Las niñas y los niños en tiempos del Covid-19 / I

Los Niños y Las Niñas en tiempos del Covid-19

María Cristina Salazar Acevedo

I Parte

El sábado pasado fue revelador. No había tenido contacto o noticia de ninguna niña o niño durante dos semanas de la cuarentena hasta que un remolino llegó a mi casa. Mis pequeños vecinos Lulú, de 6 años, y Sebastián, de 7, suelen visitar a mi mamá que es madrina de “levantar frente al Señor de la Salud” de Sebas.*

Sebas: – Madrina, ya llegamos!! Pero ahora no podemos abrazarla.

Lucy, mi mamá (con los ojos abiertos y sorprendida): – Hola hijos, pasen. ¿Ya saben qué es lo que tienen que hacer?

Sebas y Lulú (al unísono): ¡Ah, sí, lavarnos las manos!! Porque está el COVID-19, ¿verdad tía? (dirigiéndose a mí que puse cara de gusto pues en Oaxaca se dirigen con ese título a las personas que se respetan y al mismo tiempo se tiene una relación de cercanía aunque no sean parte de tu familia estrictamente).

Lulú: – Yo ya sé dónde (pasando al baño) y también ya sé cómo. Mire, tía.

Lulú abrió la llave, mojó sus manos, tomó el jabón y se lo untó; puso su manita derecha sobre su manita izquierda y entrelazando sus pequeños dedos, frotó suavemente ambas manos, mirándome y buscando aprobación, lo cual hice sonriéndole y asintiendo con mi cabeza.

Sebas: – Apúrate Lulú.

Lulú: -Ya voy.

Sebas también se lavó las manos y me explicó detalladamente cómo lo “tenía que hacer”.

Lulú y Sebas (dirigiéndose a mí): – Ya terminamos. Podemos colorear? O, ¿qué vamos a hacer hoy?

Era el cuarto día de este año que su visita tenía la intención de pintar o “hacer algo”, como ella y él dicen, refiriéndose a una creación plástica.

No estaba preparada para esa visita, fue sorpresiva; pensé rápido y saqué un papel bond que extendí en el piso dándoles también dos hojas recicladas a cada uno. Saqué, con su ayuda, porque estaban decididos a colaborar, los dos únicos botecitos de pintura que tenía, color amarillo y color rojo. Acercamos un vasito con agua y todo lo pusimos sobre el bond extendido. El único pincel lo rifamos y le tocó a Sebas. Lulú estuvo de acuerdo en pintar con sus deditos.

Foto: Lulú

Cris: – ¿Podrían pintar con estos colores cómo se sienten?

Sebas: – ¿Cómo que cómo nos sentimos?

Cris: – Sí, o sea, si te sientes triste, enojado, enojada, contenta, contento, hay muchas formas de sentirnos, ¿cómo te sientes hoy?

Lulú: – Ah, ya sé! Y aquí lo dibujamos (señalando las hojas).

Cris: – Sí, en sus hojas. Lo único que no se vale es salirse del papel; el papel es como si fuera la mesa, es su mesa de trabajo.

Estuvieron entregados a sus dibujos alrededor de 5 minutos, mientras yo continuaba lavando la fruta que había traído del mercado.

Sebas (dirigiéndose a Lulú): – ¡Estás enojada!

Lulú (enojada): – ¡No estoy enojada!

Sebas: – Tía, Lulú está enojada y dice que no.

Lulú: – Estoy enojada porque me está molestando, pero no vengo enojada, vengo contenta.

Cris (con calma, suavidad y firmeza al mismo tiempo): – Sebas, deja que Lulú pinte lo que ella quiera, tú puedes pintar lo tuyo. Cada quien sabe cómo se siente.

Después de este pequeño altercado, continuaron por alrededor de otros 15 minutos.

Lulú: – Ya terminé, lo puedo decorar?

Cris: – Claro, es tuyo, le puedes poner lo que gustes.

Lulú estuvo absorta con sus papeles todavía otros cinco minutos más. Hasta que se dio por satisfecha con su creación.

Sebas: – También ya terminé.

La niña y el niño se me acercaron donde yo estaba lavando, así que puse en pausa mi tarea y me senté a escucharles.

Cris (dirigiéndose a Lulú): ¿Y qué fue lo que pintaste? Cuéntame.

Lulú: – Pues aquí estoy yo. Estoy bien. Bien contenta. Me estoy comiendo una paleta de fresa.

Foto. Lulú

Cris (dirigiéndose a Sebas): ¿Y tú? Cuéntame, Sebas.

Sebas: Aquí estoy yo, en el columpio. Estoy feliz. Estoy soleado. Me estoy columpiando.

Lucy (que entró en ese momento): – ¡Guauuuu! ¡Qué hermosos dibujos! ¡Me encanta verlos felices!

Lulú: – ¿Nos los podemos llevar?

Cris: – Claro, son de ustedes.

Lulú: – Se lo voy a enseñar a mi mamá.

Sebas: – Yo también.

Salieron al patio corriendo con sus dibujos en las manos, y de ahí a la calle, sin despedirse de beso como lo suelen hacer. Tomaron sus bicicletas y voltearon sonrientes diciendo adiós con sus manitas.

Sebas: – ¡A ver qué otro día venimos a verlas, si nos dan permiso!

Mi corazón quedó tranquilo y feliz. Recordé que las niñas y niños, como lo hacen siempre que tienen un entorno que les da seguridad, expresan su felicidad porque viven en el presente. Observa sus dibujos. Deseo te puedan transmitir su alegría.

¿Podrías hacer el esfuerzo de preguntarles cómo se sienten a las niñas y niños que tienes cerca? En muchos casos, si tienen alguna emoción aflictiva, cuando les escuchas y le das valor a lo que ellas y ellos sienten, hay un alivio. Pueden estar seguros de enfrentar cualquier situación por más difícil que esta sea, porque tienen compañía y seguridad emocional y en estos tiempos, hablar de cómo nos sentimos resulta necesario e indispensable.

*En muchas comunidades de Oaxaca, existe el padrinazgo, en este caso madrinazgo, cuando una niña o niño pequeño se enferma con frecuencia y su familia busca a una persona que lo lleve a levantar, haciendo una oración y petición por la niña o niño frente a la imagen de un santo que se considera tiene poder para curar.

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