Oaxaca: ni Estado, ni reformas

LA COYUNTURA

Oaxaca: ni Estado, ni reformas

Francisco J. Sánchez

A la salud de Eli, Moi y Brian

Monterrey, Nuevo León. – Si el conflicto popular-magisterial del 2006 en Oaxaca, dejó clara la tesis que la pobreza social es reflejo fiel de la pobreza política de sus liderazgos y protagonistas, es impensable -a diez años-, volver a formular una Reforma del Estado frente a quienes usan la política para administrar el poder.

Esa propuesta impulsada en la administración del gobernador Ulises Ruiz Ortíz para saltar el cerco político -del gobierno federal panista, el magisterio, las organizaciones sociales integradas en la APPO y los grupos de poder locales-, pretendía en principio hacer coincidir intereses y agendas distintas.

En esos momentos de crisis de gobernabilidad, un organismo a modo como el Consejo Consultivo para la Reforma del Estado, integrado por perfiles políticos, ideológicos y sociales diversos, le permitieron a Ruiz Ortiz equilibrar fuerzas con los grupos locales de poder y de presión, incluso priistas.

De esta manera, los enfrentamientos en las calles pasaban a los salones del poder y las distancias se acortaban para alcanzar un acuerdo de pacificación, basados en un cobro de saldos pendientes del PRI y su gobierno local, pero éste y su gobierno, ganando tiempo y margen de maniobra para recuperar la gobernabilidad.

La reedición del conflicto popular-magisterial del 2006, después del enfrentamiento entre policías y maestros disidentes -que el 19 de junio pasado dejó nueve personas muertas, dos desaparecidas y una centena de heridos-, merece recordar algunos pendientes de aquella Reforma del Estado ulisista:

1.- La revisión del andamiaje jurídico y a la modernización de los instrumentos legales que permitan a las instituciones oaxaqueñas estar acorde de las reformas estructurales del Estado Mexicano.

2.- La adecuación de “los legítimos reclamos de un pueblo agraviado por la marginación y la pobreza con los preceptos jurídicos” que rigen a Oaxaca.

3.- Promover una nueva cultura política “sin verticalismos autoritarios en la relación de los poderes públicos con una sociedad mandante y un gobierno apegado a ese mandato”.

4.-Alcanzar una reforma política surgida del más amplio debate y sin limitación de agenda para otorgar más certeza, equidad y transparencia a los procesos electorales.

5.- Contemplar en la Reforma del Estado mayores garantías al ejercicio de la libertad de expresión y el derecho a la información, donde se eleve a rango constitucional la confidencialidad de la fuente para no inhibir el derecho de los oaxaqueños a informar y a estar informado.

6.-Alcanzar una reforma integral del sistema de procuración de justicia y fortalecer las instituciones públicas protectoras de los derechos humanos para dotarlas de atribuciones más amplias y mayor autonomía respecto de los poderes públicos.

7.- Lograr “reformas necesarias en el ámbito local para que la economía de Oaxaca crezca de manera sostenida por encima de la media nacional para alcanzar los indicadores promedios de desarrollo y bienestar”.

Por eso, si el conflicto popular-magisterial del 2006 en Oaxaca, dejó clara la tesis que la pobreza social es reflejo fiel de la pobreza política de sus liderazgos y protagonistas, volver a formular una Reforma del Estado en estas circunstancias es como pedirle a Gabino Cue que devuelva las entradas, luego de seis años de gobierno.

Especialista en análisis, comunicación y estrategia política-electoral.

Twitter: @lacoyunturamx

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