El gabinete de @EPN

De 2012 a la fecha, los cambios realizados en el gabinete del Presidente Peña Nieto han desconcertado a los analistas, ya que las razones para los cambios no han quedado claras o, al menos, no responden a una lógica. Ahora, con el fallecimiento de Rafael Tovar y de Teresa, titular de la Secretaría de Cultura, se abre una nueva oportunidad para apreciar cómo se toman las decisiones en este ámbito.
Cambios y más cambios
Se ha dicho que Enrique Peña Nieto no es partidario de hacer cambios en su gabinete, en especial si las críticas apuntan en ese sentido. No obstante, su equipo de trabajo ha sufrido cambios que generan más críticas por la manera y los personajes que están involucrados.
Salidas como las de Emilio Chuaffet de la Secretaría de Educación Pública y su reemplazo por Aurelio Nuño, se explicaron por el desgaste del anterior titular –así como su enfermedad– en el contexto de las negociaciones con la CNTE y la necesidad de impulsar la Reforma Educativa.
Una situación similar se vivió en Petróleos Mexicanos, en donde el anterior director, Emilio Lozoya, se consideraba contrario a la Reforma Energética, por lo que tuvo que ser reemplazado por José Antonio González Anaya para darle viabilidad el proyecto.
Pero otros cambios no responden a la necesidad de impulsar las reformas que, en la mente de Peña Nieto, serían el signo de su administración y su legado al dejar la Presidencia.
Los movimientos de Jesús Murillo Karam, de la PGR a la Sedatu y de ahí a la banca –o a la RENATA (Reserva Nacional de Talentos) si se quiere–, demostraron que la corrección de errores se hace de manera tardía y sin contar con más elementos para poder contar con relevos clasificados. Algo similar ocurre con Rosario Robles, quien dejó Desarrollo Social –aún y con los elogios presidenciales por los supuestos logros alcanzados–, para ir a ocupar que dejó Murillo en Sedatu.
Otro movimiento que ha llamado la atención y que no se puede explicar satisfactoriamente, es el de José Antonio Meade Kuribreña. De Relaciones Exteriores pasó a Desarrollo Social y de ahí a Hacienda. En el primer caso, muchos se preguntaron cuál era la lógica de mover a un canciller que ya tenía experiencia en el puesto para colocarlo en una dependencia en la que no había laborado –pues por formación lo suyo es el sector económico–, pero una vez más sorprendió –o al menos hizo pensar en falta de personal para cubrir las vacantes que se presentaban–, al sustituir a Luis Videgaray en Hacienda después de la visita de Donald Trump a México en plena campaña presidencial estadunidense.
Si bien mucho elogian a Meade por su capacidad, también muchos preguntan si no se cuenta con más funcionarios para ocupar puestos a ese nivel, algo que el propio Peña Nieto no ha contestado.
Y luego tenemos el caso de Luis Miranda. Con experiencia en la Secretaria de Gobierno del Estado de México, compadre del propio Peña Nieto, era lógico –si se puede usar esta palabra en los movimientos y nombramientos del gabinete–, que ocupara una posición en la Secretaría de Gobernación, pero los movimientos ocasionados por la renuncia de Videgaray motivaron que fuera a dar a Sedesol, dependencia en la cual no ha tenido un buen desempeño y sí varios escándalos por su manera de tratar a legisladores.
Otro caso, es el cambio de Claudia Ruiz Massieu de la Secretaría de Turismo a Relaciones Exteriores en sustitución de Meade Kuribreña. Lo llamativo en este caso, es que la Secretaria recibía elogios por su desempeño al frente de Turismo, una industria clave para el país, por las actividades realizadas y las inversiones que lograba atraer, para moverla a la cancillería en donde ha sido señalada por ser marginada en el tema de la visita del candidato republicano a nuestro país, lo que –al menos en teoría– provocó que presentara su renuncia, misma que no fue aceptada por el mandatario.
En este caso, se ha especulado con que su permanencia en la dependencia que lleva las relaciones de México con el mundo estaría por terminar en el contexto de la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos, pues Ruiz Massieu se opuso a la visita y eso la convertiría en alguien no bien vista por el nuevo equipo del mandatario de la Unión Americana.
Es decir, de ser una funcionaria reconocida, Ruiz Massieu podría pasar a ser parte de la RENATA.
Otro movimiento que se entendió poco, fue la salida de Mercedes Juan de la Secretaría de Salud para darle paso a José Narro. Aquí también se tenía a una mujer reconocida por su capacidad, pero el movimiento se entendió como un acomodo para darle lugar al exrector de la UNAM, a quien algunos ven en la carrera al 2018.
Si después de este breve recuento no le quedan claras las razones para comprender los cambios, no se preocupe, muchos están como usted estimado lector.
Del tintero
Se nos pasaba comentar la posada perredista con la piñata de Donald Trump. Si ante uno de los más graves desafíos que tenemos como país, nuestros legisladores de izquierda sólo pueden pensar en eso junto a mentadas de madre e insultos, pues no debemos esperar que solucionen los problemas que tenemos por delante. Lo que sí, es que no debemos sorprendernos por este tipo de acciones, eso es lo suyo.
@AReyesVigueras

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