¿Y la civilización para cuándo? por Juan Ibarrola C

Han sido inevitables las últimas dos semanas, los análisis periodísticos respecto a la acción militar de nuestros días.

En estos análisis —hechos por periodistas, por políticos o por legisladores— no se encuentran propuestas para que los soldados de tierra, mar y aire, “regresen a sus cuarteles”. Y sí, “regresen”, así, entrecomillas, ya que en la más profunda realidad no se analiza, ni mucho menos se acepta que soldados y marinos ¡siempre! han estado fuera de los cuarteles, justamente, coadyuvando a distintas autoridades a poder cumplir con lo que a esas autoridades les corresponde.

¿Para qué quieren que se regresen?

Y la pregunta vale debido a que se insiste en que los análisis en cuestión no ofrecen las soluciones para que las instituciones civiles a las que apoyan soldados y marinos se fortalezcan y, ya entrados en gastos, no necesiten de las fuerzas armadas.

No es pleito…

… es llamar la atención de quien insiste con el tema de la militarización y más allá, de quien afirma que la misma, necesariamente es negativa.

Valdría la pena generar el debate sobre la urgencia de comenzar a civilizar las instituciones que, aun y a pesar de serlo en su origen, necesitan de los militares. Por civilizar se refiere a que, por ejemplo, policías municipales y estatales se profesionalicen, o bien, que existan las políticas públicas que logren la dignificación laboral y salarial del policía en México.

Poco o nada se analiza que, cuando existe inseguridad, la institucionalidad se afecta y sin duda en nuestro país, una de las causas de la debilidad o inexistencia de autoridad o bien de instituciones, es precisamente por los efectos que les causa la misma.

Insistir más sobre las acciones que realizan las fuerzas armadas para el fortalecimiento institucional no tiene sentido; en primer lugar, debido a que esa es precisamente una de las misiones de soldados y marinos y, por tanto, aun y a pesar de la crítica no lo dejarán de hacer ya que es su obligación. En segundo lugar, porque efectivamente, al momento de escribir estas líneas, nadie, absolutamente nadie, propone una solución diferente a la que las fuerzas armadas aportan.

En tercer lugar y no menos importante, es que este espacio por persistente se vuelva necio, sin embargo, me quedo con que la diferencia entre los dos es el resultado, y en ese sentido, los militares siempre entregan los mejores resultados.

Quienes se rasgan las vestiduras con este cuento de la militarización son directa o indirectamente beneficiarios de lo que las fuerzas armadas logran diariamente por este país.

Quienes se rasgan las vestiduras deben comprender que los militares son la institución de mayor nivel confianza entre la población, la menos corrupta, la más efectiva; son la única institución del país que tiene su propia ley y no por ello los abusos o excesos contra el Estado mexicano o bien de su población, se han dejado de perseguir y castigar cuando alguno de sus miembros ha sido culpable.

Quienes se rasgan las vestiduras con el “riesgo” de la militarización no han querido aceptar que pasan los años, pasan los gobiernos, llegan presidentes e ideas, se generan nuevos proyectos de nación; se viven crisis económicas, políticas y sociales y los soldados de tierra, mar y aire han estado siempre ahí.

¡Siempre leales!

Siempre preparados para lo que el país exija.

¡Siempre!

jibarrolas@hotmail.com
@elibarrola
www.cadenademando.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *