Un país dividido

Un efecto no medido, o no suficientemente reflexionado aún, es el que nos muestra a una ciudadanía dividida en torno a la política. Lo vivimos en México en 2006, luego del apretado resultado en las elecciones presidenciales de ese año, algo que continúa de alguna manera. En Estados Unidos, tras el triunfo de Trump, se muestra una sociedad dividida por el efecto de la campaña del candidato republicano.

Divisiones

La política divide a las sociedades. Hemos sido testigos como los partidarios de algún candidato se enfrentan a los del contrario, llevando esta polarización hasta los propios hogares. Si se pensaba que esta actividad podría ser punto de encuentro para compartir visiones y propuestas, ahora nos damos cuenta de la manera en que las divisiones se ahondan a partir de las preferencias partidistas.

El caso de lo sucedido en 2006, después del resultado electoral, nos muestra claramente que este tipo de temas no ayuda a cohesionar a una sociedad que aspira a mejorar en muchos sentidos. Que diez años después sigamos con ese tipo de enfrentamientos nos muestra que tan hondo puede llegar una división por temas electorales.

Pero incluso al interior de los partidos se ven este tipo de enfrentamientos, pues es común enterarnos que se dan rupturas, peleas y filtraciones para detener a los adversarios internos. De poco sirven los llamados a la unidad, pues las divisiones continúan.

Ahora vemos que esto no es algo exclusivo de los mexicanos, pues tras el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales ha surgido protestas en contra del resultado, llegando algunos manifestantes a mostrar cartulinas en las que se puede leer que no consideran al excandidato republicano como su presidente.

¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta este punto? Una posible explicación radica en la manera en que se ejerce la política, pues se ha evidenciado el carácter excluyente de algunas decisiones que se toman en los ámbitos gubernamentales o legislativos. Que un gobernante declare que una constitución que se está elaborando será de izquierda, sin tomar en cuenta que gobierna una sociedad plural, con personas de distintas orientaciones ideológicas, es sólo un botón de muestra de esa exclusión que comentamos.

Así, se puede entender que para muchos el camino que quede sea el de la protesta. El EZLN logró que se pusiera el tema del indigenismo en la mesa de discusiones luego de levantarse en armas y, así, muchos grupos obtienen algo que demandan luego de cerrar calles o de realizar plantones.

Todo lo mencionado cabe dentro de lo que llamamos política. Es por esto que no debe sorprendernos que un resultado electoral genere protestas de distintas índoles, sobre todo si existe alguna sospecha de fraude o irregularidades. Como los actores políticos no solucionan alguna de las demandas ciudadanas, el conflicto es el siguiente paso.

Otra faceta de este asunto la tenemos en las redes sociales, en las cuales se expresan de mejor manera todos los gestos de la inconformidad, incluso llegando a los ataques entre seguidores de las diferentes opciones políticas que tenemos. Si uno da una breve revisión de los comentarios en Facebook o Twitter, se podrá dar cuenta del encono que existe por este tipo de temas.

Y no sólo hablamos de los memes, sino de la manera en que se aborda algún aspecto de la política. Si Ricardo Anaya es exhibido por sus viajes a Atlanta, alguien publicará que todos los panistas son corruptos. Si López Obrador apareció en un video la noche de las elecciones en Estados Unidos, algunos usuarios le reclamaran lo dicho e, incluso, le pidieron que se calle. Si Duarte sigue prófugo, otro más asegurará que todo el priísmo es cómplice y así, los ejemplos de totalización se pueden ir hasta el infinito.

Sociedades divididas es uno de los efectos que se empareja con la insatisfacción de los ciudadanos por los temas políticos y con los gobernantes. Una de las explicaciones, entre muchas otras, de la razón por la que ganó Trump en Estados Unidos, por el triunfo del Brexit en Gran Bretaña, por el NO en Colombia o por el ascenso de López Obrador en México, tiene que ver con el enojo de la población acerca de todo lo que se relaciona con la política. Del tweet o del post en Facebook a la protesta callejera, hay muy poca distancia y la élite gobernante y los medios de comunicación no han sabido atender este nuevo fenómeno.

Lo que estamos atestiguando –en 2006 en México y ahora en Estados Unidos–, es sólo el principio de más inconformidad y más expresiones de enojo.

Del tintero

Guillermo Padrés se entregó a las autoridades y marcó el camino para Javier Duarte. Con esta jugada, el panista puso presión al PRI para que haga algo más que suspender derechos partidistas o crear comisiones anticorrupción. Si es parte de una estrategia azul para corregir el rumbo, lo veremos en breve.

@AReyesVigueras

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