Conspiración y coronavirus por Armando Reyes Vigueras

Conspiración y coronavirus, bienvenidos al siglo XXI
Armando Reyes Vigueras

Cuesta trabajo creer que en pleno siglo XXI se mantengan algunas creencias, a pesar de los avances de la ciencia y la tecnología, aspectos que tienen –a pesar de su cotidianeidad– poca importancia para muchas personas. Así, los movimientos de los antivacunas, los terraplanistas y quienes culpan a las antenas 5G de la propagación de virus y enfermedades, se presentan en esta época, incluso teniendo a representantes conspicuos que han llegado al poder, para asombro y temor de muchos que atestiguan inmóviles sus movimientos.
Mundo futuro
Tenemos 2020 años en la era común en occidente, esto es, después de Jesucristo. Los judíos celebrarán la llegada del año 5781 en septiembre próximo, en tanto que para los chinos celebraron el año 4718. Los avances en ciencia y tecnología han cambiado el mundo, tan sólo hay que pensar en cuestiones como que nuestros hijos manejan hoy en día teléfonos inteligentes, cuando a su edad ni nosotros ni nuestros padres tenían acceso a ese tipo de aparatos.
Ni que decir de la manera en que Internet ha modificado nuestros hábitos, poniendo a nuestra disposición una gran cantidad de información y la vía para estar en contacto instantáneamente con personas ubicadas en otros países.
Pero estos avances no se reflejan en lo que las personas guardan en sus baúles de creencias, pues lejos de reflejar una mejor educación, una ciudadanía informada o individuos con amplios conocimientos sobre una multitud de temas, lo que tenemos es grupos que van en sentido contrario al avance histórico.
La pandemia que padecemos en la actualidad ha sacado a la luz algunas de estas cuestiones, reflejando que para todo hay creencias –o gustos, como usted quiera o mande–.
Un ejemplo se puede apreciar en las versiones que han surgido alrededor del origen del Covid-19, que van desde complots extremadamente elaborados para quitar de la competencia por la supremacía mundial a China frente a Estados Unidos, o complots para afectar a la Unión Americana y frenar su desarrollo como superpotencia.
Asimismo, las denuncias periodísticas de que distintos gobiernos esconden o han informado de forma errónea el número de infectados y fallecimientos por el virus, tuvo en el video Plandemic –que no duró mucho en redes sociales, pues fue retirado casi de inmediato– que iba en sentido contrario a la información mencionada, pues denunciaba que para que el negocio de las farmacéuticas aumentará, se pagaba a doctores y hospitales para que inflaran las cifras de enfermos y defunciones.
Y así como tenemos los movimientos antivacunas –que han provocado el regreso de enfermedades que se creían erradicadas–, o de los terraplanistas que buscan demostrar que la Tierra es plana –muriendo recientemente uno de sus integrantes al intentar probarlo–, ahora contamos con quienes culpan a la tecnología 5G de la propagación del popularmente conocido como coronavirus, llegando al extremo de quemar torres de transmisión en Europa.
Y que decir de la “idea” de realizar fiestas para contagiarse, “como en Suecia”, cuando en la más reciente asamblea mundial de la Organización Mundial de la Salud se dio a conocer el listado de países con más fallecidos por el Covid-19, siendo nuestro país el número 12 y Suecia el 15, pero no falta quien celebre este tipo de iniciativas e, incluso, las promueva.
Otra de las facetas de este tema, no por ello menos grave, es la manera en que este tipo de perfiles ha llegado al poder. Se trata de gobernantes que anteponen sus creencias personales a las evidencias científicas, llegando al extremo de descalificar a los especialistas.
Así, Donald Trump, aconsejó inyectarse desinfectantes, para después recular aunque 30 personas resultaron heridas por seguir el consejo del presidente estadounidense, quien desestima la recomendación de usar cubrebocas –aunque hay quien dice que en su caso es tapabocas–, en tanto que Jair Bolsonaro ha señalado que el coronavirus era una “gripita” y que «el que es de derecha toma cloroquina, el que es de izquierda toma Tubaína», caminando por la misma ruta de Trump.
Claro que en México tenemos a un presidente que sacó estampitas para decir que esa era su protección, que no se ha mostrado –como otros titulares de gobierno– con cubrebocas y pedía que la gente saliera ante los primeros llamados a quedarse en casa para evitar contagios.
Sé que muchos dirán que no se debe mezclar a personas que anteponen creencias sin ninguna base con políticos que ganaron el cargo mediante elecciones y gozan de apoyo popular, pero ahí se ubica otro problema, pues una persona que antepone sus propios conceptos a pesar de las evidencias en contrario, a pesar del puesto que ostenta, debe ser medida como se hace con cualquier otra persona; el hecho de que crean que la tierra es plana, el 5G propaga virus o que imágenes religiosas los salvarán de un posible contagio no las hace aptas para desempeñar una función que tienen.
Esto a pesar de los fanáticos que quieran cerrar los ojos a una realidad en la que la ciencia nos ha dado buena parte de las comodidades que gozamos a diario, misma a la que ahora algunos quieren condenar como causante de muchos males.

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