José García Sánchez : A Meade no se le va el avión

José García Sánchez

Cuando se insiste tanto en una campaña política sobre el uso de un taxi aéreo, que resulta ser más barato que un viaje comercial cuando se visitan varios poblados, es que no hay nada que decir en esa campaña en busca del voto. Sobre todo después de tres días de haber sucedido el incidente del avión.
Insistir sobre una anécdota como eje del discurso de campaña, por absurda que sea la conducta del contrincante, habla de una campaña hueca que nunca debió tener un abanderado como Meade.
Meade no se ha dado cuenta que proviene de un partido político identificado por sus excesos. Los verdaderos militantes del PRI han viajado en aviones del gobierno para asistir a fiestas particulares y familiares. Pero de eso nada sabe quien pareciera haber aprendido la historia del país a partir de la llegada de Peña Nieto al poder.
El mayor lastre de Meade es el partido que los postula y la pesada carga que le impide subir es la conducta de los priistas en el gobierno. Es decir, sus enemigos no están en la competencia electoral sino en su propia campaña.
El PRI le exige subir en la intención del voto a Meade, pero se olvida que el impedimento radica en la conducta de los priistas, los funcionarios públicos, ex compañeros de gabinete de Meade, lo presionan para que dé más, pero se olvidan que es su conducta la que no lo deja avanzar.
Si Meade no sabe de dónde viene, menos va a saber a dónde va.
La febril rabia de más de un candidato contra el abanderad o de Morena, lo hace ver no sólo con una obsesión desesperada sino patológica. Es el enemigo a vencer, de eso no hay duda pero no hay uno solo de ellos que muestre un programa lo suficientemente creativo que pueda opacar la imagen del resto de los competidores.
Pero la obsesión por el avión privado contratado por López Obrador es una piedra en el zapato de Meade y un estorbo en la conciencia del priísta adoptado.
Considera que es un punto débil del enemigo cuando sólo cansa al electorado de por sí harto de todo lo que huele a PRI.
Meade cumplirá una semana hablando del avión que alquiló su contrincante. La conducta de su rival la basa en un viaje en avión, el proyecto de su contrincante y el suyo propio lo educe a un viaje en avión y así reduce las posibilidades de que el votante conozca lo que Meade ofrece de llegar a ser presidente de la República.
Meade trata de hacer un análisis, casi psiquiátrico, de la personalidad de López Obrador a causa de ese viaje en avión privado, y arroja conclusiones de preparatoriano. Puede hacerlo pero prohíbe a los mexicanos conocer sus brillantes proyectos de nación, de hombre ilustrado en las universidades del vecino país, y autodenominado el más preparado de los candidatos.
Toda esa parafernalia con la que lo subieron a la arena electoral viene a reducirse a un simple berrinche porque uno de sus contrincantes viajó en un avión comercial, situación que al parecer no lo deja dormir.
Ojalá pueda hacer un paréntesis en esta ardua labor del avión privado para continuar su campaña, ya falta menos que antes para la jornada electoral.

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