A la que vino del mar por César Chávez

A la que vino del mar (Adriana)

“No hay ni una sola historia de amor real
que tenga un final feliz.
Si es amor, no tendrá final.
Y si lo tiene, no será feliz.”

Joaquín Sabina.

Dos años han pasado ya desde aquel 2 de julio.

El confinamiento es la causa que me orilló a escribir. Es probable que en otras circunstancias los amigos y la familia estaríamos convocados al barrio de Jalatlaco, uno de nuestros sitios favoritos en la ciudad. Pero eso no es posible por una pandemia que recorre el mundo con un nombre raro: Covid19, y que hace meses impide que la sociedad desarrolle sus actividades con normalidad.

Te cuento que tu hija es ya una adolescente. Digna hija de su madre: Su Señoría. Siempre fue nuestra Niña de Agua: fuerte, decidida, valiente; un alma que desde el primer momento tomó el control de su destino.

Fuimos siempre una familia viviendo a plenitud; intensamente. De todo eso hablamos tu hija y yo. Sé que no te digo nada nuevo al señalar que tiene cada recuerdo juntos que te sorprendería. Una memoria privilegiada. Verla cada día me refuerza la convicción que tus 10 años con ella, amándola y procurándola, la dotaron de una coraza suficiente para seguir el camino no sin dolor, pero si con la fortaleza para enfrentar los desafíos en tu ausencia.

Tu amor y la red de cariño y afecto genuino que, en torno de Adriana, han generado sus primas Regina, Victoria y Sofía, y todos sus amigos que, como siempre asumimos, son niños excepcionales: Sofía y María, Nataly, Ximena, Maya, Dubai, Emiliano, Rodrigo, Johan, Alan, André, Santiago, Pedro, Fabrizio

No escribo estas líneas desde la nostalgia, ni desde el dolor. Lo hago desde el amor. Además, sabes que me apasiona arrastrar el lápiz. ¿Recuerdas? Aquellos versos que te conquistaron. Bueno, no eran exactamente mis versos, pero igual te conquistaron. A ti que te fascinaba tanto la poesía de León Felipe, Bonifaz Nuño, Walt Whitman.

Siempre fuiste una mujer con una gran entereza. Siempre con una gran templanza. Hasta el instante final.  Siempre con esa grandeza de espíritu y con esa generosidad.

¿Te echamos de menos? Sí. Cada día desde ese momento. Y así será, en resumidas cuentas, usando esa frase tan tuya que me desconcertaba: por siempre jamás.

Te decía que tu hija y yo hablamos de ti y algunas veces contigo – yo -, desde el cariño, la comprensión, la generosidad, el humanismo, la justicia y esas cualidades que te hacían especial.  Escucho 19 días y 500 noches o Ahora y evoco nuestros viajes habituales a la Ciudad de México para el encuentro con tu otro flaco. Estuvimos ahí para el estreno de Lo Niego Todo, que en muchos sentidos marcó la etapa final. Recuerdo con particular cariño la noche que coincidimos cenando en el Au Pied de Cochon y cómo se hizo añicos aquella sentencia cariñosa mía que él y yo no cabíamos en la misma foto contigo. En fin.

Hoy quiero citar palabras de Ann Druyan, esposa de Carl Sagan, que expresan lo que significó compartir contigo la vida. Cosas de los paralelismos. 20 años, nuestros años juntos. “…Lo más grandioso es que mientras estuvimos juntos, por casi 20 años, vivimos con una apreciación real de lo breve que es la vida y lo preciosa que es. Nunca trivializamos el significado de la muerte fingiendo que era algo más que una separación definitiva. Cada momento que estuvimos vivos y estuvimos juntos fue milagroso, pero no en el sentido de inexplicable o sobrenatural.  Sabíamos que habíamos sido beneficiados por el azar … que el azar puro haya sido tan generoso y tan amable que nos pudimos encontrar en la inmensidad del espacio y la inmensidad del tiempo…que hayamos podido estar juntos  durante 20 años. Eso es algo que me sostiene y que es mucho más significativo… Nos vimos el uno al otro. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos y eso fue maravilloso”.

Entre nosotros sólo quedó pendiente el viaje a La Habana. Un viaje para el que, ni tu ni yo, estuvimos dispuestos en la condición que guardaba y guarda esa Isla hermosa que nos cautivó desde siempre, aunque por razones distintas. Ya sabes, cosas del Internacionalismo Revolucionario.

Espero que Adri acepte realizar ese viaje conmigo en algún momento.

¿Recuerdas como evocábamos dos escenas maravillosas de la película Havana?, una película ambientada en el final de la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba, que resumían lo enamorado que llegó a estar Jack Weil (Roberto Redford) de Bobby Duran (Lena Olin) y que nos dieron identidad al momento de encontrarnos.

Jack: ¿Quieres cambiar el mundo Bobby? Cambia el mío.

Y la frase final:

Bobby: ¿Me estabas esperando?

Jack: Toda mi vida.

 

César Chávez.

 

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