¡Fibra, mujeres valientes! por Juan Ibarrola C.

Todo, absolutamente todo se ha escrito, analizado, criticado, descontextualizado, legitimado y no, respecto a la marcha de mañana, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y del movimiento del lunes (El 9 nadie se mueve).
En la gran mayoría de los espacios que este país brinda, las mujeres no encuentran respeto, dignidad, igualdad y equidad; no encuentran, en la mayoría de ellos, las fortalezas para hacer de sus vidas, de sus estudios, de sus trabajos, esparcimiento algo justo; o bien de su derecho a manifestar, denunciar o exponer lo negativo o positivo que justamente este país no les otorga.
En el ánimo de sumar ejemplos de espacios ganados por mujeres, se encuentran, sin duda, el de las fuerzas armadas. Tanto en el Ejército y la Fuerza Aérea, como en la Armada de México, la mujer tiene hoy un espacio de acción, operación, estudio y sobre todo de desarrollo personal y profesional.
Se ha insistido mucho en este espacio editorial —así como en otros, donde el que escribe participa— sobre la ruta profesional que la mujer militar y naval tienen en el instituto armado. Tanto la Secretaría de la Defensa como la de Marina Armada generaron las condiciones para que todo su personal femenino tuviera las mismas responsabilidades y los mismos derechos que el masculino.
Las más de 28 mil mujeres del Ejército y la Fuerza Aérea, así como las casi 9 mil de la Armada de México, tienen las garantías laborales, jurídicas, sociales y familiares que deben tener las mujeres integrantes de las fuerzas armadas, es decir, el diseño académico, profesional, operativo, administrativo, logístico y doctrinario militar y naval; tiene un origen masculino, por lo que las mujeres que integran las fuerzas armadas son beneficiarias de los cambios a los que se han sometido desde hace al menos 40 años, sobre lo arriba mencionado, para crear igualdad de género y por la tanto de circunstancias.
Las soldados de tierra, mar y aire tienen la misma responsabilidad que los soldados, para defender y proteger a México y a los mexicanos.
Otra mujer que es piedra angular de las fuerzas armadas es la que integra la familia militar y naval. Esposas, hijas, madres, quienes al igual que sus esposos, padres e hijos sufren la fatiga del servicio. Sufren la ausencia, la promoción, la “tabla”, el “cheque” y el “pelo”.
Las mujeres de la gran familia militar y naval se sacrifican por igual, soportan por igual. Estas mujeres no rajan, lo que en el lenguaje militar significa que siguen adelante. Sufren, lloran y de alguna manera mueren también cuando sus esposos, padres o hijos pierden la vida en actos del servicio.
¡Fibra, mujeres valientes! Todas los son.
Cabo de guardia
La semana pasada, por un error involuntario, aseguré que en los últimos 50 años ha habido nueve secretarios de Marina cuando en realidad son 10. En mi columna del 4 de octubre del año pasado no cometí el error y fui más exacto, al contabilizar desde el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz a 10 secretarios de la Defensa y 11 de Marina.
Por fortuna, muchos lectores y seguidores de este espacio, de inmediato me hicieron ver el error, insisto, involuntario. Gracias a todos ellos por fortalecer este espacio editorial.
A quien trae otras intenciones, me pongo a sus órdenes para lo que quiera y como quiera.
jibarrolas@hotmail.com
@elibarrola

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