Paola Gutiérrez: Jaguar: proteger a uno, para conservar a muchos

Cuando los recursos para la protección ambiental son limitados, como es el caso de nuestra entidad, es necesario promover estrategias específicas; tales como la protección de aquellas especies cuya conservación implica la preservación tanto de grandes extensiones de tierra como de otros grupos de organismos vivos, mismas que son conocidas como ¨paraguas¨ concepto también asociado con el de especies ¨indicadoras¨ o grupos de organismos cuya presencia, da muestra del estado de salud que guarda un sitio determinado. De esta forma, tenemos ejemplos como el Oso Pardo en Norteamérica o el Ñu en África.

En América Latina y especialmente en nuestro país; el jaguar cuyo nombre técnico es Panthera onca, es el ejemplo más cercano de paraguas de la conservación y bio indicador. Este animal, perteneciente al grupo de los felinos (donde se encuentran el tigre, tigrillo y la onza) es el tercero más grande del mundo y el mayor del continente americano. Su distribución original abarcaba desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina, cobertura que se ha reducido drásticamente. En nuestro país, lo podemos encontrar en las zonas de selvas, manglares y otros ecosistemas desde cero hasta 1000 metros sobre el nivel del mar de los estados costeros. Especialmente en el sur sureste, donde de acuerdo con especialistas en el tema, Campeche, Chiapas y Oaxaca cuentan con las mayores poblaciones de jaguar. Su importancia ecológica radica en que, al ser un animal que consume carne de sus presas, que pueden llegar a ser hasta 85 diferentes especies; al existir en un determinado sitio, da muestra de la calidad ambiental del mismo. De la misma forma que, para desarrollar sus actividades requiere amplias extensiones de ecosistemas en buen estado de conservación denominados ¨corredores biológicos¨.

Aunado a los valores ambientales, este felino forma parte de nuestra tradición cultural ya fue importante para las civilizaciones prehispánicas, como lo muestra la variedad de representaciones artísticas y simbolismos que presenta en zonas arqueológicas, esculturas, códices, pinturas de cuevas, relatos y narrativas en civilizaciones como la olmeca, maya, azteca, zapoteca o mixteca le atribuyeron poderes divinos relacionándolo con el maíz, la noche y el liderazgo. Para nuestras culturas oaxaqueñas, la relevancia se observa en Monte Albán se cuenta con representaciones de jaguar, o el nombre de Tehuantepec que se relaciona al ¨cerro de las fieras¨ tecuani y cuyo escudo presenta a un ejemplar de esta especie ¿y qué decir de los mixtecos? Con su mítico líder Ocho Venado Garra de Jaguar, por citar algunos ejemplos de lo trascendente que es este felino para nosotros. Actualmente en algunas comunidades rurales del país, podemos ver representaciones de tigres como se le conoce en el estado de Guerrero, danzas, historias y otras manifestaciones culturales que dan muestra de la trascendencia de esta especie.

A pesar de la relevancia con que cuenta, este tipo de animales es una de los más afectados por las actividades humanas tales como: cacería furtiva para trofeo o venta de piel, destrucción y fragmentación de hábitats por cambios de uso de suelo, proyectos de infraestructura carretera o urbanización, o la muerte a manos de pobladores, al considerarse una amenaza para el ganado cuando debido a la carencia de presas en el monte, este animal se acerca a los centros de población a cazar. Situaciones que han generado que este animal cuente con el status de especie en peligro de extinción por la normatividad mexicana o se encuentre en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, como casi amenazada, entre otras categorías de protección que otorgan las instancias internacionales. Otros esfuerzos de conservación, corresponden a las vedas, declaratorias de Áreas Naturales Protegidas o la creación del Subcomité Técnico Consultivo Nacional para la Conservación y Manejo Sustentable del Jaguar. Sin embargo, los riesgos a esta especie continúan, por lo que se precisa que todos los sectores de la sociedad mexicana, nos involucremos en estos esfuerzos mediante:

La divulgación del valor ambiental y cultural de este felino, a todos los sectores de la sociedad, lo que se espera, repercuta en acciones de conservación;
Creación de proyectos productivos compatibles con la protección del jaguar: ecoturismo, producción de cacao, café, entre otros, especialmente para comunidades rurales en situación de pobreza que colindan con las áreas de distribución de este animal;
Campañas de difusión y sensibilización con los pobladores rurales, para evitar la cacería cuando existan daño al ganado y contar con fondos de seguros contra daños por este felino;
Regulación de uso de suelo para la preservación de las zonas de distribución natural, especialmente corredores biológicos;
Vigilancia y aplicación de la ley, de forma prioritaria, en proyectos con impacto ambiental a sitios con presencia de jaguares, tales como nuevos centros de población urbana o vías de comunicación; y
Mayor investigación científica para contar con información y propuestas de manejo;

Con base en estos argumentos, hace unos meses apoyé la propuesta de la organización Preconjaguar A.C. para declarar este felino como patrimonio natural y cultural de Oaxaca, siendo la primera entidad federativa del país en hacerlo.

Sin duda, la protección del jaguar es un modelo estratégico de conservación que debemos retomar con mayor compromiso, porque #AhoraesCuando ejecutar acciones de impacto para preservar nuestras riquezas naturales y culturales.

*La autora es Presidenta de la Comisión Permanente de Ecología de la LXIII Legislatura del H. Congreso del Estado de Oaxaca

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