Armando Reyes Vigueras: Las campañas sucias

Armando Reyes Vigueras

La novedad, en este proceso adelantado rumbo al 2018, es que las campañas sucias ya comienzan a presentarse. Gracias a la tecnología se difunden en redes sociales, incluso vía correo electrónico. El objetivo es claro: desacreditar a los aspirantes a convertirse en candidatos presidenciales mediante mensajes que presentan información negativa de los prospectos a participar en las elecciones del año entrante. Les presentamos en esta ocasión algunos ejemplos.
Miente que algo queda
Los instrumentos de comunicación que hoy en día tenemos disponibles, nos permiten lo mismo comunicarnos con nuestros seres queridos o facilitar temas laborales, a la vez que son parte de nuestro entretenimiento. Pero también son parte de redes que buscan difundir mensajes lo mismo para apoyar a candidatos afines que para denostar a los contrarios.
Whastapp, por ejemplo, es muy utilizada en nuestro país gracias a la proliferación de teléfonos celulares, los cuales llegan a sumar más de 109 millones de líneas de acuerdo a datos de The Competitive Intelligence Unit. En este universo, existen 82 millones de teléfonos inteligentes mismos que permiten no sólo comunicación personal, sino el acceso a redes sociales.
Esta red, junto a Facebook, Twitter y YouTube –sin olvidar el correo electrónico– son las más usadas en México; si consideramos que el padrón electoral es de 87.4 millones de ciudadanos, podremos imaginar el potencial que para la comunicación política representan estas redes.
Es por lo anterior que están proliferando los usuarios que envían mensajes a través de estas redes con fines políticos. Un ejemplo de esto lo hemos apreciado en coyunturas como las del pasado 2016, en las cuales Whatsapp se utilizó para difundir textos que alertaban de actos vandálicos con motivo del llamado “gasolinazo”.
En varias de las elecciones que han tenido lugar en el país en los dos últimos años, también han sido utilizadas las redes sociales para alertar de posibles amenazas en las casillas de votación, como una estrategia para desmotivar a los electores de asistir a las urnas.
De igual manera, en Facebook o Twitter, especialmente en esta última, han surgido perfiles que se dedican a resaltar lo positivo de sus candidatos, a la vez que critican a los adversarios. Si bien se trata de activistas que defienden una causa, el problema surge cuando comienzan a atacar e insultar a otras personas que muestran su desacuerdo con lo que difunden a través de estos espacios.
Es de hacer notar la insistencia y la constancia con que estos perfiles realizan su trabajo, pues constantemente difunden información que favorece su causa o se dedican a enviar mensajes en los que se da a conocer algo negativo de sus adversarios.
La proliferación de este tipo de usuarios, es indicativo de la forma en que se hacen las campañas en la actualidad, en la que adelantarse a la fecha de inicio de campaña es la norma.
Pero también empiezan a surgir perfiles que difunden historias a través de correo electrónico. Amparados en una identidad que puede ser falsa, disfrazados lo mismo de periodistas que de personas interesadas en la política, comparten artículos –en algunas ocasiones retomados de medios de información, en otras redactados por ellos mismos o por alguna otra pluma–, que se dedican a atacar a quien ellos consideran no merecedor al voto ciudadano en 2018.
Aquí conviene hacer dos precisiones. La primera tiene que ver con la cantidad de información que reciben los ciudadanos de temas políticos. Algunas investigaciones que trataban de explicar el proceso que sigue el votante para decidir su sufragio, indicaban que un factor fundamental eran las noticias que recibía, en especial de su círculo cercano –es decir, amigos, familiares, compañeros de trabajo, vecinos–, lo cual era reforzado por los medios de comunicación tradicionales. En la actualidad, nuestros círculos sociales se ven sustituidos por las redes sociales, que hacen las veces de influenciadores para los posibles votantes.
Es por esto que ha aumentado el flujo de información de tipo político-electoral a través de estos instrumentos de comunicación.
Y la segunda tiene que ver la credibilidad que le concedemos a usuarios de redes sociales. En muchas ocasiones, llegan a nuestros celulares –considerando que es nuestra principal forma de comunicación e información– mensajes de personas desconocidas –como lo son muchos de los perfiles con los que interactuamos en redes sociales–, pero a los cuales les otorgamos credibilidad, ya sea porque coinciden con nuestros puntos de vista o por su diseño impactante.
Esto, sin duda, está influenciando a los votantes mexicanos, razón por la cual los partidos y los equipos de sus candidatos buscan la manera de participar en este mercado, pues es una forma de atraer votos o de desmotivar los que pudiera recibir el contrario.
La falta de regulación en esta materia es lo que permite que este tipo de actividades haya tenido una alza en los últimos años.
Del tintero
Los objetivos más claros de estas estrategias son López Obrador y Peña Nieto. Por algo será.

@AReyesVigueras

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