Armando Reyes Vigueras: Guerra sucia

Muchos dirigentes partidistas alegan que hay una guerra sucia en su contra. El ejemplo más reciente es el de Ricardo Anaya, presidente nacional del PAN, quien acusa que lo intentaron chantajearlo para que cediera en el tema del nombramiento del nuevo Fiscal General de la Nación. El problema es que se trata de una argumento que se ha desgastado de tanto usarlo y en el que ya muy pocos creen.
Calumnia que algo queda
La “guerra sucia” es un tema al que muchos aluden con distintos fines. Candidatos, legisladores y dirigentes partidistas la señalan cuando reciben señalamientos por alguna irregularidad, para explicar una derrota electoral o cuando alguna filtración los pone en el banquillo de los acusados.
Lo mismo priístas, panistas, perredistas o morenistas –y en menor medida de otros institutos políticos– la señalan cuando las cosas no les pintan bien, pero en pocas ocasiones mencionan el contexto o reconocen sus errores. Parece que todos consultaron el mismo manual para hablar de esto en cuanto la situación se pone complicada para ellos.
El problema es que es un argumento que cada vez tiene menor peso en la opinión pública y que ya no es atendido ni por sus propios militantes.
Lo sucedido con Ricardo Anaya ejemplifica muy bien hasta donde puede llegar este tipo de defensas. Al interior del PAN, pocos son los que mantienen una buena opinión del queretano, pues sus críticos internos son bastantes; a esto hay que sumar su enfrentamiento con el sector calderonista, mismo que impulsa las aspiraciones de Margarita Zavala para que se convierta en candidata presidencial.
Asimismo, debemos tomar en cuenta que no es la primera vez que se difunde información que pone en entredicho la honestidad del dirigente panista. Cuando era secretario general del blanquiazul, en la presidencia de Gustavo Madero, se difundió una grabación en la que conversaba con Miguel Ángel Yunes acerca de miles de documentos. El medio que la dio a conocer, SDP Noticias, señaló que “documentos” era una forma de referirse al dinero, pero sin aportar pruebas de esto. No obstante, Anaya quedó marcado pese a que se defendió diciendo que se trataba de papeles para la consulta sobre el salario mínimo que en esos momentos promovía su partido.
Pero luego vino la filtración sobre sus vuelos a Atlanta, ciudad estadounidense en donde radicaba su familia, con el consiguiente cálculo acerca del costo de los boletos de avión y la consideración acerca de si su sueldo como presidente del PAN servía para costear dichos traslados –cabe recordar que Anaya promovió un recorte a la mitad de su salario, el cual quedo en alrededor de 50 mil pesos–.
Ahora, El Universal da a conocer que el dirigente azul cuenta con propiedades de más de 300 millones de pesos, tratando de encontrar las razones para una bonanza del queretano, además de las relaciones con familiares políticos que se cruzan en la sospecha del origen de los recursos.
Como respuesta, Anaya y sus afines aluden a una guerra sucia que proviene del PRI y del gobierno federal ante su negativa para aprobar el nombramiento del actual titular de la PGR, Raúl Cervantes, como nuevo Fiscal General de la Nación.
Al igual que otros líderes partidistas, como López Obrador, Anaya Cortés piensa que con victimizarse se ahorra la molestia de dar explicaciones sobre sus bienes.
Pero no es el único político que al verse envuelto en este tipo de acusaciones, busca una puerta de escape en la guerra sucia. Si se revisan las últimas filtraciones –ya sea llamadas telefónicas grabadas ilegalmente o videos que se capturan con cámaras escondidas–, en las que aparecen funcionarios de gobierno, legisladores o dirigentes de partido, la constante es que su primera reacción es denunciar una guerra sucia en su contra, tratar de ponerse el traje de víctima y, poco más tarde, callar para que el olvido les ayude a salir adelante.
Si hacemos la relación de quienes se han visto inmiscuidos en la descripción del párrafo anterior, nos daremos cuenta que falta espacio en esta publicación para enlistarlos.
No dudamos que haya una guerra sucia en la política mexicana, en especial si hay alguna elección en el horizonte, pero que todos se digan víctimas de una ya suena a cinismo.
Del tintero
Por cierto, con el tema de la guerra sucia en su contra, Anaya logró “patear el bote pa´delante” en el tema de la definición del método para elegir al candidato presidencial del PAN, gran coincidencia.

@AReyesVigueras

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