Infodemia letal por Francisco J. Sánchez

Francisco J. Sánchez

A Valeria Carolina y su generación.

-I-

En el cuarto miércoles de enero, se cerró el mundo.
Se usaron centenares de barreras viales de polietileno como cerrojos para calles, avenidas y autopistas, en tanto, otros miles de policías se convirtieron en tapones para controlar la comunicación directa con el exterior.
El aeropuerto internacional suspendió los vuelos; los autobuses, el metro y las estaciones de tren, las corridas. Las multitudes dejaron de asistir a sus reuniones públicas y todas las agencias de viaje suspendieron los recorridos turísticos.
Y más de once millones de personas prefirieron encerrar su pánico tras puertas, ventanas y balcones frente a la irreversible orden del gobierno chino:
Wuhan -la séptima ciudad más grande del país y origen del nuevo coronavirus 2019-nCoV- estaba en cuarentena.

-II-

En el extremo de ese miércoles, a la misma hora, se vivía en otro mundo.
Hugo López-Gatell, médico cirujano, doctorado en epidemiología y subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del gobierno federal sostenía la falta de motivos para que la población fuera presa del pánico.
No hay evidencia que el nuevo coronavirus provoque una enfermedad grave -sostenía quien un par de meses más tarde se convertiría en el hombre más mediático del país, después del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador-.
Y enumeraba algunos argumentos en una conferencia de prensa:
La mortalidad era menor al uno por ciento; el sector salud contaba con la experiencia de la pandemia de la influenza A/H1N1 del 2009; había capacidad en infraestructura hospitalaria del país para hacerle frente y no se visualizaba una situación de emergencia.
No obstante, reconocía que existían muchos elementos de la cepa que se desconocían como la transmisibilidad, que en términos simples, era el número de personas que podrían contagiarse del virus a partir de un infectado.
El subsecretario López-Gatell tenía las suficientes razones para mantener distancia de las especulaciones: esperaba el resultado de una prueba especializada para un caso sospechoso del Coronavirus que viajó a Wuhan, Hubei, China y regreso a México.

-III-

Hora y media después de iniciada la conferencia de prensa del funcionario mexicano, el Comité de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), concluyó la primera teleconferencia urgente entre sus mejores especialistas, sin embargo, no alcanzaron un consenso para proponer una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional identificada como ESPII.
Según los reportes y evidencias científicas, el brote del nuevo coronavirus 2019-nCoV, tenía origen animal y fue transmitido al hombre; el lugar de procedencia estaba en la ciudad de Wuhan y ya reportaban más casos en la República Popular China y notificaciones de otros importados en Corea, Japón, Tailandia y Singapur.
Pero las pruebas llegaron siete días antes del plazo de diez que se autoimpusieron y, sin más tiempo que perder la OMS soltó la ESPII con un llamado a los 196 países, que integran el acuerdo mundial, a prevenir la propagación del virus con las evidencias científicas con las que se disponía.
Sin embargo, el llamado fue insuficiente y fue también un miércoles, el 11 de marzo, cuando Tedros Adhanom Ghebreyesus, un biólogo, político etíope y Director General de la Organización Mundial de la Salud soltó lo que cientos de científicos, especialistas y académicos veían como innegable:
“En las últimas dos semanas, el número de casos de Covid-19 ( o coronavirus 2019-nCoV ) fuera de China se ha multiplicado por 13, y el número de países afectados se ha triplicado. Ahora hay más de 118 mil casos en 114 países, y cuatro mil 291 personas han perdido la vida.
“Miles más están luchando por sus vidas en los hospitales”.
Y remató:
“Por lo tanto, hemos evaluado que Covid-19 puede caracterizarse como una pandemia.
“Pandemia no es una palabra para usar a la ligera o descuidadamente. Es una palabra que, si se usa incorrectamente, puede causar un miedo irrazonable o una aceptación injustificada de que la lucha ha terminado, lo que lleva a un sufrimiento y muerte innecesarios.
“Hemos tocado el timbre de la alarma alto y claro”.

-IV-

En los setenta y dos días que abarcó el reporte de la Comisión Municipal de Salud de Wuhan, provincia de Hubei, China, sobre una mezcla confusa de casos de neumonía hasta la declaración de pandemia, el mundo también sufría de otra grave distorsión sociomediática: la infodemia.
En varios países, incluyendo México, y por supuesto Oaxaca, circularon millones de veces, cientos de mensajes en redes sociales y cadenas de WhatsApp que exageraban, descontextualizada, falseaban o satirizaban la realidad sobre la enfermedad.
Unos, aseguraban la aplicación de un estado de emergencia en territorio mexicano por el Covid-19; otros que el plátano podía curar una infección o que sostener la respiración por más o menos de 10 segundos era una prueba diagnóstica para saber se estaba infectado.
En el otro frente, a principios de marzo, el presidente de la República, Andrés Manuel López Orador aseguraba que no había nada malo en abrazarse y detonaba la cotidiana la confrontación ideológica entre la izquierda y la derecha que millones de seguidores, de ambos bandos, tomaron como propia y que intoxicaban el medio, el mensaje y a la audiencia.

-V-

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) la infodemia es un anglicismo: infodemic, una expresión de la lengua inglesa, que define el exceso de información acerca de un tema, que incluye las noticias falsas o fakenews, y que dificultan a una persona encontrar fuentes y orientación fiables.
En México, se adaptó con el acrónimo infodemia, a partir de la unión de las palabras información y epidemia, para conceptualizar la sobreabundancia de información falsa, aunque otros especialistas también añaden a la abundante información veraz.
Su velocidad de propagación es letal porque hoy va acompañada de la pandemia del Covid-19, incluso, su transmisibilidad, que en términos simples es el número de personas que podrían contagiarse de infodemia a partir de un afectado, es cientos de veces superior.
Pero la infodemia también se acompaña de otro fenómeno: la desinformación, que para uso común lo definimos como manipulación de esta en cualquiera de sus formatos y medios, incluso, en la comunicación oral de persona a persona.
Esta acción, la desinformación, es deliberada y busca generar incertidumbre, duda, ignorancia, desconcierto y manipulación con la divulgación de información falsa, pero que favorece a quien lo promueve.
Sí antes se decía que las dictaduras o los gobiernos autoritarios manipulaban la información, hoy sabemos por el Covid-19, que los gobiernos más democráticos y las personas más santas, también la utilizan.
En los últimos meses, la infodemia es utilizada como herramienta y estrategia política, sin deparar que ese fenómeno social, muta día a día de plataforma en plataforma y cuando se asocia con el miedo, el pánico, la ignorancia y la ausencia de información científica para el caso del Covid-19, genera daño.
Y es real que, con el mínimo de información y exceso de malicia, se genera inestabilidad y caos político, económico y social a un país, una institución, un grupo social o una persona.
Esta pandemia está redefiniendo conceptos, modelos y procesos de investigación de la comunicación y también está obligando a tomar decisiones rápidas para buscar un compuesto de anticuerpos para prevenir y tratar de anular los daños que produce la intoxicación de la información falsa.
Por eso, la mejor recomendación para combatir la infodemia es no lavarse las manos, es decir, sí alguien difunde una información y posteriormente se confirma que es falsa, debe admitirlo y corregir el error con quienes compartió los mensajes.
Y segundo, guardar una sana distancia de quien acostumbra a hablar o reenviar por las redes sociales hasta sus errores.

Nota: El texto fue publicado en la tercera edición de Los Cuadernos de la Pandemia, coordinado por el investigador y analista político Isidoro Yescas Martínez y Claudio Sánchez Islas, periodista y director de Carteles del Sur.

Fotografía: Alberto Perea Gonzalez /instagram: albertoperea.photo

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