La alianza cascajo por José García Sánchez

A nadie debe extrañar que el PRI, el PAN y lo que queda del PRD se haya unido a ciertos empresarios para crear un frente común para 2021, siempre han estadlo aliados. Han trabajado juntos desde hace mucho tiempo y más de uno de los dirigentes de esos partidos son socios de esos capitalistas.
Si esta alianza se hubiera concretado hace 10 años, no sólo hubiera sorprendido, incluso algunos dirían que sería invencible, pero ahora no sólo no infunde miedo sino que pareciera que los empresarios nostálgicos sólo recogerán cascajo.
Los tres partidos mencionados no sólo reúnen personajes del pasado sino a algunos de los más corruptos políticos del país.
Marko Cortés, Alejandro Moreno Cárdenas y Jesús Zambrano, todos ellos de derecha, aseguran que siempre han buscado sumar alianzas con la sociedad, –pero es la sociedad la que los ha rechazado, consta en actas electorales–. Estos sujetos unirán fuerzas con Sí por México, que tiene como mecenas a Claudio X. González y al presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos.
El cascajo es porque el PAN ya no tiene registro en Tabasco, pero el PRD está peor. Ante esta realidad 23 partidos locales y nacionales perdieron su registro en la pasada elección en 17 estados, lo que significará un ahorro de cerca de 718 millones 652 mil pesos para los gobiernos locales.
Movimiento Ciudadano perdió su registro en 12 estados, el PRD en 6, PT en 4 y Acción Nacional en 1. En Aguascalientes, por ejemplo, el PRD y MC perdieron su registro. En Colima, Querétaro, Nuevo León y Jalisco el PRD no existe más.
En las recientes elecciones de Coahuila, (Congreso local) e Hidalgo (84 alcaldías), ganó el PRI, son sus bastiones, pero en términos reales, la votación a favor de partidos como Morena creció pero para otros como el PAN, disminuyó.
Es decir, la alianza no es tan sólida como lo hubiera sido hace 10 años, menos aún si consideramos que carecen de candidatos fuertes. El PAN, por ejemplo, se dedicó a cuestionar todo lo que hacía el gobierno federal y descuidó su relación con la sociedad, pero sobre todo, la posibilidad de capacitar cuadros para los liderazgos.
El PRI no puede vivir de promesas más tiempo sin estructura real. No la tendrá por arte de magia o por la demagogia de su líder nacional. La alianza pareciera un acto de definición más que de lucha electoral. Ahora todos se ubican en una derecha rancia que la nostalgia volvió religión. Y los empresarios confiesan su actividad política que antes negaban.
Estamos hablando además de la privatización de los partidos políticos que no necesitarán del subsidio del INE, sus padrinos podrán costear no sólo las candidaturas sino las estructuras necesarias para uno que otro fraude electoral.
Esa parte añeja de la iniciativa privada cegada por la obsesión de derrocar al actual gobierno, por lo menos en el Poder Legislativo, les impide ver hacia el futuro, donde tendrán que responsabilizarse de sus entenados como si se tratara de mantener empresas en quiebra. Esto no implica que ganen o pierdan las elecciones sino que existan como partidos, ninguno de ellos están en su mejor momento.
La vieja intención de unir fuerzas contra López Obrador, hace responsables históricos a los empresarios de mantener esas fuerzas políticas que seguramente podrán responder a sus apoyos sólo si triunfan, mientras tanto a los partidos seguirán chupando presupuesto y prestigio a esos empresarios que por cuestiones viscerales no pueden ver más allá de sus intereses inmediatos.
Ahora la IP nacional mantendrá a los nuevos ninis, que ni gobiernan ni dejan gobernar.

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