Percepción y humor social

Un tema que ha llamado la atención de analistas, tiene que ver con la manera en que la ciudadanía percibe el rumbo del país, lo cual ha sido reflejado en el discurso presidencial con la frase que alude al “humor social” para tratar de entender la razón por la cual los logros del gobierno federal no son reconocidos en el espacio público.

Percepción

Para el grueso de la población, México va mal. Son muchos quienes califican al actual gobierno federal como mal administrador y el causante de muchos de los males que nos aquejan. Pese a que el PIB crece, la respuesta inmediata es que lo hace a tasas que no ayudan a recuperar el empleo o a mejorar el nivel de vida de la población. Las obras que se realizan son vistas con lupa para revisar si no hay algún acto corrupto detrás de las mismas.

Tampoco ayuda mucho que el gobierno federal mantiene abiertos demasiados expedientes relacionados con conflictos de intereses, como la famosa Casa Blanca, o relativos a la inseguridad como Ayotzinapa, Tanhuato o Tlatlaya.
La devaluación del peso frente al dólar tampoco ayuda a mejorar el ánimo social, mucho menos las frivolidades de miembros del gabinete federal o de legisladores como Emilio Gamboa y su aterrizaje en helicóptero en una zona natural protegida.

Y, por si fuera poco, la invitación a Donald Trump agudizó el rechazo hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto, pues las declaraciones del candidato republicano en contra del país lo hicieron una persona non grata para un amplio sector social, al que no le cayó nada bien que fuera recibido en Los Pinos.

Como es posible adivinar, la ciudadanía tiene razones para construir una imagen negativa del actual mandatario federal y de su administración. Los resultados de las más recientes elecciones abonan en este sentido, pues el votante ya comienza a cobrarse en las urnas los desatinos de Peña Nieto y compañía.

Pero del lado gubernamental se aprecia que no hay entendimiento acerca de lo que pasa en la sociedad. Se presumen cifras macroeconómicas para presumir que el país marcha bien pero el ciudadano común y corriente siente en su bolsillo que algo anda mal.

Las reacciones en redes sociales son minimizadas –de manera similar a lo que se hizo en el caso de los primeros informes provenientes de Iguala en el caso de los normalistas desaparecidos en Ayotzinapa–, al igual que lo que se expresa en espacios de análisis y opinión.

La cantidad de “memes” con la figura presidencial, al igual que las marchas y lo que se comenta en reuniones con amigos o familiares no es tomado en cuenta por los encargados de llevar el pulso de la opinión ciudadana, ni siquiera los resultados de encuestas que muestran una pronunciada caída en la aprobación ciudadana.

En lugar de corregir o demostrar que se escucha lo que la gente opina, se tiene la actitud de que los demás están equivocados –sin considerar el tamaño de la población descontenta–, que las decisiones adoptadas fueron las correctas y que todo marcha adecuadamente.

Vamos, ni siquiera la opinión de medios internacionales que también hacen eco de la inconformidad –en especial con aquello de que “no entienden que no entienden” –, logra que haya alguna corrección en la parte gubernamental.
La idea de que las reformas son las necesarias y que demostrarán sus beneficios en algunos años, omitiendo la irritación social por los temas vinculados a la corrupción o la frivolidad de la clase política, demuestra que la ceguera y el autoengaño son la constante en este sexenio.

Ni siquiera la campaña para resaltar las “buenas noticias” de esta administración ha servido para revertir la tendencia que se ha expresado en los últimos días con la frase “Renuncia ¡ya!” dirigida a Peña Nieto incluso en los conciertos que ofreció en México, el cantante Roger Waters.

La percepción ciudadana no es fruto de generación espontánea, sino resultado de una falta de sensibilidad política que se refleja en una pésima estrategia de comunicación política desde el gobierno federal. Omitir o querer creer que temas como el plagio de la tesis de Peña Nieto, entre muchos otros, no impactan y desplazan de la agenda de medios a los que el gobierno federal busca impulsar, es una demostración de la soberbia que permea en toda la estructura gubernamental federal.

Incluso en el PRI también hay inconformidad con la dirigencia designada desde Los Pinos y los rumores expresan el descontento de los propios militantes.
Dejar de escuchar y encerrarse en un mundo virtual ha sido la actitud del equipo de Peña Nieto. Aludir al “humor social” y no hacer nada en consecuencia, demuestra que no se entiende el lugar y la función que tienen en estos momentos.

No es que no se reconozca nada de lo realizado por el Presidente Peña Nieto, sino que lo que se reconoce es todo lo que ha hecho, lo bueno y lo malo, y el balance es negativo.

Del tintero

Algo similar a lo comentado en este espacio ocurre en los partidos políticos. Cuestión de ver las pugnas internas y las acusaciones de que viven campañas de desprestigio en su contra luego de los escándalos provocados por sus militantes.

@AReyesVigueras

Columnista en el Diario Digital Indicador Político y en la Revista Digital Indicador Político. Docente en la Universidad del Valle de México, Universidad de la Comunicación, Universidad Insurgentes y Escuela Bancaria y Comercial. Autor del blog Queso, PAN y Vino a favor del Partido Acción Nacional. Laboró en revista La Nación con notas informativas, crónicas, reportajes, así como entrevistas a presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, entre otros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *