Destruir la esperanza por José García Sánchez

Cuando los mexicanos vemos a una oposición agresiva, aparentemente sin rumbo ni congruencia, no vemos una particularidad que está detrás de toda esa agresividad iracunda e inexplicable: la intención de liquidar la esperanza.

La emotividad en el voto es esencial en las elecciones de nuestro país, lo hemos visto en varias ocasiones en la historia reciente, de tal suerte que los partidos de derecha, a los que cada día se suman más membretes en agonía electoral, prefieren desarticular la esperanza en un panorama simplista entre lo bueno y lo malo, que trabajar en el acercamiento a la sociedad, que es el principio del voto a su favor.

Si se desactiva la esperanza en México, la democracia se verá mermada por la falta de credibilidad en los hombres, en los partidos y en los políticos, deteriorando de manera profunda la democracia, o lo que es peor, nuestra democracia.

Sin más programa de acción que la crítica constante al actual régimen, la derecha se coloca en un panorama demasiado sencillo para una población que paulatinamente se politiza más, y no es sólo el maniqueísmo sino también la ruptura de las acciones de gobierno con el rumor de que es mentira.

La mentira como parte esencial de las acusaciones contra el actual régimen se coloca como parte importante en la estrategia de destruir la esperanza que se adoptó alrededor de un nuevo liderazgo. No hay error o delito de la actual administración que supere o iguale al de los anteriores gobernantes en el ámbito que se quiera escoger, pero la ira evidente pareciera que son mil veces superiores. Hay acusaciones de corrupción, la mayoría tomadas y retomadas de Fake News producto de la pepena del WhatsApp, que carecen de pruebas; de ser ciertas, no superan la ambición y voracidad de los regímenes anteriores.

Se habla del enriquecimiento de los hijos del presidente, pero nunca se presentan pruebas. Hablan de propiedades no declaradas, que son chozas comparadas con las de los del pasado, pero hacen más ruido que nunca en los medios. De haber evidencias ya estuvieran destacadas en los medios resentidos por falta de subsidio gubernamental, colocando la noticia en primera plana. Recordemos que nunca antes de esta administración los medios convencionales utilizaron sus primeras planas para cuestionar al gobierno en turno.

La vocación destructiva de la derecha no tiene límite y no se agota en las alteradas intervenciones en el Congreso sino que tienen que ver en la práctica con postura definidas que a pesar de todo no son suficientes para ser denominadas programa de gobierno sino una pasión desmedida por la muerte y la destrucción.

Un ejemplo de ello es la obsesión por imponer números superiores a las muertes por la pandemia, como si eso resolviera el problema o desarticulará la estrategia de su erradicación. Un ejemplo claro de esta agresividad implícita en la tarea de la oposición está en la propuesta del diputado local panista por Coahuila, Juan Carlos Guerra López Negrete, quien presentó una iniciativa de ley para facilitar el acceso y uso de armas de fuego e los ciudadanos no sólo en ese estado sino en todo el país, con el objetivo de que puedan defenderse de los delincuentes. Esto sin el requisito de valoración previa por parte de la Sedena.

Golpear a la democracia o les regresa los privilegios a los poderosos del pasado ni devuelve el poder a una derecha que después de dos años de estar fuera del gobierno no se ha preocupado por construir simpatías de la población alrededor de propuestas. No las hay, prefiere destruir no sólo la esperanza, el gobierno o la democracia sino el tejido social a nombre del resentimiento y la incapacidad política.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *