Acuerdos y proyectos

En distintas ocasiones nos hemos preguntado —espero que también lo haga como lector— la razón por la que no se puede poner de acuerdo la clase política para organizar un proyecto que beneficie al país. Llámese de nación o para el desarrollo, el caso es que cada partido —e incluso dentro de éstos cada militante— jalan para su respectivo lado, en tanto que los problemas se acumulan.

Desacuerdos

No es fácil que nuestra clase política se ponga de acuerdo. Lo hemos visto en demasiadas ocasiones. Ejemplos sobran de esto. En el marco del pasado proceso electoral de Estados Unidos, unos militantes mostraban su apoyo a Hillary Clinton, otros —con cargos legislativos— declaraban al actual presidente electo persona non grata, y en tanto los priístas dudaban en apoyar a Peña Nieto por haberlo invitado a Los Pinos.

Pero el tema es que luego del resultado de la votación, esta misma clase política que tanto se lució con prendas de apoyo o declaraciones, no atina a ponerse de acuerdo acerca de qué estrategia se debe establecer para evitar que lo que haga el presidente Trump, a partir del próximo 20 de enero, nos afecte ya sea por la deportación de migrantes o por la renegociación del TLC.

Si usted conocer alguna medida en la que se hayan puesto de acuerdo, avísenos, sería interesante publicarla.

Otro tema que ejemplifica muy bien esta manera de comportarse, pese a la cantidad de problemas acumulados, es la redacción de la Constitución para la Ciudad de México.

Además de contar con un órgano legislativo que en lugar de reflejar la pluralidad de la capital del país, tenemos un conjunto de personas que hacen lo posible por emular una torre de Babel.

A la preocupación por lo dicho por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, de que sería una carta magna de izquierda—como si ya hubiera un acuerdo entre la población y sus autoridades en ese sentido—, dejando de lado otros puntos de vista, se suma cerca de mil iniciativas —de los propios integrantes de la Asamblea y de ciudadanos— que buscan ser incorporadas al texto.

Lo negativo en este caso, es que dichas iniciativas van desde cuestiones importantes —como el reconocimiento a un amplio conjunto de derechos—, como cuestiones como obligar a las agencias de modelos para que no pidan a sus edecanes usar escotes pronunciados o declarar a la delegación Cuauhtémoc como capital de la ciudad cambiando su actual nombre.

Es decir, de inicio la discusión no logró el consenso para ponerse de acuerdo acerca de lo que debería ser prioritario para la Ciudad de México o qué problemas deberían ser puestos en el nuevo marco legal para empezar a solucionarlos, como es el caso del crecimiento urbano, transporte público o medio ambiente.

Pero no debemos sorprendernos, pues al interior de los partidos ocurre exactamente lo mismo. Es el caso del PAN, en donde su campaña adelantada para elegir al candidato presidencial en 2018 ha llevado a varios desencuentros entre los aspirantes.

Unos acusan a Ricardo Anaya de aprovecharse del cargo, en tanto que otros no están de acuerdo a la manera en que Rafael Moreno Valle utiliza su puesto para promocionarse, y otros más cuestionan de dónde salen los recursos para que Margarita Zavala recorra el país y se difunda su imagen para posicionarse de cara al 2018.

Tampoco, al igual que en otros institutos políticos, se han puesto de acuerdo en qué hacer en el caso de sus militantes acusados de corrupción, más allá de retirarles sus derechos como militantes o expulsarlos —además de acusar campañas de desprestigio—, lo que hace que la ciudadanía retire su confianza en estos organismos.

Como es posible apreciar, la falta de voluntad —o de simples acuerdos— refleja que el interés de los actores políticos se ubica en otro lado, pues si se trata de acordar el reparto para las bolsas que pueden ser susceptibles de verse involucrados en los famosos “moches”, ahí si se logra el consenso necesario.

Pero otro rasgo de esta situación tiene que ver con el resultado futuro de esta falta de acuerdos. Si la ciudadanía continúa apreciando que los partidos y sus militantes no logran acordar para solucionar los principales problemas que tenemos en el horizonte —como es el caso de las decisiones que tomará Trump y los efectos de éstas en nuestro país—, la factura que se presente en las próximas elecciones federales será impagable para el actual sistema político, además de abrir la puerta a una opción diferente… aunque a la larga no sea lo más conveniente.

Del Tintero

El huracán Trump podría ser el menor de nuestros problemas si continúa el manejo de la economía nacional como hasta ahora. Si se teme el arribo al poder de una opción populista, lo que ha

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