México es más grande por Ernesto Reyes

Estamos en el mes patrio, en medio de una nueva normalidad. Celebrarlo en casa es recomendación, aunque se podrán observar las ceremonias por televisión y las redes sociales. Un amargo recuerdo nos quedará. Sin embargo, no hay que olvidar a quienes ofrecieron su sangre para que tuviéramos una patria libre y generosa. En 1811, las cabezas de Allende, Aldama, Jiménez e Hidalgo, pendieron en Guanajuato. Este último fue excomulgado y estigmatizado por la Iglesia católica novohispana, igual como Morelos.

Ya desde el México Independiente, durante la primera transformación, nos arreglábamos unos del lado conservador y otro de los liberales. Ha sido así hasta la fecha, aunque hoy aquellos se llamen neo liberales.

Actualmente se incuban tormentas políticas ante el inminente proceso electoral, en cuyo vértice confluyen fuerzas anti AMLO, encabezadas por gobernadores del PAN. El presidente resiste con tolerancia y afán explicativo. De su lado, está la opinión pública y millones de seguidores que, por ejemplo, lograron tumbar mediante la resolución del INE, el membrete que ha pensado usar Felipe Calderón, para obtener posiciones. Se coló, sin embargo, un tufo religioso a través del PES, pero será el electorado el que lo ubique en su exacta dimensión.

En la mega elección del 6 de junio del 2021, estarán en juego además de la cámara federal, 30 congresos estatales, 15 gubernaturas, ayuntamientos, en fin, más de 21 mil cargos. Morena ya se advierte como el partido a vencer.

En este marco, hay resquemores porque el órgano electoral conduce el proceso para definir la presidencia y secretaría general del partido Morena, por método de encuesta abierta, como consecuencia de que sus militantes no se pusieron de acuerdo. Resalta el caso de Flavio Sosa Villavicencio, quien aspira al segundo cargo. Hasta el viernes, el INE pretendía arrebatarle al activista oaxaqueño la posibilidad de competir, pese a que está demostrada su pertenencia al Movimiento de Regeneración Nacional. Concederle el registro para que participe en la encuesta, estaba en el aire.

La insidia y la provocación, alcanza niveles máximos en Chihuahua, en donde se han aglutinado ex gobernadores, legisladores, alcaldes y el mismísimo Javier Corral por la posesión del agua de una presa. Le apuestan a que el diferendo con la Federación acumule sangre, encarcelados, represión y, con ello, exhibir al régimen como primer violador de derechos humanos. A pesar de explicarles que, por el Tratado de Aguas de 1944, México recibe cuatro veces más líquido que el que se entrega a Estados Unidos, sin afectar el riego, se resisten a aceptar que Chihuahua tiene asegurado este recurso vital. En este conflicto incuban candidaturas, sin importarles la vida de sus paisanos.

Es una apuesta parecida a la de grupos de mujeres que tomaron y destruyeron haberes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a fin de cuestionar la corta gestión nada menos que de la hija de doña Rosario Ibarra de Piedra, una madre y luchadora ejemplar. El extremismo que aprovecha una justa demanda de madres de desaparecidos, ante las instancias judiciales y del Ejecutivo, pues la CNDH no posee éstas facultades, le hace un guiño al conservadurismo de derecha, que desea ver derrumbado a un gobierno con suficiente legitimidad democrática y desbordante apoyo popular. Otro rostro del golpismo, que nunca asomó sus fauces ante Peña, Fox o Calderón.

En los aprestos por esparcir que tenemos un “gobierno insensible y represor con la disidencia política, con las mujeres, con las víctimas, con la ‘prensa’, con los agricultores”, armando ellos mismos actos de provocación, confluyen ciertos poderes fácticos y económicos, con radicales de izquierda, para comparar a México con Venezuela. Echando mano de un viejo manual de la CIA– tal como operaron contra Salvador Allende, en Chile– aspiran a que, con mayores dosis de violencia política, México sea ingobernable: el perfecto caldo de cultivo para socavar la Cuarta Transformación.

Los reaccionarios de ambos polos pretenden sembrar la idea de que todos los gobiernos son iguales, por naturaleza: corruptos, ineficaces, que no existe ningún cambio, que es lo mismo Calderón que AMLO y Peña; que están conculcadas las libertades, que vamos hacia el comunismo, que el país se hunde. Es su apuesta estratégica, electoral, perversa. No lo van a lograr, porque acá estamos millones. México es más grande porque, 200 años después, vive despierto.

¡Viva México cabron@s!

ERNESTO REYES es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana y además de realizar labores de comunicación social se dedica a la docencia, combinando las tres disciplinas en su quehacer profesional. Tiene 42 años de ejercicio periodístico.
@ernestoreyes14

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *