Impuestos de esta pandemia por José García Sánchez

La pandemia produjo una crisis económica inesperada. Los empresarios quieren resarcir sus pérdidas, o, por lo menos recuperar lo que dejaron de ganar. Desde luego que la mayoría de las empresas que ahora se dicen a punto del cierre nunca declararon las ganancias reales, contrataron contadores expertos en la evasión de impuestos y lejos de crear una cultura del pago de impuestos se sumaron al saqueo de los delincuentes que gobernaron el país por más de 80 años.

La trayectoria de opacidad de los gobiernos de esos 80 años inhibía el pago justo de impuestos, desde una persona física hasta una persona moral, de todas dimensiones de ganancias y por mucho tiempo pagar impuestos se consideró una tontería pagar impuestos. Unos empresarios se recomendaban a otros “Buenos contadores” que podrían hacer magia para no pagar lo que deben.

La queja fue siempre que los impuestos estaban muy altos, y que la manera de realizar las declaraciones estaba redactada en una especie de jeroglíficos que sólo los contadores podían descifrar.

Hubo contadores que se hicieron ricos por su habilidad de evitar el pago justo de impuestos donde se consideraba que pagarle al fisco lo correcto significaba llenar los bolsillos de los funcionarios públicos, y las obras, necesarias o de relumbrón, simplemente no se terminaban o sólo se inauguraba la facha como ocurrió con varios hospitales el sexenio de Peña Nieto a lo largo y ancho del país.

La habilidad de los contadores para evadir impuestos los concentraba en despachos, corporativos, consultorías, que además heredaban a sus hijos también contadores especializados en la mejor manera de evadir impuestos. Muchos de esos contadores estudiaban la carrera para hacerse ricos en esa especialidad y hacer su verdadera vocación a un lado.

Por su parte, las empresas nunca declaraban lo que debían para no declarar al fisco lo que debían y evitar el pago del reparto de utilidades, pero en la manera de vivir de los magnates se hacía evidente las ganancias, y muchas veces la evasión de los impuestos, que pudo explicarse por el alto nivel de corrupción que todavía no llega a erradicarse del todo de la administración pública, no sólo porque no se han ido las manzanas podrías sino también porque han llegado ya podridas a esta administración.

Por su parte, algunas empresas ahora se quejan de las pérdidas pero nunca fueron claras en los tiempos de auge. No trasparentaban ni los impuestos, ni las ganancias, ni la manera en que debían cooperar con la corrupción con las autoridades correspondientes para evitar los dispositivos de sanidad, de seguridad, de protección civil, de protección al medio, etc.

Esto implica una revisión a fondo de una serie de condiciones en las empresas que en muchos casos ponen en peligro la vida de los trabajadores. Un ejemplo claro son las minas, unas empresas altamente productivas, donde todavía los mineros viven en condiciones muy cercanas al esclavismo y sobre esto, los funcionarios públicos le s permitían no pagar impuestos a los propietarios nacionales y extranjeros.

Los excesivos precios en lugares como los cines ahora reclaman equidad y subsidio, sus propietarios se quejan de una pérdida en taquilla de 13 mil 631 millones de pesos, pero nunca exhibieron sus costos reales ni otorgaron sus derechos laborales a los miles de menores de edad que empleaban en la gran mayoría de sus actividades.

No se trata de color a los buenos y los malos, pero debe hacerse un recuento entre lo correcto y lo incorrecto, la legalidad y la ilegalidad, para después no digan que el actual gobierno se excede en sus atribuciones con quienes se excedieron en sus privilegios durante muchos años.

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