Diario del año del coronavirus I por Carlos Ramírez

Lunes 16 de mazo, 2020.

El debate amaneció muy claro:

De un lado, los que desdeñan el avance de la pandemia porque a estas alturas hay infecciones y muertes por miles en Europa y en México menos de 60 infectados y ni ningún fallecido.

De otro lado, los que dicen que la pandemia será desastrosa por la falta de decisiones estrictas que puedan evitar o disminuir la fase de infección y que se debería declarar un estado de emergencia para reducir contactos para evitar que una enfermedad infecciosa que se transmite por cercanía personal.

Pero sea una cosa u otra, el caso es que los gobiernos son juzgados por tres puntos concretos:

1.- Oportunidad de declarar pandemia cerrando a la sociedad.

2.- Capacidad para proteger a los infectados a fin de evitar muertes.

3.- Convencer a la sociedad que la prioridad es contener la infección y proteger a los ciudadanos y no mantener popularidad personal.

Los medios y las redes comenzaron ya a rebasar el discurso univoco tranquilizador del presidente de la república. Algunos sectores sociales han cerrado sus funciones, los equipos de futbol de primera división ya suspendieron competencias, algunas escuelas han prohibido asistencia y gobiernos estatales se han salido del control presidencial para decidir por cuenta propia.

El pánico social se alimenta de las confusiones, las expectativas y las respuestas insatisfactorias de las autoridades. Y los pánicos se retroalimentan sin cesar. Al centralizar las respuestas en un discurso presidencial poco claro y con intenciones de liderazgo personal y el subsecretario de Salud, la respuesta oficial no satisface las miles de dudas sociales.

Lo único cierto es que la culpa no la tienen los columnistas, por más que se difundan más allá de sus medios y exploten las redes. Los analistas responden a razonamientos lógicos, de salud y de expectativas. El debate abierto por columnistas sobre las guras presidenciales tiene enfoques médicos porque el coronavirus es un virus de transmisión por contacto.

¿Qué espera el gobierno para decretar una alerta epidemiológica con decisiones radicales? Se trata de un razonamiento económico, neoliberal, para más señas: la ley de rendimiento negativo, que señala que una decisión se va a sostener hasta que los elementos mayoritarios sean contrarios a su sentido original. Aplicado al coronavirus, la displicencia gubernamental seguirá hasta que la relación infecciones/muerte se convierta en elemento de pánico social. Cien, quinientos, mil. O cuando el pánico social sea mayor al discurso tranquilizador de las autoridades. Por lo pronto, en tres días los infectados en México pasaron de 26 a 53 y existen hoy lunes como cinco casos a punto de derivar en fallecimientos.

Otros focos de alarma están tocando a la puyera del gobierno federal: los casos de SIDA que dejaron de recibir medicinas y se reactivaron, el inicio de una epidemia de sarampión y el aumento de afectados por el cáncer que dejaron de recibir medicinas por el enredo oficial en las compras de suministros médicos.

Y antes de que ocurra, los medios ya comenzaron a preguntar si habrá un programa de apoyo a miniempresas que serán afectadas por cierre o baja de demanda, y la respuesta oficial fue que hasta hora ni siquiera han pensado en ello.

Por lo pronto, esta semana seguirá la resistencia oficial a declarar emergencia. Pero los indicios que vienen de fuera merecen respuesta y control de daños: un ex colaborador de Barack Obama en el renglón de epidemias afirmó el fin de semana que en los EE. UU. podrían morir un millón de personas por el virus.

La principal presión viene por el tipo de cambio: arriba de 23 pesos por dólar hoy lunes de descanso obligatorio. Banxico va a intervenir para bajarlo de ese nivel. Pero esta semana se prevé calificación negativa por parte de las calificadoras, lo que afectará la deuda de Pemex y sus bonos serán basura.

Hasta donde se tienen datos, no existe en el gobierno un programa anticrisis, ni programa de emergencia médica, ni un programa de reorganización gubernamental con reparto de tareas, la crisis va a reventar la salud presidencial.

La crisis del coronavirus en México será por imprevisión y por falta de liderazgo sanitario gubernamental. El periódico El País publicó una nota comparativa entre Corea y España que debe tener lectura en México:

La reacción de Corea fue mucho más rápida y decidida. Cuando sumaba medio centenar de casos —según los datos consolidados de la Organización Mundial de la Salud (OMS)—, el alcalde de Daegu, la ciudad del primer foco, habló de una “crisis sin precedentes” y pidió a todos los ciudadanos que se quedasen en sus viviendas y que usasen mascarilla en todo momento, incluso dentro de sus casas. En el caso de Madrid, el llamamiento a permanecer en casa llegó cuando ya había un millar de contagios. En ningún momento se ha recomendado usar mascarillas a personas sanas porque no ha demostrado efectividad.

Ese aviso del alcalde coreano llegó el 20 de febrero, cuando se descubrió que el virus se estaba propagando en una secta. El día equivalente en España sería el 28 de febrero, cuando empezó a crecer la transmisión local. Al día siguiente (el 21 de febrero) con un centenar de positivos, el primer ministro coreano calificó la situación de “urgente”, y dos días después de “la más alta alarma”. Y esto se tradujo en acciones. Desde el primer momento, Corea puso en marcha un agresivo plan para hacer pruebas que identificaran el SARS-CoV-2. “A diferencia de otros países, donde solo se hacen test a quienes tienen síntomas, nosotros hemos decidido realizarlos a todo el que haya estado en contacto directo con casos confirmados. En lugar de esperar que los pacientes vinieran, hemos ido a por ellos y buscado posibles infectados para evitar que contagiaran a la comunidad, decía a CNN Park Neunghoo, ministro de Sanidad coreano.

Corea ha realizado desde entonces más de 15.000 pruebas diarias. En España, según anunció el ministro Illa el domingo, se habían hecho más de 30.000 en total desde el principio de la crisis. La teoría de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, era justamente la contraria que la de Nunghoo: “Tomar muestras a personas asintomáticas no tiene mucho sentido porque un negativo de hoy no quiere decir que mañana no puedas desarrollar síntomas. No aportan información y sí una falsa sensación de seguridad: ‘Como yo fui negativo ya no me tengo que preocupar, puedo ir a todas partes, no tengo que tomarme la temperatura”.

En México no hay capacidad para pruebas, además de que no se han iniciado de forma masiva. En Europa hay brigadas de gases especiales contra el virus y en México todos andan en la calle sin instrucciones.

Hoy lunes a las 9 de la mañana no se tenían registro de fallecidos. Pero nada evita que en los próximos días comiencen las muertes y la búsqueda de responsables.

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