José García Sánchez: Partidos decadentes

José García Sánchez

Los partidos políticos tienen como principal objetivo tomar el poder, pero no es su único fin. Pero en México hay partidos que se conforman con competir aunque sepan que no van a ganar y para eso se hicieron las alianzas electorales y las coaliciones efímeras y poco sólidas.
En México un partido es fuerte cuando gana votos, no cuando gana el poder. Se definen sólidos cuando tienen líderes más o menos competitivos, cuando en realidad esto debe ser la regla no la excepción, pero el apoyo que tienen desde el INE, que se convierte en complicidad según el momento y el espacio, los hace llenarse la boca diciendo que vivimos un sistema de partido.
Lo cierto es que en nuestro país no hay partido fuerte. Al contrario, su postura ante la realidad es exótica y extravagantes, cualquiera que sea el membrete y, junto con sus legisladores, han dejado de representar a nadie.
Las elecciones de 2018 se presentan como una ausencia total de representación social de parte de los partidos políticos en México. Por su parte, los independientes murieron en el primer intento de gobierno que intentaron asumir. Poco o nada hubo de diferencias con los candidatos de los partidos políticos.
Ahora quieren revivir la figura de los independientes, cuando tienen más raigambre partidista que los anteriores independientes.
Pocos podrían imaginarse a Margarita Zavala como independiente, con todos los vicios de un PAN al que le cuesta trabajo definirse incluso en su propia cúpula.
Así, sin definición, programa, ni estrategia se encuentran los partidos políticos en México, de tal suerte que en las elecciones de 2018 poco podrán hacer por la democracia. Al poder le interesa que haya partidos políticos de membrete, así no hay opositores fuertes ni campañas sólidas que puedan arrebatarles el cargo, y si se lo ganan siempre será por muy poca diferencia de votos porque los votos en México son solamente cualitativos, no cuantitativos.
Los partidos no analizan ni victoria ni derrota por lo tanto su conciencia sobre sí mismo no pasa de cifras sin sentido y espacios ganados o perdidos. La labor social de los partidos está enclavada en la apropiación el presupuesto destinado a la sociedad para fines electorales o personales.
El INE pareciera tener frente a sí a personajes dignos de representar un partido político, cuando lo que representan son estructuras decadentes que muestran su propio anacronismo. La autoridad electoral n encuentra obstáculos a la falta de modernización de los partidos, esto les llevaría a tener que modificar las leyes electorales, que es lo único que hacen, pero que en realidad no les interesa reformar, porque implica trabajo y prefieren vivir sin hacer nada con sus millonarios salarios.
En realidad se trata de tres partidos en México, el PRI, el PAN y el PRD, estos dos últimos aliados por el momento en algunas elecciones, campañas y gobiernos. Una especie de ensayo para un frente amplio que quiere terminar con el PRI y, de paso, afirman, con el individualismo de Andrés Manuel López Obrador.
Lo que en su momento designaron con desprecio movimiento, como una especie de partido político en embrión, ahora viene a salvar e impulsar una opción partidista que debería quedarse como movimiento y no caer en la tentación de convertirse en partido político.

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