Nael Ramírez: a 100 años, dialéctica de la Constitución

Nael Ramírez Domínguez (*)
El pasado domingo cinco de febrero se conmemoró el Centenario de la Promulgación de la Constitución que hoy nos rige, un día que pasó desapercibido por gran parte de nuestra sociedad, salvo contadas y raquíticas conmemoraciones oficiales. El olvido institucional fue casi planeado para desmoronar el análisis histórico y la reflexión sobre nuestro desarrollo como comunidad.
La política de erosión cultural e histórica ha tenido ya sus resultados fehacientes, tanto así que el 68 por ciento de los mexicanos no conocen el día de la promulgación de nuestra carta magna, y el 70 por ciento conoce el contenido de la misma, así lo revela la reciente encuesta del periódico El Financiero publicada el pasado dos de febrero.
Un panorama así en la conciencia colectiva de nuestro México es preocupante y más cuando estamos a un año de un proceso electoral que promete ser un punto nodal en el cambio o continuidad de la actual política económica privatizadora.
La toma de decisiones democráticas con base en la valoración de una u otra opción política hacen necesario el conocer nuestro México, teniendo un buen comienzo por conocer nuestra constitución, un documento fruto del proceso revolucionario que siete años atrás había iniciado como respuesta a la opresión, miseria y desigualdad que imponía el régimen porfirista.
La Constitución del diecisiete reflejaba los intereses y anhelos de las amplias capas de la sociedad mexicana, una revolución democrática, antifeudal y esencialmente antiimperialista se hacía notar en los postulados que recogía la carta magna.
Los postulados nacionalistas de nuestra constitución fueron la piedra angular sobre la que se erigió una nueva política económica contraria al porfirismo. Durante décadas el nacionalismo revolucionario permeó en nuestra sociedad, teniendo como base la participación del Estado en la economía como vía necesaria para desarrollar la industria y el mercado interno. Las décadas de mediados del siglo pasado son referentes de progreso y desarrollo por tal política económica.
Tras la traición al ideario revolucionario cometido por los neoliberales, quienes arribaron al poder durante la década del ochenta, lo orientación fue privatizar y reducir el papel del Estado en la economía, llevando así a nuestro México a una subordinación y dependencia cada vez mayor al capital extranjero, por lo que hoy día tenemos un panorama similar a los años del porfirismo.
Ante ésta situación, nuestro pueblo poco a poco está tomando conciencia de lo inviable de las tesis del neoliberalismo, el discurso de libre mercado simplemente fue una farsa para entregar la riqueza nacional a grandes monopolios, por ello cada día se despierta la conciencia al identificar que el discurso de los neoliberales se agotó. La derecha no tiene discurso a futuro, porque no tienen futuro en una realidad donde cada vez se agudizan las contradicciones de intereses entre la mayoría del pueblo mexicano y la minoría acaudalada.
El 2018 es el año de la elección nodal, una nueva conflagración se ve a la vista, pero a diferencia de la revolución de 1910, ésta se aproxima de manera no violenta; nuestra sociedad a pesar de desconocer nuestra constitución y sus principales postulados teóricos, en su vivencia diaria toma conciencia de la necesidad de caminar por un sendero distinto al de las privatizaciones, ideas que se generan por el progresivo aumento de la pobreza y la violencia en los últimos gobiernos nacionales.
Al igual que hace cien años las condiciones materiales de desigualdad nos hacen tomar conciencia en proscribir el actual entreguismo a las transnacionales, en liberarnos de las instituciones internacionales de financiamiento y buscar nuestro camino propio de desarrollo nacional.
Ante esta necesidad y como correspondencia a la actual situación, el proyecto de Andrés Manuel López Obrador camina de la mano de la esperanza de millones de mexicanos.
La lucha contra la miseria y la opresión de hace un siglo dio como resultado una de las constituciones socialmente más avanzadas de su tiempo, la lucha por desterrar al actual régimen excluyente dará necesariamente normas que garanticen las actuales aspiraciones de un pueblo cansado de la miseria impuesta.
Rememorar la constitución de 1917 es afianzar la idea de que el pueblo siempre tiene a su alcance la modificación de su gobierno, el 2018 se aproxima, es tiempo de organizar la batalla.
(*) El autor es politólogo egresado de la Universidad  “José Vasconcelos” de Oaxaca. Secretario General de la organización Jóvenes por el Socialismo (@mexicojps). Catedrático universitario en el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca.

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