El INE a debate por José García Sánchez

La sucesión de cuatro consejeros electorales del INE se magnifica en los medios, anuncio incuestionable de que sea cual fuere el resultado de sus sustitutos será tachada como designación del Presidente de la República.
El método es sencillo: difunden hasta el cansancio la sucesión de cuatro consejeros, que terminan su ciclo de 9 años y habrá que darle una cobertura donde se pondere tanto que la democracia penderá de un hilo. Así de dramático es el caso que inflan, desde luego artificialmente los medios.
Darle una trascendencia a la selección y la elección, representa una futura acusación de favoritismo, cuando en la historia del INE nunca ha sido diferente.
Sin embargo, nadie pugna por una reforma electoral, que deje atrás los vicios de elección parlamentaria donde los consejeros deben sujetarse y posteriormente, una vez en el cargo, deben pagar la factura de su unción.
La prensa conservadora prefiere mantener los viejos vicios que transformar, afondo, la elección de consejeros electorales. Si es tan importante la designación de cuatro consejeros deberá entonces ser la población la que deba elegirlos. Pero primero quieren descalificar al gobierno federal para después desestimar y cuestionar severamente los resultados electorales que se vislumbra, desde ahora, un claro triunfo de Morena en las elecciones del Congreso Local de Coahuila y los 84 presidencias municipales de Hidalgo, pero para el próximo año, anunciado como la elección más importante de la historia, la descalificación será para el gobierno federal, desde luego para el Presidente de la República, y para el propio INE, porque los perdedores serán los mismos que en 2018, que en 2020.
Los conservadores no pierden la esperanza de volver a ganar las elecciones a pesar de su pasado, es por ello que se niegan, desde ahora rotundamente a la participación directa de la población en las decisiones democráticas o electorales. De ahí que ni siquiera hayan pensado en que a los consejeros electorales deban elegirlos los ciudadanos. Por eso criticaron las consultas ciudadanas sobre el aeropuerto y otros temas del actual gobierno.
Hasta ahora ningún consejero electoral ha dejado de mostrar sus preferencias personales por algún partido político, sobre todo por aquellos que ahora se encuentran en la oposición. Un ejemplo claro fue Arturo Sánchez Gutiérrez, a quien sus propios colegas consejeros aseguraban que era panista y lo aceptaba sin sonrojarse.
Así ha habido varios que no se esconden a la hora de apoyar a los partidos a los que les deben su nombramiento y su privilegiado lugar dentro de la burocracia dorada de los sueldos injustos.
Pero aquí lo más grave es la falta de credibilidad que padece el INE desde que era IFE. Es necesario que se redefina su estructura que surge ante la necesidad de credibilidad y de igualdad de circunstancias entre los partidos y candidatos. Esto no sucederá, a menos de que haya, en realidad, una reforma electoral a fondo. De otra manera seguirá habiendo consejeros montados en el agradecimiento cabalgando hacia el favoritismo y la desigualdad.
La trampa mediática está tendida, el culpable de la designación de los nuevos 4 consejeros será el Presidente de la República. Nadie los va a convencer, por muy imparcial que sea la designación.

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