Roberto Vizcaíno: ¡Que pase el desgraciado!

Roberto Vizcaíno

Metidos hasta el cuello en lo que Mario Vargas Llosa denomina la sociedad del espectáculo, los mexicanos seguimos por los medios tradicionales y digitales paso a paso el talk-show en que han convertido el proceso judicial del exgobernador veracruzano Javier Duarte.
Sólo falta que la peruana Laura Bozo aparezca como fiscal del caso con su muy popular grito de, ¡Que pase el desgraciado!.
Eso ante el anuncio no confirmado oficialmente por autoridad alguna, respecto de que el gobernador en turno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares ha sido confirmado por la PGR –dice él-, como testigo del Gobierno contra su antecesor.
Nada más hay que recordar que Laura Bozo tiene gran experiencia en eso de administrar el show político de conducción de masas.
Eso era precisamente lo que hacía durante el régimen de su amigazo y cómplice el entonces presidente Alberto Fujimori. Todo bajo la protección y conducción política de su –dicen-, amante Vladimiro Montesinos, designado pr el propio presidente como su Asesor del Jefe del Servicio de Inteligencia.
Hoy el recurso o método del talk show creado por “Laura de América”, es aplicado por la PGR –bajo la conducción del senador con licencia Raúl Cervantes-, para convertir el juicio penal contra el exgobernador Duarte en un distractor de asuntos graves.
Todo en medios se concentra en si Duarte es trasladado o no a un penal federal fuera de la capital del país, o si ahora sí los fiscales de la PGR conocen el expediente o si Duarte aparece y pronuncia otra de sus frases mientras hace alguno de sus gestos.
Así entre las mayorías nacionales y los medios informativos, se diluye el tema del socavón mortal del Paso Exprés de Cuernavaca, baja y se hace manejable el clamor de la renuncia del secretario Gerardo Ruiz Esparza, se alejan los temores sobre el inicio de las negociaciones del TLC, o de plano nos olvidamos de la batalla por la anulación de las elecciones en Coahuila.
Es obvio que con la aparición de Miguel Ángel Yunes Linares en el centro del proceso penal contra su antecesor en Veracruz, y con el anuncio de que entregará al juez y a los medios pruebas y videos grabados por él mismo, donde ex colaboradores y cercanos a Duarte le confiesan de las trapacerías y desviación de millones de pesos cometidas por el exgobernador, aumentará en rating de ese juicio.
Eso ocurrirá pronto, para que no caiga la expectación levantada entre los mexicanos.
La obviedad nos indica que –con Duarte ya en la cárcel, sin posibilidad alguna de que pudiera salir pronto-, de lo que se trata hoy es de cómo el Gobierno y la PGR “administran el espectáculo” generado alrededor del exgobernador.
Y esa administración pinta mejor si ese espectáculo sirve para inducir una precandidatura presidencial más dentro de las que ya existen en el PAN.
No hay que olvidar que los cercanos a Yunes Linares hablan de que su jefe –ante el choque interno de al menos 6 aspirantes a la Presidencia de la República, choque con fuertes visos de ruptura-, se podría lanzar como un nuevo aspirante a ese cargo.
La lógica política les dice, a él y a sus colaboradores, y a otros dentro y fuera del PAN, que la exposición mediática que va a alcanzar Yunes con su participación en ese juicio en contra de Duarte, va a ser no sólo contundente sino de gran penetración masiva.
De igual forma saben que actuar como testigo en contra del exgobernador veracruzano, quien hoy representa el símbolo del México-Partido y Gobierno corrupto, le generará millones de simpatías ciudadanas.
¿Por qué entonces desechar su posible participación dentro del grupo de 6 panistas que aspiran a obtener la candidatura de Acción Nacional a la Presidencia de la República?
Todo eso lo saben los operadores del gobierno de Enrique Peña Nieto y en el PRI, a quienes conviene que entre Yunes Linares a esa contienda interna porque así debilitad más al PAN.
Por lo pronto seguimos dentro del grito de Duarte:
“Que empiece el show… ¡cámara, acción!”
SENADO, CONFLICTO INTERNO
Bien dice la voz popular: cría cuervos… y te sacarán los ojos.
Al inicio de la 63 Legislatura en el Senado, el ascenso del entonces coordinador de los 23 senadores perredista, el poblano Miguel Barbosa, fue propiciado por Emilio Gamboa, coordinador de la bancada mayoritaria en esa cámara.
Por porcentaje, Barbosa no alcanzaba a ocupar algunos de los cargos que le fueron luego dados, entre otro el de Presidente del Senado.
El apoyo de Gamboa no era gratuito: ante la fractura y abierta guerra desatada entre los 38 senadores panistas -por la confrontación de calderonistas y maderistas-, la estrategia apuntaba a tener que “bailar” con el nada confiable Barbosa para sacar adelante las reformas que eran esenciales para el presidente Enrique Peña Nieto.
Pasaron los meses, los años hasta sumar más de 4, en los cuales gracias al apoyo de Gamboa probó viajar en primera clase, y saber lo que se siente dormir en el Palacio de Westminster, saludar a la Reina Isabel, al Papa y a otros muchos personajes, y el poblano se la creyó.
Así fue cayendo para arriba hasta llegar a ocupar sin merecerlo la titularidad del Instituto Belisario Domínguez, desde donde se ha empeñado en torpedear no sólo al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, sino al Senado mismo y a las bases del Estado.
Hoy arrancará un embate más de estos al echar a andar el Seminario denominado “Problemas económicos y sociales en México”.
De acuerdo a su normatividad y motivo de su existencia, el Instituto Belisario Domínguez es un organismo interno del Senado cuyo objetivo es apoyar con análisis y estudios, investigaciones y trabajos de apoyo que le encarguen los senadores.
Pero Barbosa lo ha convertido en una especie de entidad autónoma con agenda y objetivos propios, con su propia área de Comunicación Social y como algo ajeno al Senado.
Hoy el Instituto Belisario Domínguez, bajo la dirección de un Barbosa quien se ha convertido en un ferviente peje-taliban, se ha transformado en una piedra en el zapato de los senadores.
Tan es así que los senadores del PRI, PAN, PRD, Partido Verde y hasta del PT encabezados por el presidente de la Mesa Directiva, Pablo Escudero, han comenzado a ver cómo lo rescatan y para comenzar han pedido cuentas al operador de Barbosa dentro del Instituto, al coordinador de Investigación de nombre Gerardo Esquivel.
Resulta que éste personaje –según lo reportó Excélsior hace unos días-, viaja y organiza eventos sin reportar ninguna cuenta de ello.
El 6 de abril de este año, se le ordenó entregar un “informe de todos los viajes realizados en representación del instituto, las autorizaciones respectivas del Comité Directivo, así como sobre los objetivos, compromisos adoptados y resultados para esta institución”.
Al más puro estilo lopezobradorista, Esquivel, amparado por Barbosa, mandó al diablo a la mesa directiva y a los grupos parlamentarios, y él sigue tan campante como Johnnie Walker, el del whisky.
Contraviniendo flagrantemente la norma del servicio público, Esquivel es además miembro de la plantilla académica de El Colegio de México.
Total que, todo indica que no lejos, Barbosa va a tener que, o reajustar personal y actitudes, o acudir al viejo argumento de que hay complot contra él por sus relaciones con quien usted ya sabe.

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