Luis Octavio Murat: Tragedia, solidaridad, errores y mentiras

Luis Octavio Murat Macías

Han transcurrido 6 días desde aquel fatídico martes 19 de septiembre que ha vestido de negro a todo el país. Hoy como ayer la tragedia es enorme. Catástrofe por haber fallecido, hasta ahora, 293 personas. En la Ciudad de Mexico 156 fallecidos, 2,000 heridos y más de 40 edificios. Desde las alturas la Capital parece una ciudad bombardeada. En Morelos la situación no es diferente; se tiene un saldo de 73 fallecidos en once municipios, el resto han reportado daños menores.
La infraestructura carretera registra la caída de un puente, en el kilometro 109 de la autopista del Sol México-Acapulco dirección sur, así como un puente fracturado en la autopista Tepoztlán-Cuautla cerca del centro recreativo Oaxtepec.
Puebla reporta 43 fallecidos, 46 inmuebles públicos afectados en el Centro Histórico del municipio de Puebla, debido a ello la actividad comercial ha sido suspendida. En otros 18 municipios la actividad escolar fue suspendida al estar afectadas 137 escuelas.
Hay tres zonas con mayor afectación: Puebla Capital, Atlixco y la zona de la Mixteca, cerca del epicentro del terremoto (Chiautla de Tapia).
Estado de México reporta 13 fallecidos, problemas estructurales en 35 escuelas y afectaciones materiales en Xalatlaco, Tianguistengo, Toluca, Ecatepec, Tlalnepantla y la Paz.
En Guerrero 6 fallecidos y en Oaxaca una persona y el derrumbe del puente entre Ixtepec y El Espinal por el sismo de 6.4 grados del sábado pasado.
Los reportes oficiales confirman que la entidad más dañada es la Ciudad de México. Los medios de comunicación muestran dramáticas escenas de los rescates que rondan lo increíble y lo solidario del esfuerzo que desarrollan los cuerpos de rescate que levantan el puño pidiendo silencio por haber oido algo que los puede llevar al lugar exacto donde alguien se encuentra atrapado. En este punto conviene detenernos para no olvidar que “el rumor es hijo de la calumnia” y que no es ético el protagonismo de quienes engañaron a la opinión pública con la mentira de una niña llamada Frida-Sofía, y que según el almirante Jose Luis Vergara y las informadoras, Denise Maerker y Danielle Dithurbide, estaba atrapada en el tercer piso del Colegio Enrique Rébsamen.
Sucedió que la historieta resultó ser “el hijo de la calumnia” inventado por quienes no cumplieron con la responsabilidad que debe acompañar siempre a un periodista, o al responsable directo de las operaciones de rescate: checar y asegurarse de los hechos y no salir con la simplona disculpa de “me lo dijo el Almirante”. Por lo menos el militar dio la cara y reconoció el error, no así las informadoras que se deslindaron pasándole el balón al marino. Mentir e inventar historias como la de “Frida-Sofia” es miserable porque se engañó a millones de personas preocupadas y doloridas por la desgracia. Es válido equivocarse, pero mentir es imperdonable y no admitir errores es peor todavía. El protagonismo narrativo y la falta de ética provocó la crítica severa de la opinión pública nacional contra quienes tienen la responsabilidad de informar con la verdad.
Otro hecho significativo ha sido la actividad de las redes sociales al condenar el comportamiento de los legisladores y partidos políticos. Incluso, en las redes aparecen dos fotografías que no necesitan palabras, las imágenes lo dicen todo: en una aparecen tres perritos rescatistas y en la segunda imagen aparece el pleno de la Cámara de Diputados con todas las curules ocupadas. “Tres perritos han hecho más que estos perros”, dice el letrero a pie de foto.
Las redes han despertando ideas notables como la de reunir firmas y con ellas exigir que los partidos políticos cedan las enormes cantidades de dinero que el INE les entregará, cifra que asciende a 6 mil 778 millones de pesos aprobados por el INE, más el presupuesto que recibirán en cada uno de los estados, lo que arrojara un total de 11 mil 904 millones de pesos para gastarlos en papel que nadie lee, en fotografías horrendas de los candidatos, pasa-calles, banderitas, millones de litros de pintura que ensucia bardas por todo el país con escritos plagados de promesas que nunca se cumplen, sentencias y lemas para idiotas que ni los candidatos se creen.
Es dinero tirado a la basura, dinero inútil que se gasta en mentiras, en frases sin contenido ideológico, es dinero que se reparte entre los “40 ladrones”, desde los principales dirigentes partidistas hasta el modesto delegado general y el presidente del partido de la entidad en juego. Todos le meten la mano para su propio beneficio. Lo que queda, después del saqueo, es usado para las tortas y frutsis que las masas devoran y beben en los mitines a pleno sol, esperando por horas, matraqueando a sus “líderes” y gritando: ¡Viva Chico Pelón!
Dinero de riesgos que huele a corrupción como el usado en las campañas políticas de los 16 gobernadores que resultaron verdaderos hampones.
Hoy, los que ayer protestaron cumplir y hacer cumplir la Constitución están en la cárcel, otros en proceso de extradición, los menos investigados por la PGR como Fidel Herrera Beltran, ex gobernador de Veracruz y Roberto Borge, ex gobernador de Quintana Roo, a punto de ser extraditado por el gobierno de Panamá. Lo mismo ocurre con Tomas Yarrington quien será extraditado a Estados Unidos en breve. En el caso de los Duarte, uno tras las rejas y el otro huyendo de la ley.
Finalmente, el reclamo popular aumenta para que el INE no entregue el dinero a los partidos políticos y mejor sea destinado a las entidades afectadas por los sismos. Los expertos en egresos afirman que si es posible, a pesar de estar etiquetados. Lorenzo Cordova, consejero presidente del INE lo ha confirmado y los líderes partidistas como que aflojan pero no dicen cuando.
El PRI dice haber renunciado al 25% de los recursos, PAN-PRD-MC y Morena proponen eliminar financiamiento público, el PVEM regresó 85 millones a favor de los afectados por el sismo. Este proceso tardará y no se sabe con certeza que sucederá, hasta ahora solo declaraciones, palabras.
Los terremotos requieren toda la causa nacional para superar la catástrofe; lo están haciendo los jóvenes millennials, trabajadores, mujeres, hombres, todos menos los diputados y senadores; menos los dirigentes de partidos que a nadie les hacen falta al ser instituciones que solo benefician a intereses de grupo. De ellos solo se oye el vacío discurso de siempre. De hechos nada.
¿Quién los necesita si la sociedad sola se ha organizado para enfrentar la catástrofe sin necesidad de parásitos?

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