrollo por Juan Ibarrola C.

Ya es trillado, pero no por ello deja de ser una realidad: sin seguridad no hay desarrollo.
Otra máxima que rebasa la realidad es aquella donde el desarrollo —social, económico, cultural, político— es directamente proporcional a la suma de los efectos que la seguridad le da a un país.
Todas las fuerzas armadas del mundo son responsables directas del desarrollo o retroceso a los que sus países están sometidos. México no se puede sustraer a esa dinámica, donde el solo uso legal de la fuerza y la violencia son la única herramienta que tienen a su alcance los soldados de tierra, mar y aire; las tareas que deben cumplir los militares no se limitan a lo anterior, al contrario, existe una evolución social natural que no permite que las fuerzas armadas queden estáticas o, bien, anquilosadas en doctrinas que ni los mexicanos creen, o peor aún, que ya no aceptan, por ejemplo la imposición de la fuerza como orden público.
Las fuerzas armadas mexicanas en su conjunto comprenden en su totalidad lo que ha evolucionado la sociedad, lo que ha evolucionado también el mundo, y de ello las tendencias con las que el mundo se conduce. La gran mayoría de los ejércitos del planeta ha evolucionado para ofrecer a su pueblo, a sus gobiernos y a su país acciones que van más allá del uso de las armas.
Todo lo anterior viene a cuento debido a la poca interpretación que se le da a las acciones que las fuerzas armadas generan en este gobierno.
Para todos quienes integran el instituto armado es claro que el participar en diversas necesidades del gobierno no debilita ni merma la naturaleza militar o naval; al contrario, se ha insistido mucho en este espacio sobre la llegada cada seis años de un nuevo comandante supremo de las fuerzas armadas, mismo que es elegido por una mayoría que lo lleva al poder; no son las fuerzas armadas quienes eligen y envisten al presidente de México, más bien son quienes le dan fortaleza a su proyecto de nación.
Generar una comparativa entre anteriores administraciones desde el ojo castrense es un ejercicio estéril y subjetivo. Los militares saben bien la importancia de fortalecer al gobierno que se encuentre en turno. Proteger fronteras, construir aeropuertos u otros proyectos de infraestructura nacional, por ejemplo, están dentro de las misiones que tanto soldados como marinos tienen encomendadas constitucionalmente.
Lo mejor de todo lo anterior es que los militares no tienen por qué justificar acciones que se encuentran dentro del contexto de la ley; es decir, todo lo que el Presidente ha ordenado a las fuerzas armadas en su carácter de comandante supremo no ha estado fuera de la ley; luego entonces, no hay nada que justificar ante la sociedad.
La capacidad del soldado de tierra, mar o aire va más allá de obedecer órdenes o saber marchar. Tanto las tropas como los oficiales, jefes, capitanes, generales y almirantes tienen capacidades y habilidades operativas, administrativas, logísticas y de doctrina que los proyecta a poder cumplir proyectos de nivel nacional como los que actualmente se encuentran operando y resolviendo.
Sin duda, el factor que cierra el ciclo productivo de los militares es su convicción de que todo lo que hacen es por los mexicanos y por México; también su comprensión real de todos los problemas nacionales.
No hay forma de echarse para atrás.
Siempre adelante.
jibarrolas@hotmail.com
@elibarrola

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