Carlos Ramírez: El preconsulado del NYT en México (III)

3.- La viga en los ojos del NYT

Los defectos de técnica periodística del texto de Ahmed provienen del desconocimiento de la historia de sus propios medios y de sus propias realidades periodísticas, propio de reporteros jóvenes que andan en busca sólo de notoriedad. En el pasado, las misiones de corresponsalías en el extranjero exigían primero un conocimiento histórico de la realidad a contar; por eso es que hoy en día los reportes en zonas de conflicto se quedan en la superficialidad. Ocurría también en el pasado. En De la prensa cuenta Tom Wicker, jefe de la oficina en Washington en los ochenta del NYT, que los corresponsales en Vietnam decían sólo lo que lo reportes del ejército invasor les entregaban; luego pusieron en duda el contenido y salieron a reportear que esos informes eran mentiras; y finalmente hubo quienes lograron entender la lógica histórica de la invasión.
El asunto se complicó en las guerras estadunidenses en el medio oriente en los noventa cuando los corresponsales llegaron junto con los invasores estadunidenses –ejército de ocupación– y salían a misiones dentro de vehículos militares estadunidenses; una de las oficinas del NYT en Afganistán permitía armas en su equipo. El modelo fue llamado embedded que se traducía como “empotrados” dentro de vehículos militares estadunidenses, pero que en traducción libre podría ser también como “encamados”. Por eso los reportes de los corresponsales de guerra fueron siempre los del ejército invasor, como podría ser simbólicamente hablando, trabajos como el de Ahmed: una información desde el punto de vista de la lógica estadunidense, reforzada porque los árabes musulmanes radicales representaban los valores contrarios al pensamiento imperial estadunidense.
Los casos extremos de las notas sobre Vietnam y el caso Watergate tampoco fueron antisistema ni antirrrégimen. Sobre la guerra en el sudeste asiático había más bien una oposición a la violencia de guerra, motivado, también lo cuenta Wicker, por las cartas de padres de soldados jóvenes a las redacciones de los diarios para decirles que las notas de sus enviados especiales no estaban contando la verdad. Y en el caso Watergate fue más bien un asunto de pugna en la élite del FBI –como lo revelan las confesiones antes de morir de Mark Felt, el famoso “garganta profunda” que dio dirección política a las notas de Bob Woodward y Carl Bernstein, del The Washington Post–: un enojo porque no lo hicieron director de la Oficina.
La larga lista de errores de los medios escritos estadunidenses muestra deficiencias ocultadas. De las muchas rescato pocas:
–Cuando Louise Bryant, la esposa del periodista John Reed, legendario por hacer las crónicas de la revolución rusa de Lenin, se puso en huelga de hambre en 1918, un editorial del NYT dijo que las autoridades mejor hubieran permitido que llegara hasta el final: su muerte, para terminar con una protesta “roja” o comunista.
–En 1961 el periodista del NYT Tad Szulc descubrió el plan de la CIA para patrocinar una invasión a Cuba, pero la nota no fue publicada porque el presidente Kennedy llamó por teléfono al dueño del diario Orvil Eugene Dryfoos para pedirle, en nombre de la seguridad nacional, que esa nota no se difundiera; fracasada la invasión en Bahía de Cochinos, Kennedy le dijo al dueño del periódico que mejor hubiera publicado la nota para evitar la derrota. Esta historia la cuenta con detalles Gay Talese en El reino y el poder, una historia narrada del NYT. Eso sí, el diario permitió una entrevista en la sierra con Fidel Castro pagada de falsedades para mostrar que el líder guerrillero estaba vivo.
–Hay datos de que el NYT fue antisemita en plena segunda guerra mundial, favoreciendo a Hitler.
–El caso máximo de descuido de sus reporteros fue el de Jayson Blair en el 2003, que fue descubierto que decenas de sus textos eran plagiados, sin que la estructura interna del diario, dominada por la soberbia, se hubieran percatado. La reacción no fue sólo el despido de Blair sino la caída del director Howell Raines.
–El reportero Mikel Finkel fue descubierto falsificando notas y fotos de la esclavitud en Africa y tuvo que irse.
–La ganadora del Pulitzer Judith Miller participó en la fabricación de evidencias que tomó el presiente George W. Bush sobre compra de uranio enriquecido para invadir Irak. El caso la llevo a la cárcel cuando se negó a revelar su fuente de información, la cual había sido el asesor de seguridad nacional del vicepresidente Cheney.
–El NYT publicó por primera vez los papeles del Pentágono sobre Vietnam y se quedó pasmado con la orden de suspensión judicial, en tanto que el The Washington Post consiguió una copia, también fue condenado a suspender la publicación, pero la dueña del diario acudió a la Corte Suprema y ganó la libertad de publicar.
–En 1985 dos enviados especiales del NYT llegaron a México a denunciar que los servicios mexicanos de espionaje, la Dirección Federal de Seguridad que había sido fundada por la CIA, se habían pasado al lado soviético; por esa denuncia fue arrestado José Antonio Zorrilla Pérez, director de la DFS, aunque acusado del asesinato del columnista Manuel Buendía. Sin embargo, su cese fue por el reportaje del NYT impulsado y documentado por la CIA.
–En 1997 el corresponsal del NYT en México acusó al gobernador sonorense Manlio Fabio Beltrones de tener ligas con el narco, pero el aludido probó que el reportaje era una mentira, obligó al periódico a publicar su carta de protesta y demostró que el periodista había inventado versiones: en la entrega de información al comité Pulitzer, sin embargo, Dillon escondió su columna con datos falsos.
–En una reciente columna en Politico, el especialista en medios Jack Schafer se burló de la forma en que los directivos del NYT habían obligado a los periodistas, columnistas y corresponsales del diario a promover la venta de suscripciones del diario; fueron actitudes vergonzosas de los periodistas rebajarse a promotores de ventas en lugar de dedicarse a investigar.
–Está también el hecho de que el NYT, junto con el Post y la CNN, entre muchos otros, han sido exhibidos por el presidente Trump como fábricas de notas falsas o tendenciosas; y, por si fuera poco, el NYT publicó en la última campaña presidencial un editorial del diario apoyando la candidatura presidencial de Hillary Clinton, a pesar de sus yerros en la política exterior imperial del presidente Obama.
–En el 2003 el periodista James Risen, uno de los mejor informados en temas de seguridad nacional, reveló los mecanismos de espionaje a ciudadanos ordenados por el presidente George W. Bush violando derechos individuales, pero fue procesado por no revelar su fuente de información. Los textos de Risen fueron publicados en el libro State of war; durante su juicio Risen no contó con el apoyo jurídico del NYT. Y en ese mismo 2003, Risen había conseguido datos sobre otro operativo de espionaje de la National Security Agency, pero el NYT se abstuvo de publicarla luego de una llamada telefónica de la consejera de seguridad nacional, Condoleezza Rice al director ejecutivo del diario, Howell Raines, el mismo del caso Blair.
–En una reciente columna en Politico, el especialista en medios Jack Schafer se burló de la forma en que los directivos del NYT habían obligado a los periodistas, columnistas y corresponsales del diario a promover la venta de suscripciones del diario; fueron actitudes vergonzosas de los periodistas rebajarse a promotores de ventas en lugar de dedicarse a investigar.
–Y como para cerrar un registro incompleto queda la entrevista exclusiva que logró Mike Schmidt el enviado del NYT a Mar-a-Lago, la Casa Blanca del trópico, con el presidente Trump apenas el pasado 28 de diciembre, el mismo día en que circulaba la edición del diario con la nota sobre México: nada menos que media hora para él solo, sin que hubiera ningún otro periodista ni ningún funcionario de prensa. El saldo fue mediocre: al día siguiente el The Washington Post encontró nada menos que veinticuatro falsedades o dudas en las declaraciones presidenciales, sin que el entrevistador osara interrumpirlo para señalar esas inconsistencias. La justificación del reportero, escritas como notas abiertas a los lectores en el propio NYT, estableció el criterio de que buscaba la fluidez de las respuestas presidenciales. Al final, la entrevista del NYT quedo para los anales de una… anti-entrevista o lo que no se debe hacer al entrevistar a un presidente, aunque quedó también el sospechosismo de algún arreglo secreto entre el periodista y el amigo de Trump que promovió el encuentro casual-nada casual entre el presidente y el periodista,
Así que el The New York Times podría seguir criticando a los demás, pero sin que hasta la fecha haya habido un verdadero acto de reconocimiento de yerros propios que le quitan, cuando menos, ese aire de superioridad del periodismo del primer mundo. Es fácil en el periodismo encontrar la paja en el ojo ajeno, sin sentir la viga en el propio. Los medios mexicanos y muchos de sus columnistas, articulistas y reporteros son los primeros en reconocer que el periodismo mexicano dista mucho de ser lo que debe ser en una democracia, pero con las certezas de que la transición de México de la dictadura blanda priísta a la democracia electoral no hubiera sido posible sin el papel activo en la crítica de los medios de comunicación en su crítica al autoritarismo presidencial y al agobio dominante del PRI.

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