El México de AMLO por Armando Reyes Vigueras

El México de hoy, siguiendo la línea discursiva que cada mañana se da desde Palacio Nacional, está dividido en dos bandos. En repetidas ocasiones el presidente se ha referido a los conservadores, que lo atacan, y a los liberales que él representa. No hay matices en sus palabras, su escala de colores se reduce al blanco y negro, en una simple intención: divide y vencerás.

 México binario

En el discurso de López Obrador se reflejan no sólo sus intenciones y objetivos, sino también la manera en que ve al país.

No menciona tanto temas como la pobreza, la inseguridad o la manera en que se han perdido empleos como lo ha hecho con asuntos que realmente son importantes para él, como las críticas que recibe desde los medios nacionales y extranjeros.

Lejos de una verdadera rendición de cuentas, tenemos un presidente que ha decretado varias veces el fin de la corrupción, a pesar de los continuos señalamientos de irregularidades en su administración, incluso con testimonios de colaboradores suyos como fue el caso de Carlos Urzúa o Jaime Cárdenas.

Sus obsesiones en contra de la prensa crítica lo han llevado a decir que sin su conferencia mañanera “me bocabajean, nos tumban”, y que quedaría en la indefensión, por eso su insistencia en ejercer “su” derecho de réplica, aunque sea desde la ventajosa posición de ser el jefe del ejecutivo federal.

Pero lo que más lo emociona es mencionar a los conservadores. Desde principios de su presidencia, se refirió a que en México deberían existir sólo dos partidos: el liberal y el conservador.

A los conservadores –calificativo en donde caben todos, desde los panistas hasta los exactivistas del 68, pasando por científicos, académicos o mujeres que protestan por los feminicidios–, les achaca todos los males que ha tenido el país, de callar como “momias” ante el saqueo que se sufría, de defender la corrupción y de querer que regrese el régimen de privilegios.

A este grupo, llama a dejar atrás la hipocresía y mostrarse, celebrando incluso las alianzas que en algunos estados están proponiendo el PAN, el PRI y el PRD, pues eso refuerza su discurso de que los conservadores son todos los que están en su contra.

Se trata de un mandatario que prefiere dar clases de historia –aunque en ocasiones equivoque fechas o nombres–, que en encontrar soluciones para los problemas del país. Su tema preferido es el México del siglo XIX en donde sí hubo una lucha entre liberales y conservadores que llegó al extremo de provocar una guerra civil.

Así, López Obrador se ve a sí mismo emulando a los valientes liberales del siglo XIX que enfrentaron a las huestes conservadoras, inclusive con el apoyo de tropas extranjeras.

Pero el problema es que estamos en el siglo XXI y el México de hoy no se puede reducir a dos simples bandos. Una prueba de esto son los continuos enfrentamientos al interior del movimiento que fundó, mismos que se reflejaron nítidamente por el proceso para renovar su dirigencia nacional, la cual finalmente quedó en manos de Mario Delgado.

¿En que parte del espectro liberal se ubica un Porfirio Muñoz Ledo que llegó a criticar la guía ética que recientemente se dio a conocer, o Bertha Luján que llamó a la resistencia interna si ganaba Delgado, o Alfonso Romo que trataba de tranquilizar a los representantes de la iniciativa privada?

Además, nos debemos preguntar si expanistas como Manuel Espino, Gabriela Cuevas, Ricardo Sheffield o Germán Martínez caben dentro del concepto liberal que tanto se presume en Palacio Nacional.

Esto no interesa a López Obrador, quien busca imponer su discurso y preparar el terreno para la campaña electoral 2021, en la cual veremos a los abanderados de Morena fustigar a los adversarios con los mismos calificativos que se usan en las mañaneras, repitiendo un discurso que buscará dividir al país entre buenos, los liberales que están con el presidente, y los conservadores que serán todos los demás.

Pero, además, apelando al sentimiento de estar con el débil, con el presidente más atacado, el más criticado, al que quieren tirar de la silla presidencial sus enemigos, por lo que es necesario que el pueblo lo defienda mediante su voto.

El escenario y el guión están más que claros y hay gente dispuesta a comprar el argumento antes señalado para acudir a la urna, sin considerar que van más de 100 mil muertos por la pandemia, millones de desempleados, más pobres, más asesinatos y una reducción en los ingresos de las personas, pues el voto –como se ha insistido– es más emocional que racional.

Con una oposición dividida y que no ha mostrado más que puras reacciones a las palabras del presidente, lo que podremos esperar en la campaña electoral de 2021 es una pelea callejera entre los de Morena y los demás, en donde el debate se reduzca a cruzar acusaciones al por mayor.

Pero ese es el escenario que desea imponer López Obrador, con su manera de ver al país en blanco y negro, dividido en liberales y conservadores, para ganar una elección e incrementar su poder, aunque no sepa qué hacer con él.

@AReyesVigueras

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