¿Por qué tanto rechazo a EPN?

Armando Reyes Vigueras

Sin lugar a dudas, Enrique Peña Nieto es el presidente con más rechazo ciudadano desde, al menos, la década de los 90, rivalizando con otros mandatarios que no dejaron un buen recuerdo entre la población. Pero haciendo a un lado los números que muestran el rechazo a su persona, y el clima de “mal humor” como el mismo definió, conviene repasar algunas de las causas que generan esta circunstancia.

Rechazo y antipatía

Peña Nieto cuenta con una mala imagen entre amplios sectores de la población, hecho que data desde la campaña electoral 2012. Además del rechazo por ganar la elección entre los simpatizantes de López Obrador, el actual mandatario se ha granjeado la antipatía de más personas con base en varias acciones que no han agradado a la opinión pública.

Sin duda, la falta de capacidad para cuidar la imagen del Presidente de la República y la continua comisión de desaciertos han contribuido a generar una pésima imagen del funcionario en cuestión.

Los hechos que han dañado la imagen de Enrique Peña Nieto se pueden enlistar para comprender la forma en que se ha demolido este fragmento de la institución presidencial, en momentos en que una parte de la sociedad escala el rechazo a esa parte de México que vive de la corrupción y de violar las leyes.

Desde la forma en que se reaccionó inadecuadamente ante el emergente fenómeno de #YoSoy132, con todo y la salida del auditorio en la Universidad Iberoamericana, pasando por la falta de respuesta a la pregunta de los libros que había leído en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, hasta temas como la Casa Blanca o, más recientemente, el plagio en su tesis, Peña Nieto no puede culpar a muchos por permitir que su imagen esté en caída libre y, de paso, se lleve a su gobierno y a su partido.

La falta de comprensión del presente, con una sociedad más activa que tiene en las redes sociales canales para expresarse, además de una oposición robustecida y una creciente intolerancia hacia los actos de corrupción o de prepotencia, han sido el marco en el que Peña Nieto ha tratado de llevar la presidencia de una república que no está satisfecha.

Súmenle a todo esto movimientos sociales que cuentan con reclamos como la aparición de los normalistas de Ayotzinapa, la inseguridad creciente en varios estados del país, entre otros asuntos, y la deficiente respuesta lo cual ayuda a comprender porque Peña Nieto se encuentra en dicha circunstancia.

Adicionalmente, su equipo no ayuda mucho a su causa. Frivolidades como las del titular de la Conade o el exdirector de Conagua, así como el episodio que generó la renuncia del Procurador Federal del Consumidor, se han sumado a la construcción de una imagen a la baja del mandatario, pues en su equipo se permite que él sea señalado como el culpable de todos los males, sin lograr acertar a dar una respuesta convincente, pues en la mayoría de las ocasiones piensan que con dejar pasar el tema es suficiente para ayudar al Presidente.

Claro está que la oposición ha aprovechado cada uno de los errores de la administración de Peña Nieto. Quizá sin proponérselo, los adversarios del priísta han logrado algo que ni ellos mismos imaginaban: poner permanentemente contra las cuerdas al Presidente de la República y, con él, a su partido, para cosechar importantes triunfos electorales, como vimos el pasado 5 de junio.

Así, para la ciudadanía –al menos para un sector mayoritario–, Peña Nieto es una persona poco confiable, con una pobre cultura general e incapaz de tomar buenas decisiones, por lo que es sencillo burlarse de él, como se puede comprobar con la cantidad tan grande de memes, chistes y caricaturas que circulan en redes sociales y medios digitales acerca de su persona.

Que muchas de sus decisiones sean cuestionadas constantemente, que la prensa extranjera también lo señale por casos de corrupción y que le hayan dedicado un editorial con aquella frase de “no entienden que no entienden”, sólo es parte de esa dinámica en la que un equipo poco preparado para enfrentar el reto de encabezar una administración federal trata de revolver retos diarios que no pueden superar con atingencia.

Y para acabarla de amolar, a un par de meses de la elección presidencial en Estados Unidos, Enrique Peña Nieto invita a platicar a Donald Trump pese a que el candidato republicano se ha mostrado contrario a todo lo mexicano.

En redes sociales, de nueva cuenta, se cuestionó la decisión y –quizá más importante– se expresó la duda acerca de qué motivó este tipo de acciones en un marco en el que no se encuentran razones para dialogar con alguien como Trump. Lo único seguro es que los memes por el encuentro serán abundantes.

Como apuntaría Raúl Trejo Delarbre en Facebook, “Peña Nieto está cometiendo el error más grave y quizá más costoso de su deplorable administración”.

Y luego se preguntan en Presidencia de la razón del “mal humor” social.

DEL TINTERO

Ambroce Bierce, en su Diccionario del Diablo, apuntó –con relación a lo comentado en este espacio– que “predicar con el ejemplo es mejor que seguirlo”.

Columnista en el Diario Digital Indicador Político y en la Revista Digital Indicador Político. Docente en la Universidad del Valle de México, Universidad de la Comunicación, Universidad Insurgentes y Escuela Bancaria y Comercial. Autor del blog Queso, PAN y Vino a favor del Partido Acción Nacional. Laboró en revista La Nación con notas informativas, crónicas, reportajes, así como entrevistas a presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, entre otros.

@AReyesVigueras

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