Luis Octavio Murat Macías: La angustia por la destrucción

Luis Octavio Murat Macías

A 32 años del terremoto de 1985 que destruyera parte del Distrito Federal, de nueva cuenta la fuerza de la naturaleza derrumbó casas y edificios con tal impacto que hasta el momento de escribir esta nota el saldo arrojaba 100 fallecidos en CDMX, 69 en Morelos, 43 en Puebla, trece en el Estado de México, cuatro en Guerrero y uno en Oaxaca, pero el corte varía a cada momento, hasta ahora son 230 los fallecidos.

El agua, la energía eléctrica, el teléfono, el internet y demás servicios no han sido dañados, incluso se ha pedido, a través de los medios, que la gente comparta el internet quitando los candados a sus redes.

El sistema de salud funcionando a todo vapor incluyendo el privado que, de inmediato, abrió las puertas de los hospitales sin cobro alguno. En cuanto a las escuelas, todas las clases fueron suspendidas en el sistema de educación pública y privada, incluyendo los planteles de educación superior. Sin embargo, el Tecnológico de Monterrey, Ciudad de México sufrió daños estructurales, incluso cuatro personas fallecieron y al menos 40 heridos.

Ciudad Universitaria, al sur de CDMX, está de pie, con daños estructurales mínimos y es posible que hoy mismo se reanuden las clases, según el rector Enrique Graue Wiechers.

Lo que ha sido terrible es la destrucción del Colegio Enrique Rébsamen en el sur de la CDMX y en el que se encuentran atrapados al menos 11 niños.

La tragedia es brutal, pero aun así, desde los escombros del edificio escolar los niños han estado haciendo contacto con sus familiares con sus móviles (Whatsapp), no obstante, el olor a muerte ya ha enlutado a México.

El tráfico de vehículos en CDMX estuvo colapsado, la gente caminando por las calles e instruidas por las autoridades, en el sentido de no caminar por las banquetas ni al lado de cualquier construcción, casas o edificios.

Se habló de dos terremotos, sin embargo, se corrigió la información a uno de 7.1 con una duración aproximada de 3 minutos, el cual sacudió con fuerza inaudita las cuatro entidades de la República, su epicentro fue el Estado de Puebla.

Las líneas telefónicas se cortaron de inmediato saturándose y haciendo imposible la comunicación con las familias causando, por supuesto, más angustia entre las poblaciones de CDMX, Morelos, Puebla y Estado de México. Sin embargo, las comunicaciones se pudieron lograr, a través de Whatsapp lo cual alivió, un tanto, la angustia que se estaba viviendo al no saber que estaba pasando.

Tanto Google como Facebook sumaron su granito de arena para ayudar a ubicar a personas. Google habilitó las Alertas SOS y su Mapa de Crisis para brindar información, en tanto que Facebook activó su plataforma Safety Check (verificación de seguridad), que permite solicitar ayuda y constatar si los contactos que viven en la zona están bien. AT&T, Telcel, Movistar y Telmex abrieron sus redes por terremoto. Se invitó a la población a compartir sus redes celulares para ayudar en la comunicación en general, y por si algún sobreviviente entre los escombros necesitara comunicarse con el exterior.

La tragedia ocasionada vino acompañada de una ruindad que no tiene calificativo porque no alcanza el diccionario para calificar la ruindad humana de quienes se aprovecharon del tránsito colapsado en la CDMX en el área de Santa Fe, al poniente de Ciudad de México, que asaltaban a los automovilistas, quienes atrapados en sus autos y sin poder avanzar, fueron víctimas de los buitres que se alimentan de la desgracia humana y que merecen el peor castigo que la ley debe aplicar sin titubeos, ni temor de los jueces como hasta ahora sucede.

Es por ello, por esa timorata actitud judicial que se repite este delito en las “vías rápidas”, aprovechando a diario el transito lento de los vehículos, crimen que no se ha erradicado, pero que debe terminar arrancándolo de raíz, continuar como si no sucediera nada es cobardía de la autoridad.

Mil 200 bomberos asignados en CDMX, 3,400 militares dedicados al rescate de personas. En Puebla se han evacuado los hospitales y los enfermos han sido trasladados a clínicas no afectadas estructuralmente. Atlixco y Cholula con grandes daños y 126 desaparecidos y niños fallecidos.

Es notable la respuesta de las poblaciones frente a la desgracia, la solidaridad brote de inmediato brindando ayuda a quienes la necesitaban, orientando, ofreciendo teléfonos, agua y todo el auxilio posible. Los cuerpos de rescate, Cruz Roja, Marina, Ejército, organizaciones civiles, médicas, enfermeras, rescatistas, CFE con numerosas brigadas (54) y plantas de energía móviles restaurando la energía eléctrica en diversas poblaciones.

La noche ha caído por segunda ocasión en México, las tareas de auxilio se multiplican. Se trabaja a ritmo acelerado, a ritmo de emergencia para enfrentar la destrucción ocasionada por los terremotos del pasado martes.

Las escenas de rescate de personas atrapadas por los escombros han sido dramáticas, desesperadas. Manos levantando piedras y fierros retorcidos y transportándolos por las manos de largas vallas humanas para arrancar del cemento, de los tabiques y pedazos de edificio a la persona atrapada por la destrucción.

Escombros de lo que fueron casas y edificios transportados en carritos del súper, en carretillas de albañil y cuando se logra encontrar a los atrapados, como triunfo de la solidaridad humana, la muestra de júbilo y alegría de los brigadistas brota inmensa gritando fuerte “Si se puede”.

Un nuevo reto tenemos enfrente, reto que ha crecido al haberse multiplicado la desgracia, porque ya no es solo Oaxaca, Chiapas y Tabasco, ahora la tragedia alcanza a CDMX, Morelos, Puebla y Estado de México. Reto que ha unido a la nación, que solidaria está brindando, sin condición alguna, la ayuda toda y eso ennoblece al ser humano.

Hoy como ayer necesitamos toda nuestra fuerza, de nuestra energía, de nuestro coraje y nobleza para salir adelante y ello nos hará más fuertes, porque de los escombros volveremos a levantarnos.

 

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