Aunque hagan olas por Ernesto Reyes

Una decisión del Senado que extiende del 2022 al 2024 el mandato ejecutivo del presidente de la Corte, Arturo Saldívar, el único en quien López Obrador confía para que encabece una reforma de gran calado al poder judicial, mantiene con amargo sabor de boca a la oposición “moralmente derrotada”. Su reacción, encolerizada, sube y baja las olas mediáticas, cargándole la responsabilidad al presidente, pero olvidando que además de Morena otros legisladores del tricolor aprobaron el artículo transitorio, presentado por el Verde. 

Una reforma que tocaría los fuertes intereses y privilegios de quienes integran el oneroso como ineficaz sistema judicial, el mismo que otorga justicia y gracia al poderoso que puede comprarla, en tanto al pobre: justicia a secas.

Como la reforma en ciernes impactaría en el Consejo de la Judicatura Federal, que vigila y sanciona a jueces de 850 juzgados y tribunales, imagínense el riesgo que representa para quienes trafican y hacen negocio con la justicia. Es un poder donde se han conocido abundantes casos de corrupción, que casi nunca se ha tocado.

Convencidos de que tal decisión es inconstitucional y ronda el absurdo jurídico, ahora gritan que se trata, ni más ni menos, de un asalto al estado de Derecho, un “golpe de estado”, aduciendo, hasta las lágrimas, que ahora el mandatario concentra en su mano, como nunca, los tres poderes de la República, por lo que es urgente construirle contrapesos a dicha “dictadura”.

Habrá quienes se traguen estos dichos, por la amplia resonancia que le otorgan medios de comunicación conservadores que, en su alocado esfuerzo por acabar pronto con la época de transformaciones, no dudan en orquestar campañas de desinformación que, paralelo a la campaña electoral, desbanque al partido mayoritario del Congreso federal porque es ahí donde se votan las reformas fundamentales.

Vaya hasta le pegaron con todo, al senador Bolaños que introdujo el artículo transitorio en el Senado, acusándolo de no haber aprendido nada sobre independencia judicial en la escuela. El presidente, de su lado, les recordó que durante muchos años el poder judicial era como el castillo de la pureza (porque) nunca se castigaba a los jueces: ”Se castigaba a algunos legisladores y funcionarios del poder ejecutivo, pero del poder judicial, nada; eran intocables, porque no cumplía con sus funciones la Judicatura”, les dijo al expresar que si dicha extensión es para que a Saldívar le alcance el tiempo para implementar la reforma, está de acuerdo con el cambio. De acuerdo con el proceso legislativo, todavía lo debe sancionar la cámara revisora, es decir la de diputados.

Sin embargo, la realidad castiga a quienes se oponen a los cambios que se están produciendo en varios órdenes.

Aunque es probable que el 6 de junio la oposición recupere algunas curules, no habrán de ser tantas como para poner en riesgo a la mayoría parlamentaria en San Lázaro. Esta previsión se apoya en una encuesta del periódico Reforma. Según dicha medición, la intención del voto a favor de los guindas ronda por el 45 %. Mientras, colorados y azules pelean el segundo y tercer lugar con 18 y 17 por ciento, respectivamente. Aunque uno de cada cuatro encuestados se guardó en declarar preferencia, donde se esconde el voto oculto, los partidos pequeños tendrían poco impacto: desde el 4 por ciento, a partir de los amarillos, descendiendo hasta el uno.

Han contestado, que el 49 por ciento considera como mejor decisión que la actual mayoría siga controlando la Cámara de Diputados, a fin de continuar apoyando las políticas del presidente. Bajo estos augurios, en la pregunta sobre aprobación o desaprobación del trabajo del mandatario, éste alcanza el 63 por ciento, con solo un 33 % de desaprobación.

Así las cosas, si la oposición no recupera credibilidad y sigue confiando en el voto duro la debacle será tal, que después de su matrimonio por conveniencia, las ganas se les quitarán de volverse a coaligar, debido a la pérdida de identidad partidista, ideológica y hasta de fieles seguidores.

Y seguirán llorando el infortunio de haber abandonado causas edificantes y de justicia que cada formación política tiene, por seguir ofreciendo los mismos rostros: ajados, ambiciosos y corruptos, a una ciudadanía que hace tiempo alcanzó la mayoría de edad, liberándose de sus viejos carceleros. Aunque ahora, animados por los poderes mediáticos, sigan haciendo olas.

ERNESTO REYES es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana y además de realizar labores de comunicación social se dedica a la docencia, combinando las tres disciplinas en su quehacer profesional. Tiene 42 años de ejercicio periodístico. @ernestoreyes14

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