Froylán López Narváez por Ernesto Reyes

El nombre de Froylán López Narváez (1939-2021) les dice mucho en cuanto al periodista sin concesiones que nunca utilizó el insulto para ejercer la crítica, ocupado siempre en procurar el bien común.

Católico marxista, humanista, académico y maestro de múltiples generaciones universitarias, don Froy, como le decían alumnos, amigos y colegas, o Fraylón como detrás suyo lo nombraban en la revista Proceso a la que dedicó más de 20 años, ha sucumbido este 6 de noviembre por causas naturales, entrado ya en sus 82, muy bien vividos, comidos, bailados y tomados.

Le decían Fray asociándolo a su militancia religiosa que ya en la madurez, al igual que don Julio Scherer, Enrique Maza  o Vicente Leñero disimuló, cuando se fueron dando cuenta que la jerarquía católica, asociada con el poder, hacía muy poco por el bienestar de las almas mexicanas.

Como no lo encontró en la iglesia, se esmeró en predicar saberes sobre política, en las páginas de Excélsior, Proceso, Reforma, o en los micrófonos de Radio Educación, Canales 11 y 22, y en numerosas charlas, conferencias, cursos y presentaciones.

En 1976, la dirigencia de la Federación Estudiantil Oaxaqueña lo invitó a que explicara razones de la fundación de la revista Proceso. Un grupo de universitarios convivimos esa noche en el Merendero El Tule, donde pasamos una noche brillante, escuchando una charla amena, salpicada de sueños estudiantiles por cambiar Oaxaca; en contraparte, él nos ilustró sobre las condiciones políticas en tiempos del autoritarismo priista.

Proceso se fundaría en noviembre de ese mismo año con periodistas de gran prestigio a los cuales, años después, me tocaría conocer, tratar y admirar como como sucedió con don Froy. Tiempo después, en el Instituto Tecnológico de Oaxaca, lo escuché en una conferencia, al igual que en la Asociación de Periodistas Oaxaqueños.

En los años 80, mientras habitábamos en Ciudad de México, y por la relación con colegas de Proceso, proyecto del que fui partícipe como corresponsal, me beneficié de su bonhomía y buen trato. Con Odilia, nos convidó su amistad familiar y personal en varias comilonas, adocenadas de mezcal oaxaqueño y anécdotas sobre su relación con periodistas y políticos, que quedarán guardadas en nuestro recuerdo.

Cuando Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca cumplió su 20 aniversario, esta empresa lo invitó a la ceremonia, al igual que a Ricardo Rocha, Rafael Loret de Mola, José Reveles, Francisco Ortiz Pinchetti y otros profesionales. Venía entonces acompañado de la conductora de canal 11, Mayté Noriega.

Terminaban los años 90 y a don Froy se le ocurrió festejar su medio siglo de vida, en el salón Margo. Nos tocó participar en los preparativos, evento que salpicamos con mezcales a ilustres contertulios de la izquierda, la cultura y el periodismo capitalino. No faltaron sus amigos Miguel Nieto, Margo Sú, Enrique Strauss, don Julio, Jorge Barrientos, y otros artistas y bailadores. En días posteriores, Cecilia Baram, nos convidó a su casa del barrio de Coyoacán.  Su generosidad era tanta, que siempre llegaba o nos recibía con algún libro de regalo; durante el terremoto de 1985, nos ofreció su casa por si la necesitábamos.

Años atrás, al término de un Lunes del Cerro, los recibimos en San Agustín Etla, donde acudieron Armando Ponce, Enrique Sánchez España, Juan Miranda y periodistas oaxaqueños. Prefirieron convivir con amigos, antes que en la casa oficial.

Así fue en términos generales una relación que siempre agradecimos con un comunicador de peso completo, nacionalista de izquierda, implacable pero elegante en la crítica. Y aunque mantenía relaciones con políticos y funcionarios para enterarse de los entretelones del poder, antes que otra cosa, los aprovechaba informativamente. Vivió con modestia, procuró apoyo a sus hijos, y cultivó siempre a alumnos y colegas, que hoy lo recordamos con cariño. Yo no fui su alumno, pero cómo aprendí de su conducta, estilo y la amplia cultura que irradiaba en sus conversaciones. Lo tomé como un maestro de la vida, generoso, humano, independiente. El desarrollo de la izquierda mexicana le debe mucho a la pluma del periodista potosino.

Por su cercanía, en aquellos tiempos, me volví fan de la rumba y el son, y la cultura del caribe. Es dueño de la frase “La rumba es cultura”, que lo seguirá acompañando en su eterno viaje. Abrazo a todos sus quereres, a su familia, amigos, y al gremio que lo seguirá extrañando. Una rosa blanca para el caballero Froylán López Narváez.

ERNESTO REYES es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana y además de realizar labores de comunicación social se dedica a la docencia, combinando las tres disciplinas en su quehacer profesional. Tiene 42 años de ejercicio periodístico. @ernestoreyes14

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