El Robespierre azteca por Claudia Luna Palencia

Si algo nos enseña la Historia es a comprender el pasado, a veces, como una hoja de ruta hacia el futuro, sería muy bueno que México reflexionase acerca del rumbo que van tomando sus acontecimientos políticos.

El mismo pasado nos ha dejado una lección incontestable: todo justiciero termina ajusticiado, el monstruo –tarde o temprano- devora a su creador y no es una lección literaria sino real… cruda como la vida misma.

El caso de Emilio Lozoya ha calado en España y en otros países europeos, desde el periódico El País hasta el británico The Guardian, hablan de la “bomba” que sacude a la clase política nacional; el exdirector general de PEMEX, que debería estar en la cárcel apenas llegar a México extraditado desde España, ha evitado la prisión convirtiéndose en un delator confeso.

¿Hay forma de creerle a una persona que, en medio de su desesperación, por no volver a estar privado de su libertad es capaz de embarrar a quien sea? Lozoya no goza de ninguna credibilidad so pena de señalar que ser desleal, traidor y lacayuno es una brecha imposible de remontar.

Lozoya está siendo un peón en el tablero de ajedrez del nuevo gobierno y que, sin duda, sus declaraciones servirán para marcar las próximas elecciones intermedias.

El presidente Andrés Manuel López Obrador está decidido a hacer de su sexenio un gran espectáculo, el show consiste en pasar por la guillotina a los políticos opositores y a los enemigos con los que llevaba tiempo confrontado -por una u otra razón- y ahora que está en el máximo escalafón del poder está decidido a cobrarse las cuentas pendientes.

Al pueblo panem et circenses y lo escribo con todo lo que esta alocución latina significa, en el Imperio de Roma no fueron pocos los emperadores que, ante su impotencia, para gobernar y resolver las necesidades del populus decidían distraer su atención.  Si no puedes gobernar al menos entretenlos.

Lozoya se ha metido en la arena creando su propio circo, en momentos en que hay persecución de periodistas no de manera directa sino lateral porque hay en gente en Palacio  Nacional bastante sensible a las críticas; y en tiempos en que México es uno de los países más afectados por número de muertos por el coronavirus cuando el propio jefe del Ejecutivo demoró tiempo en reconocer la propagación del SARS-CoV-2 minimizando inclusive el distanciamiento social o bien el uso de las mascarillas.

López Obrador está decidido en hacer de su sexenio un nuevo régimen de terror, como Robespierre con la Francia de la Revolución Francesa, el jacobino que originalmente se oponía a la pena de muerte terminó usándola como su instrumento de purga política.

 A COLACIÓN

O estás conmigo o no lo estás. Esa es la disyuntiva que las personas autoritarias ponen a los demás, lo vemos en el caso de Donald Trump, en Estados Unidos; de Jahir Bolsonaro, en Brasil; de Nicolás Maduro, en Venezuela; de Vladimir Putin en Rusia (recordemos todos los envenenamientos de los últimos años contra opositores) o del mismo Aleksandr Grigórievich Lukashenko, en Bielorrusia.

Hacía alusión a Robespierre, el abogado y político terminó excediéndose a sí mismo, a tal punto que pasó por la guillotina en la Plaza de  la Concordia a todos sus opositores… y a bueno parte de sus propios compañeros jacobinos. A Danton lo guillotinó.

Robespierre se ganó el mote del “incorruptible” estaba obsesionado con el pasado monárquico absolutista y llegó a tal punto que creía que solo persiguiendo con mano dura se terminaría construyendo una Francia mejor.

Él mismo terminó devorado por su propio monstruo: también lo guillotinaron y con su muerte cayó el régimen de terror en Francia; nunca jamás la intolerancia ha llevado a ninguna nación a buen puerto, nunca jamás la venganza ha permitido que una nación avance. El justiciero siempre termina ajusticiado.

@claudialunapale

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