Los “tapados”, más allá del calendario

Desde que Vicente Fox anunció, con más de dos años de anticipación, que buscaría convertirse en candidato presidencial del PAN, se estableció como costumbre entre la clase política nacional los intentos de iniciar la carrera por ser el abanderado del partido para un puesto de elección con bastante adelanto.

Esto se sumó al gusto del mexicano por lo que se llama futurismo: el intento por descubrir quién será el “bueno” en materia de candidaturas que en el caso de la presidencial se da desde que se conocen los nombres de los que integran el gabinete, pues adivinar el futuro es parte de los pasatiempos de los ciudadanos.

Es así que para nadie es sorpresa que estemos hablando de los aspirantes a la candidatura presidencial de 2018 con tanta anticipación. Los mismos personajes que se promueven para el puesto ponen de su parte, al dar a conocer sus intenciones y promover sus actividades con este propósito, a la vez que en medios tradicionales y digitales comienzan a circular los comentarios a favor y en contra de sus acciones y metas trazadas.

Con el elenco más o menos definido, se puede empezar entonces a medir que tanto suben o bajan en el carrusel político que implica una carrera tan adelantada, en la que no sólo importa el aguante sino la visión para establecer la estrategia más eficiente para terminar una competencia que cobrará, sin duda, víctimas en los distintos bandos partidistas.

En el caso del PRI, si bien cuenta con la ventaja de una estructura electoral que le dará votos al abanderado que elijan, así como la mitad de las gubernaturas en su poder, enfrentan un escenario complicado por la baja calificación del presidente Peña Nieto, además de demasiados expedientes abiertos relacionados con temas relativos a la corrupción —al menos en la percepción ciudadana—, así como pendientes en materia de seguridad pública, economía, combate contra la impunidad y la corrupción, todo lo cual se traduce en una pesada carga que deberá arrastrar su futuro candidato, sin descartar que se pudiera dar una división interna si los propios priístas perciben una imposición que los pudiera llevar a la derrota.

En el PAN, si bien las encuestas favorecen al blanquiazul además de que se encuentra enrachado por los triunfos estatales de las pasadas elecciones, además de contar con dos aspirantes que ya han hecho públicas sus intenciones para competir por la candidatura azul —Margarita Zavala de Calderón y Rafael Moreno Valle—, la duda acerca de cuál será la estrategia que seguirá Ricardo Anaya con relación a si buscará también competir desde la presidencia panista —siendo juez y parte, pues le toca conducir el proceso de elección interno— podría generar un enfrentamiento interno que afecte las posibilidades de este partido para 2018. No cabe duda que los propios panistas son sus peores enemigos.
En el caso del PRD, el panorama parece componerse para las aspiraciones de Miguel Ángel Mancera Espinosa, quien además de haber recibido el apoyo de legisladores y militantes, ha logrado trazar una estrategia para —en los hechos— quedarse como la única opción del sol azteca para el 2018. Las alianzas con otros partidos vendrán después, pero ni Silvano Aureoles o Graco Ramírez se ven con posibilidades de competirle exitosamente. El perredismo tiene en contra la baja en la votación que ha tenido luego de la salida de militantes hacia Morena, lo que le daría bajas oportunidades de ser la opción ciudadana dentro de poco menos de dos años, a lo que se suma su desgaste como fuerza política.

En terrenos de Morena, Andrés Manuel López Obrador no sólo cuenta con la candidatura en la bolsa, sino que continúa con su estrategia para mantenerse en el escenario político, ubicándose como una alternativa de sectores sociales inconformes con la actual marcha del país. No obstante, este apoyo, también cuenta con un número importante de ciudadanos que no votarían por él, lo que implicaría que una nueva campaña negativa en su contra o un abanderado que surja desde el bando independiente le podrían arrebatar votos constituyendo una nueva derrota en su carrera.

Finalmente, en el caso de los candidatos independientes se aprecia poca actividad. El más llamativo, por su triunfo en Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, se ha visto con poco empuje al no ofrecer los resultados esperados en el estado que gobierna, estando a punto de enfrentar una crisis de expectativas que podrían afectar sus planea futuros. De los otros aspirantes —Castañeda, Ferríz y demás apuntados—, poco se puede hablar a no ser que se desea abordar algo anecdótico pues al no contar con estructuras o financiamiento para recorrer el país su presencia en medios y en la opinión pública es escasa. El tema en este particular es si al llegar al 2018 seguirán buscando participar en los comicios y, de ser positiva la respuesta, cuántos de ellos lograrán reunir las firmas necesarias para aparecer en la boleta, además de conocer el número de votos que le podrían quitar a los partidos, algo que pudiera reducir las oportunidades de alguno de los abanderados de las distintas fuerzas que compitan.

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