Carlos Ramírez : El proconsulado del NYT en México (I)

Carlos Ramírez (*)

1.- Los recordatorios del The New York Times
Como ha ocurrido a lo largo de muchos años, la prensa mexicana concede demasiada atención a los dichos de la prensa extranjera. Y quizá no sea por el respeto al profesionalismo, sino más bien pareciera una especie de rubor malinchista por las propias incapacidades para convertir coberturas periodísticas en temas de la agenda cotidiana. Y a pesar de que, con bastante frecuencia, la prensa mexicana otorga a la extranjera jerarquía para otorgarle los encabezados principales, nunca se ha dado el caso de que la prensa foránea use alguna noticia de diario mexicano ya no se diga para nota principal, sino siquiera para consolidar reportes.
La larga nota de Azam Ahmed como encabezado principal de la edición del The New York Times del 28 de diciembre de 2017 sacudió las redacciones de diarios y espacios de radio y televisión porque tocaba uno de los temas más sensibles en toda relación de la prensa con el poder: las pautas de publicidad oficial en medios como una forma de relación comercial o como un mecanismo de control de contenidos. Ahí estuvo uno de los problemas de contenido editorial de la nota del NYT: los ingresos principales de los medios de comunicación provienen del gobierno como el primer anunciante; y ello ha sido siempre así por dos carencias que tiene el medio periodístico nacional: la ausencia de empresas privadas autónomas del poder que se anuncien y la ausencia de lectores que compren medios para alentar la existencia de los medios.
Hay, entre muchas, dos historias:
1.- En 1973 el periódico Excélsior fue víctima de un boicot de publicidad de los principales empresarios encabezados por el poderoso magnate Juan Sánchez Navarro, como una forma de defenderse de las críticas de ese diario contra la empresa privada atada a los intereses del gobierno en turno. Muy al estilo de los contrasentidos a la mexicana, el gobierno de Echeverría –que aparecía como defendido del boicot empresarial– ordenó que el gobierno supliera con publicidad oficial la que los empresarios retiraban. El asunto se complicó cuando el director del medio, Julio Scherer García, ordenó aumentar el tono crítico del periódico contra el gobierno “para no dejar la impresión de que no estaban comprando”. En julio de 1976 el gobierno apoyó una rebelión interna en el diario y el director Scherer abandonó el cargo.
2.- En 1988, a pocos días del resultado electoral sorprendente que le dio al candidato oficial Carlos Salinas de Gortari apenas el 50.3% de los votos y a Cárdenas el 31%, el operador salinista Manuel Camacho me pidió ir a verlo sólo para hacerme una pregunta: ¿por qué la prensa escrita mexicana había votado por Cárdenas?; es decir, por qué los medios habían abandonado al candidato del gobierno. Mi respuesta fue rápida: porque Salinas como responsable del presupuesto público había cortado fondos publicitarios a los periódicos que se convirtieron en despidos y bajas salariales. En el gobierno de Miguel de la Madrid se había completado el itinerario comenzado con Echeverría: los medios escritos habían conquistado una autonomía relativa del presupuesto público; podría seguir habiendo publicidad oficial pero los periodistas –no los dueños– ya no dependían de ese mecanismo para escribir sus textos.
El principal mecanismo de control de los gobiernos sobre los medios es muy parecido en México al existente en los EE.UU. Ese control en México se llama “pensamiento histórico” o control ideológico, en tanto que en los EE.UU. es el pensamiento imperial que defiende, vía sus medios, el modo de vida estadunidense o el american way of life. Hasta Salinas en 1992, el Estado era el representante del mandato histórico de la Revolución Mexicana; por tanto, ese Estado tenía un escudo ideológico histórico que dominaba la reflexión crítica. Los gobiernos, por tanto, usaban a los medios escritos como –modelo Althusser– aparatos ideológicos del Estado, reproductores de la ideología oficial. Periodistas como Ahmed del NYT, debiera entenderlo porque en los EE.UU. hay un modelo similar: los medios son los guardianes del pensamiento estratégico de seguridad nacional, son los aparatos ideológicos del Estado imperial.
El problema de la nota del NYT radicó justamente en su enfoque de dominación imperial: la prensa en México no funcionaba como en los EE.UU. y por tanto estaba mal. En México, a pesar de la dependencia de recursos publicitarios del gobierno, casi todos los medios tienen espacios de ejercicio crítico contra el sistema y contra el propio gobierno. El caso de La Jornada es claro: ha recibido muchos fondos publicitarios del gobierno, pero sus caricaturistas han sido demoledores de la imagen presidencial. Muchos lectores del diario se saltan las notas elogiosas a Peña Nieto para disfrutar, con saña satisfactoria, las caricaturas. Por tanto, los fondos del gobierno no implican dominación absoluta; si acaso, su intención es sólo comprar espacios de difusión de imagen en medios críticos.
La alternancia partidista en la presidencia de la república en el 2000 no hubiera sido posible sin el papel crítico de la prensa escrita contra el sistema político priísta de 1968 al 2000, con o sin publicidad oficial. La prensa escrita logró demoler al presidencialismo como la estatua de Lenin del autoritarismo priísta y desmoronó el muro de Berlín del PRI. Este enfoque nunca apareció en el texto de Ahmed porque su interés no fue el de reportar la situación real de la prensa en México en su relación con el gobierno, sino sólo rastrear fondos públicos en cuatro medios mexicanos.
De ahí que la primera conclusión de la lectura del texto de Ahmed encuentra una incapacidad para reportear a fondo un tema y quedarse en la superficie; es decir, que Ahmed fue un mal reportero, como muchos de los que tienen el NYT y otros grandes medios estadunidenses que se quieren erigir en catedrales del periodismo mundial.

Nota de la Redacción: El ensayo fue publicado originalmente en www.etcetera.com.mx
La www.coyuntura.com.mx tiene la autorización para reproducirlo.
Por su importancia, y dada la extensión será publicado en cuatro partes.

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