Afrodescendientes, por el respeto a su identidad

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El poema de la peruana Victoria Santa Cruz “Me gritaron negra”, establece el problema para algunas personas de asumirse como afrodescendiente:

“Tenía siete años apenas, ¡Qué siete años! ¡No llegaba a cinco siquiera! De pronto unas voces en la calle me gritaron ¡Negra!

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

“¿Soy acaso negra?”- me dije ¡SÍ! “¿Qué cosa es ser negra?”

¡Negra! Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía.

¡Negra! Y me sentí negra, ¡Negra! Como ellos decían ¡Negra! Y retrocedí…

A diferencia de este sentimiento, mujeres de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca trabajan con orgullo por el reconocimiento de su identidad y sus derechos.

En entrevista telefónica, Usy Magali López Gómez, líder afromexicana, fundadora de la Red de Mujeres de la Costa Chica, ubicada en Pinotepa Nacional, indicó que de una población de alrededor de 30 mil habitantes en la localidad, casi 20 mil son de origen africano.

Refirió que su asociación se constituyó legalmente hace tres años y actualmente tiene 38 socias en 11 municipios, cada una de ellas con un grupo de base, por lo que suman alrededor de 500 mujeres afromexicanas.

Además de Pinotepa, la asociación se encuentra en Santiago Tapextla, Santo Domingo Armenta, San Juan Cacahuatepec, San José Estancia Grande, Santa María Cortijo, San Miguel Tlacamama, San Pedro Jicayán, San Juan Colorado y Villa Tuxtepec.

Señaló que es una organización civil incluyente de afromexicanas, mestizas e indígenas de la región Mixteca, que conservan sus reglas, costumbres y raíces ancestrales.

Manifestó que desde hace 20 años hay movilizaciones en la región para sensibilizar a los habitantes sobre su identidad y fueron invitadas a participar en algunos eventos, con talleres para la sensibilización social de los jóvenes.

La presencia afromexicana en el país, representa el 1.2% de la población total del país y hay 1.4 millones de personas afrodescendientes de las cuales 705 mil son Mujeres, de acuerdo con la encuesta Intercensal de Inegi, elaborada en 2015.

Usy indicó que las mujeres afromexicanas han sido invisibles históricamente y han vivido racismo y discriminación por su fenotipo (características físicas).

Estableció que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) no ha elaborado un conteo de la población afromexicana en la región de la Costa Chica, que se localiza en Oaxaca y Guerrero, aunque indicó que Pinotepa tiene 35 agencias de las cuales al menos 20 son de población afromexicana y las demás de mestizos.

La dirigente de la asociación, de 33 años y madre soltera de un bebé de un año y cinco meses, expuso que los “afros siempre hemos convivido con los indígenas y cada grupo se identifica por el fenotipo o características”.

Manifestó que los “afros” están definidos por el color de su piel, altura, forma de labios, cabello y cadencia al expresarse, en tanto los indígenas tiene cabello lacio, piel de bronce, son lampiños y reservados.

Usy Magaly destacó que “una de las razones principales del movimiento de negras o afromexicanas es que no han sido beneficiadas con algún apoyo, pues los programas son sólo para los grupos indígenas”.

Expresó que su trabajo en la comunidad es para identificar las necesidades y prioridades de los grupos base de mujeres y organizar actividades para empoderar a la mujer afromexicana.

López Gómez organiza ciclos de conferencias y capacitación sobre la identidad afromexicana, asesorada por el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir y apoyada por la Fundación Semillas.

Asimismo, lleva a cabo asesorías en gastronomía y manejo empresarial para que las mujeres de las poblaciones pertenecientes a su organización participen en una feria regional anual, donde obtienen recursos, además de tratarse de un evento cultural que cuenta con vigilancia y medidas de seguridad.

Indicó que después de tres años hay algún apoyo de fundaciones para la gestión de recursos y se dedican a “sensibilizar y a dar a conocer los derechos humanos, a través de los talleres de capacitación para grupos base, con hombres y mujeres jóvenes”.

Destacó que aunque no hay una lengua propia de los afromexicanos, “conservamos las características físicas, además somos alegres, hay un orgullo por ser afros con carácter, entre una población que va creciendo y nos mezclamos con los indígenas, compartimos en paz la región”.

La entrevistada resaltó que son conscientes de que “ser negro no es algo malo, no está en el color de piel sino en los ojos que nos miran con ese prejuicio que lleva a la discriminación, estamos estereotipados con la imagen de que el negro es malo, feo y flojo y a través de los talleres damos a conocer el racismo, la discriminación, la violencia y la inequidad de género”.

Consideró que, como organización civil, tienen “un deber con la sociedad oaxaqueña”, pues es el estado con más asociaciones que luchan por la transversalización de los derechos, por lo que “tenemos ideas y ganas, pero falta el apoyo”.

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Por su parte, Fidelia Javier del Carmen, integrante de la Red de Mujeres de la Costa Chica, en Marquelia, Guerrero, indicó que en ese municipio hay discriminación hacia la mujer negra, que se observa en la falta de oportunidades para acceder a servicios públicos, educación, salud y recursos para proyectos productivos.

Expuso que su asociación tiene contactos con organizaciones de mujeres indígenas, ambas discriminadas en Ometepec. La lengua más utilizada en esta zona es el idioma amuzgo mixteco y no hay vestigios de la lengua nativa africana, manifestó.

Su organización se unió hace dos años a la red, con otras mujeres de la Costa Chica de Guerrero, y actualmente hay 200 afromexicanas organizadas en varios poblados de la zona, con 26 dirigentes para los distintos municipios.

Señaló que cuentan con una sociedad cooperativa comunitaria en la que cada integrante lleva a cabo una actividad diferente; por ejemplo, ella tiene un espacio en una estación de radio de Marquelia, en donde da a conocer la identidad de los afromexicanos y atiende la violencia contra la mujer, el cuidado de la naturaleza y de los animales.

Indicó que también realiza un trabajo con niños y adolescentes, para reafirmar sus valores y rescatar el orgullo por ser afrodescendientes.

Javier del Carmen afirmó que los primeros habitantes negros esclavos que llegaron a la Nueva España entraron principalmente por las costas de Veracruz (Golfo de México) y Acapulco (Pacífico) y jugaron un papel estratégico en la conquista española.

Indicó que “el afromexicano de la Costa Chica también llamado costeño, tiene cualidades que lo caracterizan como integrante de un grupo identificado consigo mismo”.

“Mi piel no es negra, soy morena, pero me asumo negra porque el contorno en que me desenvuelvo es ese, inicié a buscar mi identidad desde muy joven, la gente negra me encanta, me fascinan sus ojos enormes, el cabello rizado y su sonrisa, esa es mi gente”, dijo.

Fidelia quiere que los afromexicanos “sean conscientes de que tienen derechos que se les han negado, para empoderarlos y defiendan sus garantías, que nadie los manipule”.

Señaló que, además, tienen apoyo para proyectos productivos de las mujeres, como cursos de bordado y frutas en conserva, para incrementar los ingresos de las familias afromexicanas, así como capacitación para labores del campo, con técnicos para preparar la tierra y créditos para sembrar maíz, chile, jitomate y jamaica.

La voz de la mujer afrodescendiente en esta zona debe oírse para reconocer sus derechos, de manera constitucional, consideró la entrevistada.

Con una feria regional al año en esta localidad, las mujeres afromexicanas de la Costa Chica de Oaxaca se unen para llevar más recursos a sus hogares, trabajar sobre su identidad y exigir sus derechos ante las autoridades estatales. NOTIMEX
Con una feria regional al año en esta localidad, las mujeres afromexicanas de la Costa Chica de Oaxaca se unen para llevar más recursos a sus hogares, trabajar sobre su identidad y exigir sus derechos ante las autoridades estatales.
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Con una feria regional al año en esta localidad, las mujeres afromexicanas de la Costa Chica de Oaxaca se unen para llevar más recursos a sus hogares, trabajar sobre su identidad y exigir sus derechos ante las autoridades estatales.

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