Julián González Villarreal: Los presidenciables

*Julián González Villarreal

Es tiempo electoral y la atención de muchos se centra en los presidenciables. Encuestas van y encuestas vienen, cada una con el método que pone al frente a su propio candidato, pues la Estadística cuantitativa, siempre tiene una interpretación referencial.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), como político de muchos años, encabeza hoy la mayoría de las encuestas realizadas en forma virtual, y según los resultados presentados por distintos medios de comunicación. La razón es muy sencilla, López Obrador, es un político, estadista, estratega, y conocedor de la situación real del país, pues lo ha recorrido en varias ocasiones; un día está en una importante ciudad, otro día está en algún municipio dentro del territorio nacional. Su carácter adusto, permite pocos cuestionamientos y eso hace que algunos le digan intolerante. Muchos también cuestionan sus alianzas y nombres en su gabinete y eso será motivo de otro comentario, pero quien le aguante el camino a AMLO, que arroje la primera piedra.

Ricardo Anaya es el segundo presidenciable preferido en las encuestas, sin embargo, su principal karma, es su propia soberbia. En más de un medio de comunicación se habla de su esfuerzo estratégico por llegar a la Presidencia de la República, por encima, incluso, de sus propios mentores, correligionarios y acompañantes en la construcción del frente, pero es precisamente, la forma en el resultado de su precandidatura, motivada tal vez desde la misma estructura del estado y vista casi como una obsesión de este precandidato, lo que no permite ver al ser humano y sólo dejar ver, al político impulsivo que es.

José Antonio Meade, no logra subir en la preferencia electoral y hasta el día de hoy, sigue apareciendo en tercer lugar. Lamentablemente, no se le encuentra una identidad, pues un día trabaja bajo el programa político del Partido Acción Nacional (PAN) y otro día, con el programa social del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Un día lo visten con el atuendo de algún grupo étnico, sin comprender que “el hábito no hace al monje ” y otro aparece de etiqueta hablando ante empresarios sobre la visión de un país en donde se omite la cruda realidad de los millones de pobres que existen en el país, precisamente, como resultado de las políticas públicas que el mismo José Antonio Meade, diseñó y aplicó.

En conclusión, AMLO, puede ser intolerante pero en su ejercicio político demostró que sin honestidad y disciplina, no puede cumplirse la premisa básica de un gobernante: velar por mejores condiciones de vida de sus gobernantes. La soberbia de Anaya, y su plan mediático de austeridad, nos habla de una incongruencia objetiva en donde no ve, el que no quiere ver. Meade, tiene visión respecto al país que quiere, sin embargo, su trabajo dentro de las distintas secretarías, no son referente de un estadista, al contrario, es más bien, el referente de un tecnócrata al servicio de intereses más altos.

La mejor opinión es de usted.

*Maestro en Pedagogía Crítica.

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