José Luis Cruz Martínez de 66 años de edad, anticipa que en unos años, el oficio de textil en el barrio Xochimilco de la ciudad podrá desaparecer, pero “mientras Dios le dé vida”, él seguirá trabajando en su taller, ubicado en la famosa calle “Del puentecito”.
José Luis aprendió el oficio desde los cinco años de edad, gracias a los conocimientos de su padre Luis Cruz Ramos, a quien ayudaba a puntear manteles y hacer canillas de hilos. A los 13 años ya sabía tejer.
Desde hace 24 años consecutivos, trabaja en su taller compuesto por seis telares, en donde realiza sobre pedido colchas, manteles, cortinas, servilletas y todo lo que pida la gente.
“Yo aprendí bien el oficio, hago cosas que ya no hacen como manteles labrados, con grecas o con monos. El pago es poco y el trabajo laborioso, pero me encanta trabajar en lo que mi padre me enseñó”, relató.
Don José Luis además de ser un gran oaxaqueño, es padre de tres hijos pero ninguno se dedica a este oficio, situación que le entristece, pues se perderá un gran legado que se venía preservando de generación en generación.
Relata que cuando era niño, en el barrio de Xochimilco había como 20 0 30 talleres familiares en los que se trabajaban más de 200 telares; actualmente apenas sobreviven siete talleres familiares, en donde trabajan cerca de 20 telares.
“Ahora solo hay tejedores jóvenes, los adultos han partido poco a poco. Don Emilio de 85 años aún teje y es las más adulto, pues este oficio nunca ha sido negocio”, enfatizó.
El artesano orgullosamente oaxaqueño sabe que el telar es su pasión, por eso “los pocos años que me quedan yo seguiré trabajando, pero cuando muera esto se va olvidar”.
“Mi papa estuvo en su último día de su vida en su taller, sentado en su sillón enfrente de todos sus trabajadores, tenía como 10 telares, el murió de infarto; el último día de su vida estuvo frente a su taller, él quería morir así, y gracias a Dios le dio la oportunidad de que así fuera, a muy pocos da esa oportunidad”, comparte.
José Luis Cruz Martínez relata que para realizar una colcha sencilla se tarda entre tres horas y media, a diferencia de un mantel labrado se tarda un día para realizarlo.

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