Oposición unida o hundida por José García Sánchez

A la oposición puede sucederle lo mismo que a los perros que persiguen a las bicicletas, cuando las alcanzan no saben qué hacer y sólo ladran. La alianza esperada de una derecha que no se atreve a decir su nombre, quiere restar poder no luchar por él. Esta situación debería ser sancionada por el INE, porque en la desesperación por no perder el registro se sabotea el poder y no se lucha por éste.

La responsabilidad social, política e histórica de los partidos es luchar por el poder, por eso tienen subsidio que cuesta a los mexicanos y condicionado a su aceptación popular es el momento del presupuesto otorgado. No les da dinero para sabotear al poder sino para luchar para obtenerlo y en este discurso de alianza desarrollado no sólo en la asamblea del PAN del sábado 5 de diciembre, sino del PRI y de lo que queda del PRD, se manifiesta impedir que haya mayoría en el Congreso.

En realidad, la oposición dejó de luchar por el poder desde que conoció los resultados de las elecciones de 2018. Nunca más se le vio voltear a conocer las necesidades de la población, muchos menos sus representantes sociales volvieron a sus distritos a conocer las inquietudes de quienes representan. Simplemente se dedicaron a leer los periódicos y con base en esas noticias, no siempre objetivas, adoptaron el papel de una oposición mediática sin contacto son sus bases y menos aún con la población.

En este momento los partidos de oposición desconocen las simpatías con las que cuentan entre la población. Sólo intuyen el grado de descontento de la gente ante el gobierno. Es decir, prefieren conocer la realidad de los contrincantes que la suya propia, ante la imposibilidad de trabajar como partido, labores que desconocen. La oleada de una generación de líderes híbrida al frente de esos partidos que unirán sus fuerzas irrumpe en los medios pero es incapaz de escuchar a la gente para convertir sus peticiones y necesidades en condignas. De ahí su parálisis de acción y su letargo en el pensamiento político.

Se trata de un grupo de aprendices de políticos que sugieren campañas por Twitter, que sugiere conocer la realidad del país a través de las estadísticas del Inegi, que propone líderes que manejen las redes antes de definir su línea ideológica. Hacen una política partidista de video juego, donde el contrincante es enemigo a muerte, la ideología no existe simplemente hay una batalla verbal, mediática, de protagonismo puro, de exhibicionismo histriónico. Recordemos el palo de ciego regalado a López Gatell, la urna obsequiada al secretario de Salud, los globos de las conmemoraciones en el Congreso, y otros numeritos circenses que son la única expresión política que les identifica y les otorga un lugar en la geometría ideológica, que ahora parece extraviada o, por lo menos diluida.

La oposición se muestra vulnerable ante la necesidad de unidad, frágil ante la urgencia de aparecer en los medios aunque sea con mentiras o verdades a medias. Esa oposición no está con la gente está con ella misma. Sus dirigentes no voltean al pueblo sólo se ven en el espejo de los medios que piensan como ellos.

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