Samuel Schmitd: Túneles y política

Corea del Norte construyó una serie de túneles a lo largo de los 20 kilómetros la zona desmilitarizada con la intención de invadir a Corea del sur. Cuatro túneles descubiertos pueden desplazar una brigada o 30,000 soldados en una hora para lanzar un ataque fulminante.

Corea del Sur descubrió los túneles y por lo menos uno de ellos lo convirtió en atractivo turístico. Se puede viajar hasta la zona por carretera, hay un observatorio para ver a Norcorea y por un módico precio se puede bajar al túnel y avanzar casi un kilómetro. No se recomienda para claustrofóbicos.

La paradoja es que mientras un país intentó una estrategia militar que resultó fallida, el otro supo hacer dinero con el esfuerzo del otro.

En otro terreno se encuentra un contraste similar.

Hamas que se apoderó de una parte importante de la representación de los palestinos en la franja de Gaza ha destinado una parte muy importante de la ayuda internacional a construir túneles a través de los cuales puede pasar a aterrorizar ciudades y secuestrar ciudadanos israelíes, cuando Israel los descubre los destruye, quedando enterrada una fortuna por medio de la cual muchos palestinos pudieron haber progresado.

Mientras Hamas hace túneles los arqueólogos israelíes continúan sus excavaciones para descubrir entre otras la ciudad de David aledaña al muro de los lamentos, se puede transitar por dos túneles, uno que aún hoy en día lleva agua hacia la ciudad y el otro que servía como drenaje. Con este esfuerzo se demuestra la presencia judía en la zona, lo que contradice los esfuerzos de algunos países musulmanes que han aprobado resoluciones en la UNESCO determinando que no hay presencia judía en Jerusalén y por ahí anda un pastor enloquecido sosteniendo que Jesucristo fue palestino, y no falta algún tarado que trate de negar que Yeshua fue un rabino judío.

Así mientras Hamas se encierra en una lógica de destrucción a costa del bienestar de su pueblo, los israelíes continúan con un trabajo minucioso que establece evidencias históricas y por añadidura genera recursos económicos por el impacto del turismo interesado en ver esas zonas arqueológicas.

En el caso de Medio Oriente hay una mezcla muy fuerte entre religión y política y muchos esfuerzos se distorsionan postergando el interés de la sociedad, igual como sucede con las Coreas.

Jerusalén es una ciudad construida en medio del desierto y de ahí salió el monoteísmo que revolucionó el mundo de las ideas religiosas. Del judaísmo se desprendieron el islam y el catolicismo, de esta manera tres de las grandes religiones del mundo reconocen al mismo dios aunque no reconocen la misma importancia de los lugares sagrados.

El judaísmo considera que su zona más sagrada es el área del muro de los lamentos dónde se construyeron los dos grandes templos; uno de los túneles al lado del muro lleva a una zona que supuestamente tiene enfrente dónde se encontraba el arca de la ley, para los religiosos el lugar más sagrado; para los musulmanes la ciudad más sagrada es la Meca y en su dirección se arrodillan a rezar diariamente. Los católicos tienen su ciudad sagrada en el Vaticano, no obstante que la tumba de Jesucristo se encuentra en Jerusalén.

¿Acaso las excavaciones logran romper la parálisis de la política? Para muchos el descubrimiento de las ruinas arqueológicas en la zona occidental de Jerusalén es un acto estrictamente político, justamente porque logra el objetivo mencionado, agregado que establece una presencia israelí actual.

Este cruzamiento complicado entre política, religión y ciencia le facilita a los israelíes a reclamar la pertenencia histórica de su ciudad capital, lo que se refuerza con cada descubrimiento arqueológico, y los palestinos que no pueden establecer presencia histórica lo que compensan con su esfuerzo de descalificación de Israel, se proponen mover su capital, que se encuentra en Ramallah, para llevarla a Jerusalén.

Actualmente hay un cierto acuerdo en la administración de instalaciones religiosas, pero partir a la ciudad en dos para que sea capital de dos países es muy complicado, y si se le pone como condición para firmar la paz, se convertirá en una zona de contención casi insalvable.

La cuestión de quién desperdicia dinero para construir una plataforma militar que aporta resultados dudosos arroja luz sobre la inteligencia de esos líderes, pero también muestra hasta que punto se está dispuesto a pagar un elevado costo social para satisfacer una estrategia militar.

La pregunta como siempre es hasta cuándo las sociedades israelí y palestina, soportarán un manejo tan problemático de las posibilidades para la paz que de paso impacte el beneficio de los individuos.

@shmil50

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