Armando Reyes Vigueras: La decisión del voto

El acto de votar encierra una serie de factores que determinan por quién marcar la boleta electoral. En esta decisión influyen muchos factores, desde las encuestas, las pláticas con amigos o familiares, los mensajes que recibimos en los medios de comunicación y redes sociales, hasta la simpatía o antipatía que una simple imagen nos despierta. Con todos estos elementos a considerar, cuesta trabajo pensar que aún hay personas que llegan a la casilla sin saber por qué candidato sufragar.
De tin marín…
La decisión que implica votar es una acción muy compleja. En cada persona la motivación es distinta, pues hay quienes toda la vida ha apoyado a un mismo partido, en tanto que otras personas lo hacen por un candidato sin importar a que fuerza política pertenezca.
Existen electores que se decidieron por una sola propuesta y otros, más sofisticados, que han revisado discursos y plataformas electorales. En contraste, tenemos a ciudadanos que se fijan en el físico del o de la abanderada, su lugar de origen o si comparten algo en común. Hacer un listado de las razones por las que alguien inclina su preferencia por un candidato ocuparía un espacio del cual no disponemos.
Incluso, la literatura en la materia, tanto en psicología como en ciencia política, es profusa acerca de las distintas teorías que tratan de explicar por qué razón un ciudadano puede llegar a votar por una determinada opción.
En nuestro país, las elecciones que hemos tenido en la última década nos han mostrado que contamos con un electorado que puede llegar a sorprender en cada comicio.
No sólo hablamos de la manera en que el PRI, tomando en cuenta los niveles de rechazo que provoca, continúe ganando elecciones –sin incluir el tema del fraude electoral, algo que se necesita probar, pero que para algunos analistas explicaría un porcentaje reducido de los votos que recibe dicho partido–, pues nos encontramos con ciudadanos que abiertamente lo apoyan.
En teoría, existen estrategas electorales que conocen algunos de los resortes que se deben accionar para que un candidato reciba el apoyo de los votantes, por lo que han surgido expresiones propagandísticas que pueden cambiar la decisión en el marco de una campaña electoral. Las llamadas campañas negativas o sucias, son un buen ejemplo de esto, incluso las comparaciones que se hacen entre algunos de los actuales aspirantes y dictadores hoy en día.
A esto se suma las propias actividades de los aspirantes, precandidatos o de candidatos, quienes realizan visitas a lugares como pueden ser mercados públicos, guarderías o parques, esperando que estos esfuerzos contribuyan a que algunas personas terminen decidiendo su voto en favor de ellos, algo que puede ser cuestionable desde el punto de vista que no se ha medido que tanto influyen este tipo de actos en los ciudadanos.
Y para hacer más complejo este panorama, tenemos a los que quieren ser candidatos y empiezan a realizar una serie de actividades de promoción esperando contar con el apoyo de una parte del electorado, sin importar si su trabajo –porque por lo regular se trata de funcionarios públicos nombrados o gobernantes electos–, es bien evaluado por la sociedad.
Un buen ejemplo de esto es Miguel Ángel Mancera, a quien en la Ciudad de México muchos han cuestionado por sus resultados como jefe de gobierno. Es difícil encontrar a alguien que hable positivamente de él, ni se diga entre analistas o columnistas, incluso en las encuestas cuenta con menos de un 10% de la preferencia electoral, pero eso no es impedimento para que continúe promoviéndose por todo el país esperando que su carácter de no militante de un partido político le ayude en su empresa.
Margarita Zavala es otro ejemplo de cómo se espera que algunas cualidades personales sustituyan toda una trayectoria que avale la intención de competir en una elección federal. Ella no cuenta con un amplio currículo que demuestre experiencia de gobierno, mucho menos algunas participaciones en campañas electorales, con un activismo de su esposo que muchos han cuestionado y sin una oferta programática clara, se mantiene en los primeros lugares de las encuestas pese a lo comentado en este párrafo.
Hay quien ha intentado explicar esto a partir de la cuestión de género, pero para otros analistas es difícil comprender como un ciudadano pueda pensar en votar por un aspirante que no ha demostrado capacidad de gobierno o una serie de propuestas que ayuden a tomar una decisión como la que tendrán que tomar los mexicanos en 2018.
Aunque lo más probable es que seguiremos con este misterio el poco menos de un año que falta para acudir a las urnas.
Del tintero
Faltaría agregar a los fanáticos, esos que sólo se dedican a ensalzar a su candidato sin importar los pecados que haya cometido, mismos que se enfurecen cuando alguien lo critica. Ya saben de quienes estamos hablando.

@AReyesVigueras

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