Informes de gobierno

Se ha convertido en costumbre que los informes de gobierno se utilicen como una herramienta más de promoción de la imagen del funcionario público, más que como una parte de la rendición de cuentas que todo administrador público debe hacer de cara a la ciudadanía. En un contexto en el que el principal objetivo de la clase política es el tema electoral, un informe de gobierno se inscribe en esta lógica y no como una obligación.

Imagen e informe

Los informes de gobierno no están pensados para rendir cuentas a los ciudadanos, sino como parte de la promoción del gobernante en turno con miras a proseguir con su carrera política en un futuro cercano. El ritual parece sacado de un manual de relaciones públicas: se dan entrevistas para crear el clima de opinión acerca del evento, si alguna de ellas genera una portada, pues mejor; comienzan a difundirse los spots que publicitan la ocasión, con datos seleccionados para que el gobernante quede bien ante el público, lo que provoca que el gasto en comunicación social se eleve por este tema, pues no sólo es radio y televisión los utilizados, sino los medios digitales y las redes sociales.

El día del evento, hay un despliegue para su cobertura e, incluso, se pide o contrata con medios tradicionales y digitales la difusión en vivo del informe, cuidando que los comentarios o cuestionamientos de la oposición sean poco presentados.

Así, los gobernantes pueden tener su semana para un lucimiento que de otra manera no podrían conseguir por los candados legales existentes, pero que también sirve para mejorar la imagen del funcionario.

De esta manera, hemos visto en las últimas semanas como Silvano Aureoles, de Michoacán; Miguel Ángel Mancera, de la Ciudad de México, entre otros en el pasado reciente, que empiezan a difundir los informes de sus respectivas administraciones, con el detalle de que lo hacen con cobertura nacional.
Pero el tema que se debería debatir es que tanto se logra con las acciones que describimos en los párrafos anteriores que la ciudadanía pueda evaluar adecuadamente la función de los gobernantes electos y, gracias a esto, tener más elementos para ejercer su voto.

Los presupuestos cada vez más altos, así como el uso de ciertas tácticas para lograr posicionar una mejor imagen del presidente municipal, legislador, gobernador o presidente de la república, nos muestran que en lugar de ser herramientas para la rendición de cuentas se trata de estrategias de imagen para quien desea continuar su carrera política o pasar a la historia como un bien funcionario.

La prensa también contribuye a esta situación, pues dedica reducidos espacios a la evaluación o contraste en cada informe de gobierno presentado, pues sólo un puñado de ellos lo hace, a veces con el apoyo de una institución de estudios y análisis, en parte para no poner en riesgo el presupuesto que la administración en turno dedica a este rubro, lo que ayuda a la viabilidad financiera de muchos medios que depende en gran medida de la publicidad oficial.

A esto se suma que el formato del informe, la estrategia para su difusión y el contenido del mismo no se han diseñado para captar la atención del ciudadano promedio, pues en la mayoría de los casos se trata de textos plagados de cifras y recuadros, con varios anexos, una extensión larguísima y en tirajes reducidos, características que alejan a cualquier persona que tenga la más mínima intención para enterarse acerca de este asunto.

Tampoco hay una campaña para dar a conocer detalles de importancia de lo hecho por una administración pública en el último año de labores, pues las cifras y los datos son elegidos cuidadosamente para lograr mejorar la imagen del funcionario, no para que el ciudadano pueda tener elementos para evaluarlo, pues siempre se presume que se hizo más –carreteras, alumbrado, por ejemplo– que en la administración anterior.

En pocas ocasiones se reconoce algún faltante, algún tema en el que faltó hacer más o un pendiente que no se pudo concretar, y cuando se hace la culpa es de factores externos.

En resumen, de ser una obligación para el gobernante, el informe de gobierno se ha convertido en una herramienta de imagen, en la cual vale más la portada de una revista o la presencia en espectaculares y portales de Internet, que en dar a la ciudadanía una manera de poder evaluar al funcionario electo en las urnas.

Si el ritual de los informes de gobierno desapareciera, quizá el ciudadano ni cuenta se dé, los medios sufrirían por la falta de estos recursos y los políticos buscarían una nueva forma de promocionarse. Pero la cultura cívica, aquella que nos dice cuáles son los derechos y las obligaciones de gobernantes y gobernados, seguiría como la gran ausente de nuestra vida pública.

Del tintero

Otra actividad política que, al parecer, interesa poco al ciudadano es la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. Esta instancia reproduce los vicios de los órganos legislativos y los resultados de la misma no son apreciado por el público, menos difundidos.

@AReyesVigueras

Columnista en el Diario Digital Indicador Político y en la Revista Digital Indicador Político. Docente en la Universidad del Valle de México, Universidad de la Comunicación, Universidad Insurgentes y Escuela Bancaria y Comercial. Autor del blog Queso, PAN y Vino a favor del Partido Acción Nacional. Laboró en revista La Nación con notas informativas, crónicas, reportajes, así como entrevistas a presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, entre otros.

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