Isidoro Yescas: Oaxaca, territorio sin leyes

Isidoro Yescas

Cuando el jefe del poder ejecutivo del gobierno del estado de Oaxaca declara que gozamos de paz social y todos los oaxaqueños somos testigos de lo contrario es que alguien está equivocado, o que  la realidad es percibida en forma diametralmente diferente  por gobernantes y gobernados.

Cuando  el mismo gobernante le  tiende la mano a todo tipo de liderazgos, aliados y adversarios, y se sienta y toma la foto con personajes de dudosa reputación; viaja en taxi con las camionetas oficiales detrás de él;  inventa el  tequio “light”  para los empleados de confianza del gobierno del estado y anticipa que en un año acabará con la extrema pobreza de los municipios, es que estamos ante un nuevo estilo de gobernar, de muchos altibajos,  flashes  y murmullos, pero también de muchas promesas y expectativas para que algún día, tal vez,  se hable del “milagro oaxaqueño”.

Cuando nos enteramos que se empiezan a anunciar “históricas” inversiones para impulsar el desarrollo económico y social de Oaxaca, pero al mismo tiempo  el gobierno del estado  justifica su inacción alegando un presupuesto insuficiente,   nos acordamos que eso mismo ocurrió en el pasado sexenio,solo que al fenecer asomaron por doquier desfalcos, desvíos de recursos y nuevos ricos sexenales.

Cuando la  flamante Secretaria de las Culturas y las Artes del gobierno del estado, Ana María Vásquez Colmenares, pretende reiventar la Guelaguetza y descubrir el hilo negro de nuestras costumbres y tradiciones, caemos en la cuenta de que en la oleada colonizadora que sufre Oaxaca los yuppies quieren trastocar todo en el menor tiempo posible, incluyendo, por supuesto, nuestra cultura.

Cuando a punto de caerse de la silla, al presidente municipal, José Antonio Hernández Fraguas, pide auxilio al primer priísta de Oaxaca  para volver a sentarse y concluir su período,  queda la duda si todavía piensa reelegirse, renunciar en algunos meses para  buscar otro cargo de elección popular o de plano retirarse a escribir sus memorias.

Cuando los oaxaqueños somos testigos del caos que un día sí y el otro también vive la ciudad de Oaxaca y sus alrededores por la intermitente movilización y presión de las organizaciones clientelares, intentamos sin éxito buscar explicaciones a este alud interminable de  conflictos que no le pide nada al sexenio anterior, para concluir que con un gobierno tecnocrático y sin vocación social,  y dedicado solo a administrar los conflictos ,difícilmente volveremos a recuperar la gobernabilidad y la paz social que tanta falta le hace a nuestro estado.

Y cuando en vísperas del Primer Lunes del Cerro esas organizaciones, y la sección 22 del SNTE, meten el acelerador a la presión política, agudizando el caos vial, la polución por tanta basura regada por toda la ciudad  y el hartazgo ciudadano, y los gobiernos estatal y municipal siguen pasmados, entonces sí  que lo único que queda es rezar y rascarse con sus propias uñas, porque hoy Oaxaca tal parece que es territorio sin leyes y sin gobiernos.

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