La derecha se agrieta por José García Sánchez

La alianza de la oposición de derecha comienza a mostrar grietas. El acuerdo Sí por México, como sucedió con el Pacto por México, lo tomaron las cúpulas de los partidos sin consultar a las bases.

Esta alianza tiene la gran justificación, ante la militancia, que de no unirse electoralmente más de un partido no sólo se juega la derrota en las urnas sino la desaparición como partido político. Ante esta urgencia anunciaron una coalición electoral que podría no llegar a buen puerto el día de las elecciones.

Hay muchos egos en juego y debe haber sólo un candidato de ellos a la Presidencia de la República. Quien quiera que sea el candidato debe tener la suficiente fuerza como para superar al actual presidente en cuanto a control total de su movimiento, coalición o alianza. Es decir, un verdadero autoritarismo superior al que inspiró a Jorge Carpizo a escribir en 1978, El Presidencialismo Mexicano.

Si ahora se queja la derecha de centralización del poder, el próximo candidato de la derecha unida debe tener como característica un mandato mayor y eso sólo puede basarse en el número de votos, liderazgo y carisma.

Es decir, no sólo debe haber un candidato fuerte que enfrente a Morena en 2024, sino que éste debe ser autoritario y antidemocrático, no sólo por haber surgido de un movimiento más cerca del golpe de Estado que de la democracia, sino porque debe encausar la unidad a partir de imposiciones frente a una diversidad de derechas con intereses y necesidades muy dispersas además de diversas.

Las cualidades que la unidad de la derecha, encabezada por un empresario radical, tiene como principal característica atacar toda decisión del Presidente, que no siempre coincide con las disposiciones del gobierno federal actual.

En esta panorámica del proceso improvisado de unidad, el senador panista Damián Zepeda calificó de incongruencia por parte del PAN, aliarse en las elecciones de 2021 con el PRI en algunas gubernaturas.

El legislador dijo que esa unión no lo representa al mostrar el convenio de coalición que firmó su partido con el PRI, y lo que queda del PRD para las elecciones en San Luis Potosí, y reitero que no lo avala.

Lo mismo sucederá con priistas. Los perredistas no tienen otra alternativa. De no unirse mueren, y muy probablemente mueran con todo y alianza. Des una especie que debe desaparecer de la política mexicana.

Las decisiones de los dirigentes de los partidos muestran nula democracia interna, es una contradicción imperdonable que quieran luchar por la democracia como partido y dentro de sus filas no todos están de acuerdo con la alianza electoral con quienes antes eran sus contrincantes.

Los dirigentes nacionales de los partidos de derecha, incluso de la izquierda, se consideran con el consenso suficiente como para tomar decisiones que deben poner a consideración de la militancia si quieren evitar fisuras en sus filas.

Recordemos que desde la víspera de las elecciones de 2018, hubo deserción masiva en el PAN, del PRI y del PRD, algunos se iban a Morena, otros simplemente cancelaban su vida de militancia, su origen son las tomas de decisiones sin consenso, de tal suerte que ese tipo de alianzas no puede tomarse en serio porque en lugar de fortalecer a los integrantes los debilita.

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