Disidencia o clan morenista por José Páramo Castro

La turbia y nostálgica irrupción de algunos militantes de Morena para imponer un presidente ilegítimo, tiene fines políticos y económicos, pero no populares.
Llevar a la presidencia de Morena a Alfonso Ramírez Cuéllar, es abrirle la puerta al PRI, no sólo a los priistas más conservadores del partido en el poder. Ramírez Cuéllar es más priísta que los priistas, pero eso es lo de menos. La presidenta de Morena y el propio Presidente de la República ha dado la bienvenida a militantes de todos los partidos políticos del país.
Lo preocupante es la mano que está detrás de ese movimiento a todas luces ilegítimo donde los recursos económicos que muestran la generosidad de alguien que todavía no es descubierto. El congreso organizado por Bertha Luján el 26 de enero dio muestras de esa generosidad, ahí fue electo Ramírez Cuéllar, con menos de la mitad de asistencia de los congresistas, el quórum determina con 1501 congresistas, ahí asistieron 1310 y votó la mitad. La propia Luján firmó dos veces para hacer bulto.
La precisión que guarda con total escrúpulo la secretaria general en funciones de Presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, es lo que a algunos no les cuadra para poder hacer de Morena lo que han hecho con los partidos en los que militado anteriormente, que incluye, desde luego, su desaparición.
Ese equipo cercano a Luján se niega a regresar al erario el 75 por ciento de las prerrogativas como lo propuso el Presidente de la República, lo cual habla del interés que les mueve para descalificar al actual CEN, legalmente constituido.
Un grupo de personas autodenominados intelectuales de Morena, intentan dar la razón pero los argumentos no tienen consistencia y es poco lo que pueden defender y terminan por contradecirse.
Morena actualmente tiene una escisión respecto al CEN, porque el secretario de Honorabilidad y Justicia, Héctor Díaz Polanco, se fue del lado de la violación a los estatutos. La confiabilidad de un personaje tan inconsistente que no es mexicano y quiere manipular a la opinión pública para que apoyen la alteración de la norma interna de Morena, es nula dentro y fuera de la militancia; sin embargo, han adoptado a los medios como una trinchera cuyos espacios tienen precio.
Dentro de ese grupo se encuentra Gabriel García, quien fuera secretario de Organización desde que Andrés Manuel López Obrador dejó la Presidencia del partido, y para mostrar su inconformidad hizo del padrón lo que le vino en gana. Lo alteró, lo distribuyó, borró nombres, añadió otros para que finalmente quedara en ruinas y al ver que no podía entregar ese papeleo absurdo se negó a entregarlo.
El padrón es la herramienta esencial para credencializar y posteriormente realizar elecciones del CEN, incluyendo su presidencia. Cuando se presentó ese documento al INE se rechazó por las inconsistencias que contenía, a pesar de esta situación, provocada por el grupo de Bertha Luján, presionaron para que hubiera elecciones y al no existir los elementos jurídicos suficientes se aplazó, según el fallo del Tribunal Federal Electoral.
La ansiedad por descalificar al actual CEN, lo movió a hacer su propio Congreso, el 26 de enero, donde los estatutos simplemente eran letra muerta.
Las posibilidades reales de una división en Morena son nulas. Se puede hablar de un grupo de “rebeldes” que buscan apoderarse del partido y del dinero que hay en él sin regresar sin un peso.
Se debe ser escrupuloso con los estatutos, si no están de acuerdo sería necesario solicitar una modificación convocando desde el CEN, a los 3,000 congresistas, en un congreso con quórum y legalidad.

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