Armando Reyes Vigueras : La percepción de culpabilidad

Viene siendo común que en tanto en el terreno de la opinión pública se dicta sentencia en contra de un personaje del ámbito político, los aludidos manejen un discurso en el que tratan de defender su inocencia. Son muchos los ejemplos que se pueden utilizar para ilustrar este punto, quizá el más reciente tenga que ver con lo sucedido en el INE y el tema de los comicios en el Estado de México y Coahuila, en los cuales hay quien argumenta que la autoridad electoral actuó de manera correcta, aunque otros pidan la renuncia inmediata de los consejeros electorales.
Las dos caras de la moneda
Si bien el juzgado de la opinión pública dicta sentencias al por mayor, centrándose gran parte de las ocasiones en personajes de la vida política, en muchas ocasiones queda la duda acerca de si en realidad se está haciendo un juicio sumario sin dar oportunidad de defensa a los señalados, aunque al ver cómo se comportan varios de los acusados no se puede tener duda de que algo mal han hecho.
Pero al revisar con cuidado algunos de los casos que han sido tratados en los espacios de opinión de medios tradicionales, digitales y en redes sociales, se pueden encontrar condenas severas que no retratan fielmente lo sucedido, por lo que los enjuiciados sólo disponen de pocos espacios para tratar de dar a conocer su versión.
En esta ocasión, el objetivo no es defender a personajes que se encuentran sujetos a un proceso legal, sino en revisar las dos caras de una misma moneda al tratarse de asuntos públicos que han sido abordador por la opinión pública.
En el caso de los consejeros electorales del INE, si bien ya se ha llegado a la exigencia por su renuncia de parte de personajes como Cuauhtémoc Cárdenas y Emilio Álvarez Icaza, algunas voces tímidamente aseguran que en los casos de la fiscalización de las elecciones en el Estado de México y Coahuila se actuó de acuerdo con los lineamientos.
El problema es percepción, entre quienes ven una irregularidad y quienes conocen el marco legal y las posibilidades de actuación que éste permite.
En una entrevista que le hicimos a Javier Dondé, investigador del Inacipe, a propósito de las extradiciones que se han colocado en la agenda de medios, el académico comentaba que veía una gran impaciencia en los medios de comunicación para que se trajera al país a exgobernadores como Javier Duarte o Roberto Borge, se les juzgara inmediatamente y en un par de días fueran llevados a una cárcel.
Desgraciadamente, argumentó Dondé, esto no puede ser así pues el debido proceso marca plazos y derechos que tienen que ser observados en todo juicio.
Luego tenemos, asociado a este particular, las ocasiones en las que un político señalado es absuelto por un juzgado. De inmediato, la opinión pública salta y señala que debió haber un arreglo debajo de la mesa para liberar al personaje en cuestión, sin conocer si realmente se estaba hablando de un delito verdadero o si tiene sustento la sospecha.
Con esto no queremos decir que nuestro sistema político esté lleno de personas pulcras, honestas y que nunca han cometido alguna irregularidad, sino de que en la plaza pública basta una simple percepción para que la condena se publique y se repita hasta el cansancio, aunque no se tenga certeza de que es justa.
La gran cantidad de señalamientos que se hacen cada día, en especial en las redes sociales, es de llamar la atención, pues en muchas ocasiones sin más elementos que la sospecha o la simple percepción, se llega a conclusiones que piden –o exigen– un castigo de inmediato. Para muchos, esto es una exageración en tanto que para otros es lo menos que se puede hacer.
En su defensa, algunos integrantes de la clase política han recurrido a frases como aquella que dice que no se va a satisfacer la sed de sangre de la opinión pública o que no se actúa para el público sino para el país.
Se trata de mecanismos de defensa ante una ciudadanía que, al tener herramientas para hacerse oír, busca participar en el debate público. El problema es que no por tener una tribuna se tiene la razón, aspecto que muchos no consideran al expresar sus opiniones acerca de tantos temas que se presentan en el espacio mediático.
Convendría que antes de emitir una opinión, nos informáramos para emitir una opinión más acabada, con el fin de no sumarnos a lo que ya varios han denominado la legión de idiotas, término que molesta a muchos, pero que refleja una realidad a la que nos tenemos que enfrentar quienes deseamos informarnos diariamente.
Del tintero
Y hablando de percepción, quienes no atinan a comprender este fenómeno son los miembros de la presidencia y del gabinete, en especial luego de tragedias como el Paso Express. Pero no son los únicos, pues en el periodismo tenemos a algunos autollamados columnistas que lo mismo defienden a Donald Trump que a Nicolás Maduro.

@AReyesVigueras

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