Luis Enrique Ortega: Los desafíos y las exigencias

Hemos transitado por una vida electoral lenta y dolorosa, desesperante para la sociedad.
Durante demasiado tiempo, los comicios fueron simulación, farsa, fraude; la burla a la voluntad de los ciudadanos egresada en las urnas comiciales.
Todo el siglo pasado, el país lo padeció. Desde la dictadura del presidente Porfirio Díaz, quién gobernó con mano férrea durante 30 años, y hasta el partido hegemónico que encarnó una nueva dictadura, la dictablanda en palabras del escritor Mario Vargas Llosa, donde el poder seguía en manos de un partido, ya no de una persona.
Sin embargo, en la praxis sólo se trataba de un grupo selecto que controlaba el juego, donde el PRI jugaba un partido en el que tenía a su favor los árbitros, a un sector importante del público e incluso, a una parte de los jugadores de los otros equipos, además de que él escogía las redes y ponía el balón. Todo ello aseguraba que el poder político no se perdiera.
Posteriormente y de forma paulatina fue obligado a ceder espacios de poder a partidos que poco a poco fueron ganando terreno, en su gran mayoría mediante espacios plurinominales o representantes de partido.
En este hecho se encuentra la razón de la creación de esa figura política, tan cuestionada en nuestros días, pero que en los tiempos de alta concentración del poder político resultaba absolutamente necesaria; de no ser así difícilmente se habría alcanzado el grado de composición que hemos alcanzado hasta nuestros días.
El hecho de ceder espacios no fue una concesión que otorgó el partido oficial de una manera sencilla, más bien considero que fue obligado a ello durante varias décadas, después de haber sido testigo de movilizaciones sociales y ser testigo del encono que entrelazaba las cédulas del México de las décadas pasadas.
Ante este escenario se fueron dando cambios en la vida política nacional y una de ellas fue la autonomía plena al instituto Federal Electoral (IFE) con lo que se emparejaba la cancha a la participación ciudadana.
A decir de Mauricio Merino en México no hubo una transición pactada como en España. En México hubo una transición votada (Merino, 2003; Huchim, 1997)
Con estos cambios se logró en el año 2000 una alternancia que generó demasiada expectativa, al darle a un candidato a la ciudadanía que reunía la expresión de la necesidad social; que aparecía como la solución a los problemas del país y que podría asegurar la instauración y el inicio de la democracia.
Sin embargo, no se produjo la desaparición de vicios del viejo régimen: la corrupción pública y privada prevaleció, no hubo procesamiento de acusados de corrupción en los años anteriores y la rendición de cuentas fue bastante endeble; y lo más lamentable, los niveles de pobreza y desempleo continuaron en nuestro país.
Considero que la ciudadanía que había depositado la esperanza en el entonces presidente Vicente Fox porque cambiaría radicalmente la vida de nuestro México, se vieron decepcionados.
Hubo avances pero no los que habían esperado o por los que habían votado. Y fue debido a este desánimo que mantiene al país en un letargo, en una encrucijada de no saber hacia dónde transitar.
Vemos desafortunadamente que la pobreza sigue creciendo, las políticas aplicadas hasta este momento no han logrado cumplir con el objetivo que se ha planteado; la canasta de alimentos sigue encareciéndose y el desempleo hace estragos en los sectores más pobres del país.
Los grados de corrupción que se han generado han sido de escándalo nacional sin que se haya podido lograr avances importantes en su castigo, por ejemplo, en el tema de rendición de cuentas tenemos un desafío demasiado grande para los próximos años.
Hasta este momento, únicamente siete de los 32 estados del país incluyen expresamente en sus constituciones locales el poder procesar a sus gobernadores por manejo indebido de fondos y recursos públicos federales: Campeche, Coahuila, Sinaloa, Chiapas, Michoacán y Zacatecas y son tres los estados los que prevén sanciones al gobernador por manejo indebido de fondos y recursos estatales y son Hidalgo, Puebla y Quintana Roo.
Este es el escenario que hoy día tenemos: una sociedad que cada día cree menos en los políticos; una sociedad que reciente los embates de las decisiones en materia macroeconómica que se toman; una sociedad que busca afanosamente una alternativa para poder tener el país que se le prometió a nuestros padres; un México lleno de alternativas; un México próspero.

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